8 nov. 2015

XII: Impertinencia

XII: Impertinencia


  ~J~


Los golpes en mi pecho me despertaron por completo.

Kate se aferraba a mí, abriendo y cerrando la boca como pez fuera del agua. Se notaba completamente desesperada, no era capaz de articular palabra; cada vez que intentaba hablar apretaba los párpados y se retorcía.

Puse los ojos como platos y miré su cuerpo inerte, en su cuello aparecían las marcas de una soga. Una de sus víctimas se había suicidado.

La tomé en brazos como un infante y me elevé de inmediato, ella se aferraba a mi cuello aun retorciéndose.

―Ja…Ja…Jack…― moduló con dificultad.

―Shh… Falta poco, Kate…―farfullé intentando mantener la calma…

…pero era inútil, ella se ahogaba en mis brazos. No podía hacer nada, era por mi culpa, debía ir más rápido. Mis aleteos se volvían desesperados.

Esto es mi culpa, esto es mi culpa, esto es mi culpa…

La apreté más a mi pecho, intentando calmarla, resguardarla entre mis brazos. Ambos estábamos bañados en sudor, no podía con la desesperación ¿Qué había ocurrido? No lo sabía. Pero ahora ella estaba muriendo lentamente y no podía hacer nada.

Quizá sólo me tomó unos minutos llegar al cementerio. Pero con Kate agonizando en mis brazos y la desesperación envenenando mi mente, esos instantes me parecieron horas devastadoras.

Una vez que toqué tierra mis rodillas flaquearon. Ella comenzó a toser luego de una gran inspiración, rodó sobre mí y se acercó un poco más a los límites del cementerio, gateando desesperada, en cuanto tocó el césped tosió y jadeó sin parar hasta que su respiración comenzó a normalizarse.

Yo también jadeaba, me senté en el suelo totalmente, apoyando los codos en las rodillas y bajando la cabeza al pecho. Estaba mareado, mi cabeza no dejaba de dar vueltas y   el agotamiento repercutió en mis músculos. Mi corazón amenazaba con salírseme del pecho.

―Jack…―susurró Caithlyn con voz trémula.

Al alzar el rostro vi el suyo devastado. Sus ojos estaban enrojecidos por completo y lágrimas manchaban sus mejillas, a pesar de ser un alma, el dolor era tan marcado que incluso se había reflejado en su piel, su cuello estaba ensombrecido por el collar invisible de la soga y los rasguños que ella misma se había hecho intentando respirar. Incluso  ahora le costaba respirar un poco. Su cuerpo no paraba de temblar mientras estaba de rodillas frente a mí.

Mi boca se movió sola.

―Kate…Kate…lo lamento…no, no sentí…no creas que…

Negó con la cabeza e hizo una mueca de dolor, sus heridas tardaban en sanarse. Me sostuve el puente de la nariz con mi mano. Esto estaba mal, muy mal. Y yo comenzaba a sentirme peor.

―Jack ¿Puedes determinar a qué hora murió, Isabella?

Puse los ojos como platos  y le dirigí la mirada nuevamente. Incluso sabía quién era.   Desvié la mirada.

―Kate…yo…lo siento. Te juro que…

Cerró los ojos interrumpiéndome.

―Jack, sólo necesito la hora. Por favor.

―A las 9 de ayer en la tarde― respondí― 24  horas antes de que lo sintieras.

―Entiendo…―murmuró.

La observé por unos instantes, dudoso, ¿A caso ella había detectado algo? ¿Habría sentido algún tipo de ahogo antes?  Le transmití por la línea del pensamiento mi preocupación (¿mi preocupación?).

― ¿Ah? ― murmuró― No, no es nada…estoy bien, es sólo que pensé…―frunció el ceño― No tuviste nada que ver con el sueño que tuve ¿Cierto? 

Ladeé el rostro ¿Sueño?

―N…no…―comencé a responder.

