5 abr. 2012

RUXANDRA. Primera Sesión


Primera Sesión: Nacimiento


―Esta  grabación se contará como el primer registro hipnótico aprobado de Roxanna Exthiezka. Problema: Hipersomnia. Causa: Está por revelarse.  Condición: Incapacidad de recordar lo soñado. ¿Algo más que agregar?
En aquella habitación ridículamente decorada se encontraba una muchacha  cabizbaja sobre un sofá color café, decorado con flores crema, un color enfermizo e insulso, al menos para ella.  Una cámara  apuntaba a su silueta de forma acusadora, iluminando con su luz  penetrante las diminutas partículas de aire que se acumulaban a su alrededor.
Su rubia cabellera,  cuya opacidad le daba un aspecto descuidado y enfermo, ocultaba su rostro parcialmente, ella parecía sumida en la oscuridad. Cuando negó con la cabeza, las hebras de su cabello bailaron con tal levedad que parecían gritar de dolor.
―Nada más que agregar― murmuró la chica. Su tono de voz era completamente ahogado, como si la garganta estuviera siendo  comprimida por una gran mano invisible.
―Bien, Roxanna. ―asintió una voz femenina: la voz de su psicóloga.
Era una mujer hermosa, para Roxanna, la más bella que había conocido jamás. Con su usual moño azabache ajustado precisamente a su nuca y su levísimo flequillo ocultando su frente, bajo la cual se ocultaban  ojos  color cobre y unos labios siempre rojos. La mujer respondía al nombre de Leika Josiazka , la mejor psicóloga de todo San Petersburgo.
Roxanna no había dejado de agradecerle a Dios el día en que su padre la llevó a  aquel asqueroso consultorio. Era aterrador, en cierta forma, todo era horrorosamente antiguo y en los días helados como ese no inspiraba demasiada confianza, mas la voz de Leika opacaba toda incomodidad.    Aunque ese día, incluso Leika se mostraba aterradoramente preocupada.
― ¿Estás segura de esto, Roxa? ―vaciló la doctora.
La chica asintió levemente y alzó el rostro con dificultad. Dejando ver un semblante excesivamente pálido, lo que antaño habían sido mejillas rosadas bajo pecas difuminadas eran ahora pómulos sobresalidos cuyas venas azules se apreciaban sin dificultad,  sus labios, envidiados y ansiados por muchos eran ahora un par de líneas resecas de color blanco, cuya sonrisa no podría apreciarse a menos que la sangre de cada  línea apretujada de su boca sobresaliera inesperadamente. Mas sus ojos mantenían la viveza y la alegría de todos los años, a pesar de verse excesivamente grandes en su cadavérico rostro.
―He tenido suficiente― susurró con voz trémula― Creo que si comienzo  a recordar, los sueños pararán.
La doctora frunció el ceño, cada arruga de su frente expresó una preocupación absoluta.
«Sabes que no podemos seguir así, nada de lo que me has dado funciona» pensaba Roxanna mientras observaba a Leika en silencio.
La Psicóloga había ejercido su oficio por 15 años, había visto mil y un casos distintos, pero ninguno tan fuerte como el de Roxanna. Ella sufría de sueños constantes, sueños que la hacían escapar de la realidad de su mundo, esos sueños la habían mantenido viva durante años, pero ahora, esos sueños la estaban matando.  Sus horas de sueño cada vez se prolongaban más, y su cuerpo comenzó a deteriorarse con rapidez,  no había medicamento alguno que luchara contra su Hipersomnia inducida,  había  sido incluso internada, pero nada, absolutamente nada funcionaba.  Sin embargo, tanto Leika como Roxanna querían averiguar qué era el sueño ¿Qué fantasía había encontrado su mente para evitar con tanto empeño en salir de ella?
Roxanna afirmaba que era un mundo extraño, un lugar paralelo. Pero jamás lograba recordar dónde estaba cuando abría los ojos, habían monitoreado sus sueños, pero no podían encontrar nada en sus expresiones y estímulos, sólo quedaba un método arriesgado, un método por el cual, en su estado, ella podría quedarse en ese mundo y no volver jamás: La hipnosis.
