21 sept. 2011

Obsesión: El Nacimiento de los seres de Sangre.


Nuestras miradas se encontraron una vez más.
Habíamos intercambiado una buena cantidad de besos antes de que por fin nuestros ojos volvieran a detallar nuestros rostros.
 Éramos uno solo.
¿O no era así?
Yo solo era una sombra reflejada en su pecho y él un dios omnipotente que me observaba como si su mundo girara a mi alrededor. Él era tan hermoso, yo no era nada sin él.
Éramos dos personas diferentes.
Unidas por pasiones distintas.
Nos separamos en un segundo, nuevamente, nos escondimos detrás de nuestras armas. Él su cámara de enorme lente y yo mi lienzo y carboncillos….
Él era perfecto, el modelo perfecto para retratar en todo sentido, su rostro anguloso, su nariz perfectamente perfilada, sus labios cincelados. Perfecto,  no había otra palabra con la cual podía definir al hombre frente a mí: sus pectorales, brazos, piernas, sexo…todo era de una proporción exacta…
¿Por qué entonces no podía retratarlo?
Por más que lo intentara, por más bocetos que delineaba, no podía plasmar en los cuadros esa perfección tan característica de su persona. Tan hermoso, tan perfecto, tan atípico…
No podía hacerlo, no podía por más que lo intentara. Pero entre más hondo era el agujero de mi fracaso, mayor era la motivación con la que intentaba salir de él. Tomé el lápiz con delicadeza, mi corazón latía con rapidez, tracé una línea en el lienzo…
…No estaba bien.
Con tan sólo tener esa línea en el fondo blanco, sabía que lo que siguiera intentando no iba a llegar a nada. Sólo era una línea, pero era una línea imperfecta, no quería bocetos imperfectos, ya tenía demasiados de ellos.
Ya tenía bosquejos de sus pies, sus manos, su torso… de todo. Pero sólo servían de guía para no equivocarme nuevamente, las sombras no estaban colocadas de la forma correcta, no tenía la vida suficiente, los vellos de sus cejas no tenían el número exacto, el lápiz no era lo suficientemente fino o el carboncillo no era lo suficientemente grueso.
No estaba bien. No lograba hacerlo bien.
Tomé el borrador, y desaparecí la débil línea del lienzo.
Comencé a desesperarme, frente a mí el lienzo en blanco y más allá su ceño fruncido.
 Entorné los ojos, podía detallar cada gota de sudor que recorría su piel blanca arena, que recorría su cuello fuerte y esbelto, y que resbalaba por su barba naciente. El color ceniza de sus cabellos, eso era lo que me encantaba de él, recorrí cerca de cien tiendas buscando la tonalidad perfecta para su cabello y aunque logré conseguirla, jamás había podido utilizarla.
Su rostro era algo difícil de bosquejar, era uno de sus atributos más cuidados y no podía darme el lujo de equivocarme, sobre todo con sus ojos gris azulado.
Eran grises, sin duda. Aunque todos dijeran lo contrario “son azules” “verdes”.
¡NO! ¡ERAN GRISES!               
Había pasado semanas observando esos ojos, a la luz del sol, del amanecer, del anochecer…y estaba segura del tono grisáceo que los identificaba.
Decidí comenzar entonces por sus ojos.
Tracé un círculo, luego otro, poco a poco le fui dando la forma alargada y redonda que los caracterizaba….Pero no, no eran reales…
Esos ojos eran falsos.
Todo en mi dibujo era falso, no era él, no lo era, jamás lo será.
Pero no por eso debía rendirme.
Tiré el lienzo y tomé otro. Comenzaba otra vez…
Mi corazón iba ascendiendo su ritmo, mi cuerpo se estremecía. Mis manos temblaban incontrolablemente mientras conseguía darle forma. Estaba emocionada, quizás lo conseguiría, era hermoso, sería hermoso, podría lograrlo, su cuello, su quijada, su pecho, todo estaba allí todo…
Gemí.
No era así, el lienzo no era del tamaño suficiente. No podía terminar sus piernas.
De hecho, ahora que lo detallaba, no estaba nada bien. Seguía sin ser real, las sombras no eran lo suficientemente oscuras, no podía sentir su cuerpo si no las hacía de la forma correcta. Decidí, a pesar de todo, no rendirme con ese boceto. Me levanté hacia donde él estaba, y toqué sus brazos y su cuello. El contacto era cálido y enternecedor, él no se movía, estaba limpiando el lente de la cámara…
…Regresé a mi lugar y pasé mis manos por el lienzo tal cual lo había hecho con él, intentando imitar la profundidad con el tacto. No sólo usaba la yema de los dedos, si no el dorso de la mano e incluso la punta de cada uña.
Alcé la vista, él tenía la lente apuntando hacia mí.
Lo ignoré, habían líneas sangrantes en sus brazos que no había detallado antes.
En mi dibujo no habían líneas rojas.
Tendría que hacerlas, tendría que comenzar de nuevo.
Tomé otro lienzo.
-.-..-.-.-.-.-…-.-.
Nuestras miradas se encontraron otra vez.
¿Es que acaso éramos uno solo?
No, no era así.
Yo solo era un plebeyo a la sombra de aquella reina.
Y ella era hermosa, la forma en que sus cabellos se mecían en el viento, como su sonrisa iluminaba todo cuando reía, la forma seductora y ondeante de su precioso cuerpo. La perfección de sus hombros, el ángulo preciso que describía su rostro, la ola sensual que pronunciaba su perfil.
Era hermosa, era mía y era perfecta.
¿Por qué no podía fotografiarla?
Cada vez que disparaba, me encontraba con una imitación penosa de lo que mis ojos detallaban. No importaba el ángulo en que me colocara, en cuanto la miraba era ella, hermosa, pero a través del lente todo cambiaba, la pequeña imagen en la cámara era distinta.