Suspiró.

―Entiendo, Jack― intentó hacer una sonrisa, pero sus esfuerzos fueron en vano― ¿Tú? ¿Estás bien? ― se   acercó a mí. 

Bajé la mirada un segundo y asentí.

― ¿Seguro? ― murmuró y acercó una mano a mi frente…

…Al sentir el roce de sus dedos en mi piel ambos dimos un escalofrío. Ella bajó la mano de inmediato, yo me mantuve con los ojos como platos, extrañado.

―Lo lamento…fue un reflejo― susurró y bajó la mirada. ―Vamos, debemos acercarnos a la tumba al menos… Luego iniciaremos la jornada de esta noche.

Asentí  con seriedad. Me levanté y la ayudé con dificultad a sostenerse en pie. En todo el rato, ninguno de los dos había dejado de temblar. Una vez de  pie ambos caminamos sin musitar palabra alguna, completamente distantes. Incluso yo observaba su espalda a un palmo de distancia, no podía dejar de hacerlo. Quería asegurarme de  que estaba bien, por completo. No podríamos seguir la jornada nocturna si ella flaqueaba por alguna  secuela.

Cuando se detuvo.

En los límites de aquél cementerio, demasiado cerca, a decir verdad, había un pequeño parque para niños. Las voces de una familia reunida hacían eco en el silencio de la noche, no era muy tarde, por lo que no era extraño escuchar ese tipo de voces quebrando la paz nocturna.

Lo extraño fue que los hombros de mi contratista comenzaron a vibrar en tanto una pequeña comenzó a cantar mientras su madre aplaudía y felicitaba con alegría. Fruncí el ceño, quizás Caithlyn había visto, o sentido, otra cosa. Miré hacia los lados, pero no noté nada extraño.

En cuanto le dirigí la mirada nuevamente había desaparecido.

Comencé a correr en la oscuridad, hasta que por fin logré alcanzarla y la sujeté por el brazo.

― ¡Eh! ¿Qué pasa, Contratista? ―exhalé.

―Nada…Nada…―dijo con voz ahogada, apoyando una mano en mi pecho y la otra en su frente. Cerró la tela de mi camisa en un puño mientras temblaba con violencia. ―Estoy bien…estoy bien…

La sujeté por el codo en cuanto hizo ademanes de separarse de mí.

Verla tan frágil me hacía sentir un extraño dolor en el pecho. Su miedo era como refuerzo para mi extenuado cuerpo, pero su sufrimiento amenazaba con partirme en dos ¿Qué me estaba pasando?

La acerqué un poco más a mí, ella no intentó zafarse, estaba demasiado aterrada como para hacerlo, coloqué mi otra mano sobre su hombro y recorrí su cuello despacio. Los rasguños aún no sanaban, las ranuras emitían un líquido  brillante, casi parecido al nácar o la nieve, apreté suavemente y el líquido brotó con levedad, emitía un olor fantástico, un olor rehabilitador, el olor de la Vitalidad de su alma humana.

Mi mente se cegó por completo, solté su codo para apoyar mi mano en su mejilla. Y acerqué mi rostro al de ella, su expresión era soñolienta y aletargada, miraba mis labios con el ceño fruncido, mientras que yo  era incapaz de apartar la mirada de su cuello. Dejó caer su cabeza mi mano, yo me incliné un poco más, aspirando el olor de su cuello sangrante…


~K~

La respiración de Jack cada vez era más cercana. Lo sentía y mi cuerpo vibraba ante su contacto, sus manos en mi cuerpo me hacían sentir una calidez inverosímil.

Todo está bien…todo está bien…Jack no me hará nada malo, Jack no me haría daño…

Drogada por su presencia, mis pensamientos se volvían burdos y repetitivos. Su respiración en mi cuello hacía que mi corazón estallara, su rostro tan cercano, ese olor dulce que su piel despedía, poco a poco, su aliento me rozaba y erizaba la piel…

Su aliento…

Su boca…

¿En mi cuello?

  ~J~


El fuerte golpe en la cara casi me hace caer al suelo.

El dolor se acrecentó de una manera realmente horrible, mi cabeza comenzó a emitir un pitido aturdidor que me hizo molestar inevitablemente.

― ¡Maldita, loca! ― rugí― ¡Y luego preguntas por qué dudo de ti! ¡DEMONIOS!

― ¡Jack! ―  gritó a su vez como si hubiese despertado de un sueño― ¡Lo lamento! ¡Fue un reflejo!

― ¡¿ES QUE SIEMPRE TIENE QUE SER UN REFLEJO, CAITHLYN?! ¡DEMONIOS! ¡DEMONIOS! ¡LA CABEZA ME VA A ESTALLAR!

― ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Yo…! Espera… ¡¿POR QUÉ MIERDAS ME ESTOY DISCULPANDO CONTIGO?! ¡DEMONIO IMBÉCIL! ¡¿QUÉ INTENTABAS HACER?!

― ¡¿Cómo que que…?¡

Me congelé. ¿Qué demonios estaba haciendo hace un momento?

―No…no lo sé, Kate― confesé― No…no se…

Alzó una ceja.

 ― ¿Eh? ―suspiró frunciendo el ceño y negando con la cabeza― ¿Sabes qué? Olvídalo. ―Se colocó las manos en la cabeza y las bajó rápidamente con las palmas abiertas. Frustrada― No sé qué acaba de pasar, ni me interesa. Sólo vamos a ver a la muerta y luego a casa.

―Pe…

―No― abrió los ojos y me señaló con la palma de lado. Su tono de frustración llegaba a niveles neuróticos― No me discutas. Después de aquí nos vamos a casa. Yo me estoy volviendo loca. Tú estás perdiendo los cabales.  Ninguno de los dos estamos bien y debes aceptarlo.  

Abrí la boca. Pero no encontré argumentos contra su lógica. Al contrario, comencé a reírme como el propio imbécil ¿Por qué? Pues porque había llegado al borde del patetismo, ya no podía controlar  absolutamente nada y no encontraba forma de evitarlo.

―Ay por…― se censuró rápidamente― ¿Ahora de qué demonios te ríes? ―suspiró.

―Ni idea― mentí― Ni idea… ― estallé en risas nuevamente cuando me di cuenta de otra cosa― ¡Se te ha salido el acento latino, Contratista! ¡Mira que si lo tenías bien escondido!

Ahora ella sofocó una risa.

―Cállate imbécil. ― refunfuñó― Vamos, antes de que comiences a bailar o algo parecido…

Suspiré y la seguí sin  alejarme demasiado.



Una vez que llegamos a la tumba, Kate se agachó y recorrió el terreno recién apilado con sus manos desnudas, totalmente muda y pensativa. Las despedidas hacia sus víctimas siempre eran extrañas y dolorosas, como si estuviera despidiendo una parte de ella siempre que anunciaba algún funeral. Quizás, ella sólo estaba decepcionada por no tener esa muerte en sus manos, pero, para mí, quizás culpaba a aquellos fantasmas de algo mucho más profundo…

―No pensaba que me darías tantos problemas, Isabella…―murmuró.

Se levantó y pasó un brazo alrededor de mi cuello, por instinto recorrí su cintura con un brazo y cogí sus piernas con el otro. Era una acción cotidiana, pero esa noche me hizo dar un extraño escalofrío.

―Jack…―susurró, su aliento en mi cuello me hizo acelerar el corazón ¿Qué me estaba pasando? ― ¿Qué pasó hoy?

Fruncí el ceño y alcé vuelo, pude adivinar qué estaba pensando: esta era la primera vez que no sentía una muerte.

―No lo sé, Pequeña Contratista. No lo sé…


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