Había intentado de todos los ángulos posibles, había experimentado con todo tipo de iluminación.
Pero no podía conseguir que mi Reina quedara plasmada en las fotografías. Nada funcionaba, nada...
Quería poder tomarla cuando tenía esa expresión tan hermosa. ¡Esa! Cuando tenía el lienzo frente a ella, cuando pasaba sus manos temblorosas y ansiosas por el papel.
Todos dicen que esa expresión es extraña, que es atemorizante. Pero están equivocados…
¡NO LA HAN VISTO COMO YO! ¡NO HAN DETALLADO ESA BELLEZA A PROFUNDIDAD!
Mi lente se dirigía a ella una vez más, intentando captarla en ese momento. En el momento cuando vibrara de excitación….
Muchas veces la había capturado, pero el segundo en que me tomaba en apretar el disparador, su expresión cambiaba radicalmente. Tomando una escena diferente.
¡Yo quería esa!
Seguí intentándolo mil veces más. Era el lente, el lente no estaba lo suficientemente limpio, no tenía la graduación adecuada. No estaba bien, tenía que cambiarlo. Quité el lente y le apunté otra vez, sin haber disparado, me daba cuenta de que no era el lente correcto.
Lo cambié otra vez sin tomar la foto.
No estaba bien, algo faltaba, ¿Qué faltaba?
La detallé unos instantes, se había acostado en el suelo y seguía pasando sus manos por el boceto.
Mi corazón comenzó a latir rápidamente; ¡Era la luz! ¡No había suficiente luz como para que la foto tomara la calidez necesaria! Me acerqué a ella, aún con la cámara en la cara. Sí, definitivamente, necesitaba más luz.
Tomé la lámpara y la coloqué cerca de su espalda.
Me preparé a tomar la foto, esta vez sí que era el ángulo correcto.  Disparé una y otra vez, tan rápido que no conseguía levantar el dedo totalmente.
Observé las fotos rápidamente. Lo había conseguido.
Estaba contento, la tenía ahora enmarcada. Mi corazón batía contra mis costillas y mi cuerpo soltó un estremecimiento de dicha y placer.
¡Demonios!.
No había captado su cuerpo completo, y ahora que lo  analizaba con profundidad. El tono de su espalda había cambiado, pasé las fotos rápidamente, cada vez estaba más roja.
No había fotografiado la espalda con esa tonalidad.
Tenía que tomar la foto otra vez hasta tener el tono correcto.
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Nuestras respiraciones se estaban agitando cada vez más. Inundando la habitación de resoplidos cansados…
Poco a poco, el sonido de la cámara y el de los lápices se detuvo.
Teníamos que comenzar todo otra vez. Teníamos que acercarnos y reconocer nuestros cuerpos otra vez para que nuestras pasiones pudieran tener el alimento necesario.
Éramos uno solo.
Un solo ente en un todo modificado, un solo corazón latiendo apresuradamente, una sola respiración agitada que rompía el silencio con aspereza.
.-.-.-.-
¿Por qué entonces no podía retratarlo?
-.-.-.-.-.
¿Por qué entonces no podía fotografiarla?
-.-.-.-.-.
¿Por qué era tan difícil plasmar lo visto en nuestros ojos, procesado en nuestro corazón y absorbido por nuestra alma?
¿Por qué no podíamos dejar que nuestras pasiones se unieran en una sola como nosotros?
Porque somos diferentes.
Porque todo es diferente.
.-.-.-.-.-
¿O quizás…?
.-.-.-.-.-
Eso se debe…
.-.-.-.-
¿…A que aún no éramos uno solo?
Teníamos que conseguirlo entonces, ser uno solo para que así nuestras pasiones reflejaran lo que nuestros ojos observaban…
Pero ¿Cómo podríamos lograr eso?
Lo pensamos unos instantes, hasta que vimos las marcas en nuestras pieles.
Debíamos ser uno el reflejo del otro, como si de un espejo se tratase, sentir el mismo dolor, sentir la misma pena. Para así ser mas allá de reyes o dioses, ser algo más que divinidades, ser un ser único, hermoso…
Ser  Perfectos.
Teníamos que ser perfectos, por eso nuestras marcas tenían que ser perfectas, teníamos que tener detalles iguales en nuestras pieles, detalles perdurables…
Teníamos que fundirnos en uno solo.
Comenzamos a marcarnos, tal cual veíamos el cuerpo del otro,
No, no “del otro”
Éramos uno.
Era mi cuerpo, era mi sangre, era mi reflejo.
Era mi sangre…
Nos miramos detenidamente. Podíamos ser uno, unidos por un lazo irrompible. Un lazo de sangre.
¿Eso acaso era posible?
Debíamos averiguarlo.
Tomamos un lápiz y lo afilamos.
El lente de la cámara lo rompimos en pedazos.
Trazamos una línea profunda en nuestros pechos, esperamos a que el líquido saliera lo suficiente y pasamos nuestras lenguas por la herida, el sabor a óxido y sal nos deleitó por  un instante, continuamos el proceso, ascendiendo poco a poco, hasta que nuestras lenguas se encontraron y saboreamos el sabor de nuestras bocas.
Poco a poco nuestra vista se fue esfumando, a pesar de que el movimiento de nuestros rostros no cesaba.
Caímos al suelo sin dejar de besarnos, el líquido caliente ahora impregnaba nuestros cuerpos, el frío intenso hacía que ciñéramos nuestros brazos….
Poco a poco el movimiento de nuestras bocas fue cesando,
Ya no podíamos ver, ya no podíamos movernos, pero sí podíamos oír.
Una puerta se abrió y un grito estrangulado hizo eco a nuestro alrededor.
En un instante, el sonido también se escapó…
…. al igual que nuestra consciencia.


Cuando despertamos no éramos los mismos.
Podíamos ver nuestro reflejo frente a nosotros, teníamos un color bastante peculiar. Algo pálidos y los labios amoratados.
¿Qué nos había pasado?
Juntamos nuestras manos, eran cálidas a nuestro contacto, pero de alguna forma exhalábamos frialdad.
Al mirar a nuestro alrededor no había más que tumbas y fría niebla. Estábamos en un cementerio.
Ya han despertado. Maravilloso…―dijo una voz a nuestra espalda. Era un chico bastante apuesto, pero no tanto como nosotros. En su sonrisa dejaba ver un par de grandes colmillos― ¡Vaya forma que han conseguido para convertirse! ―rió― ¡No creí que fuera posible dejar su humanidad de esa forma…! Pero eso no importa, siempre doy la bienvenida a nuevos camaradas…―divagó. ― ¿Cómo se llaman?
―No tengo nombre― respondimos.
El chico frunció el ceño unos instantes. Luego estalló en carcajadas.
― ¡Ya veo, ya veo! ―farfulló entre risas― Así que fue su obsesión los que los  sumergió en la obscuridad…realmente peculiar―asintió.
―No entiendo ¿Qué ha pasado? ―preguntamos, abrazándonos a nosotros mismos. ― ¿Qué es todo esto? ¿Quién eres? ¿Y por qué estoy aquí? 
―Espera, espera…―alzó las manos― Una pregunta a la vez. Primero, mi nombre es Karón y  segundo,  que es lo que realmente importa: ya no eres humano. ―sonrió con la mirada― ¿Tienes hambre verdad?
Tratamos de disimular el hecho, pero la verdad era que sí, teníamos un hambre creciente. Pero nuestras bocas sólo ansiaban el sabor que habíamos sentido poco antes de desmayarnos, ese deleite de óxido y sal…queríamos…
―Sangre―susurramos.
Karón asintió.
―Ven…―extendió una mano hacia nosotros― Te llevaré a comer…ehh…creo que primero necesitas un nombre― efectuó una pausa, pensándolo por unos instantes― ¿Qué tal Ossessio?
El estallido de su risa quebró la noche y el halo de desconfianza se extendió sobre nuestro cuerpo. Pero no teníamos opción, teníamos hambre y no sabíamos a dónde ir. Así que lo seguimos sin preámbulos, sumergiéndonos cada vez en la profunda obscuridad…
…Obsessio sería nuestro nombre de ahora en adelante y teníamos que aceptarlo tan bien como habíamos aceptado la perdida de nuestra humanidad.
Después de todo, éramos uno ahora y eso era lo que verdaderamente importaba.




Habíamos logrado ser perfectos

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