El método era sencillo, apagar y encender las luces tres veces, procurar la concentración del paciente y modificar el tono de voz. Pero las consecuencias podrían ser desastrosas.
―Roxa…
―No puedo seguir esperando…―culminó Roxanna― He aceptado el riesgo. Empecemos.
La doctora suspiró e inició el tratamiento, encendió y apago las luces tres veces y comenzó a hablar una vez que Roxanna se hubo recostado del sofá, su cuerpo parecía aplastado por  las ropas  que lo cubrían, y sus manos huesudas descansaron sobre su vientre.
― Roxanna. Necesito  que te relajes  por completo, respira  profundamente, concéntrate en mi voz. Respira de  nuevo a la cuenta tres ¿Lista? Uno…dos …tres…―la doctora se lamió los labios y apretó los ojos por un  segundo, intentando luchar contra el miedo― Perfecto. Ahora necesito que te adentres en tu mente, en los sueños que has estado teniendo…
―Está oscuro…―susurró Roxanna.
La instruida psicóloga trató de mantener un tono de voz controlado.
―Necesito que entres en esa oscuridad, Roxanna. Dime ¿Qué ves?
―Nada…está oscuro…está muy oscuro…―la voz  de Roxanna comenzaba a quebrarse― No puedo ver nada…no está allí…no está allí…
―Necesito que busques Roxanna, imagina una habitación llena de puertas. Así saldrás de esa oscuridad… Encuentra la puerta del sueño… ¿La ves?
―La negra― tartamudeó― Hay una puerta negra… ¡No! ¡No abras la puerta! ¡No! ― Roxanna comenzó a retorcerse, su respiración empezaba a agitarse.
―Debes abrirla, Roxanna, ―insistió la doctora, temblando― Te prometo que no pasará nada, te lo prometo. Recuerda, tú estás aquí, estás a salvo.
―A salvo…―susurró Roxanna.
― ¿La has abierto?
Roxanna asintió.
―Dime qué hay allí, Roxanna. Descríbelo.
―Calor…―tartamudeó― Es cálido…no quiero salir de aquí…pero tengo que hacerlo…soy la última…soy la última…
―No, Roxanna, recuerda. Tú estás aquí, necesito que te despegues de esas sensaciones.
―Pero esa soy yo…soy yo… estoy en un lugar cálido, está muy bien…pero tengo que salir…
―Roxanna…esa no eres tú. Necesito que te despegues de esa persona, esa no eres tú. Necesito un nombre.
―Ella…yo…ella…tiene un nombre…lo sabe…lo ha escuchado, lo hemos escuchado…
―Su nombre…dime su nombre, Roxanna.
―No, aún no. Necesita salir. Necesita tiempo.
―Roxana, necesito que sea breve, pregúntale su nombre.
―No…aún no ha llegado el momento. Está escalando por el lugar cálido, es                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         muy suave, es húmedo, yo quiero seguir aquí y ella también….pero…
― ¿Pero?
―Alguien grita, no queremos que grite.
― ¿Por qué grita?
―Porque tengo que salir, porque tenemos que salir y no lo hemos hecho. Son muchos gritos…escucho su nombre…
―Dímelo.
―No, es lejano, un hombre nos llama sobre los gritos. Su voz me agrada, quiero llegar a él… repite nuestro nombre otra vez…
―Dímelo, Roxanna.
―Un segundo, estamos asustadas. Decidimos salir. Su nombre una vez más, con alegría.
―Roxanna, dímelo.
―Lloramos, hay mucho frío ¡QUIERO VOLVER! ¡QUIERO VOLVER! ¡nooo! ¡No! ―Roxanna sollozaba, las lágrimas brotaban de sus ojos con fuerza, bañando sus pálidas mejillas. Sus gritos ahogados rebotaban en la estancia.
―Shhh, Roxa, Roxa, ¡escúchame! ¡No pasa nada! Necesito que te concentres, Roxanna…Escucha su nombre ¿Cómo se llama? ¿Quién es ella? ― Leika comenzó  a impacientarse, el miedo la paralizó por unos instantes pero luego corrió  a tomar las manos de Roxanna― Todo está bien…todo está bien…
―Todo está bien…todo está bien― murmuró Roxanna con voz ahogada― Todo está bien, pequeña Ruxandra…
― ¿Ruxandra? ¿Así se llama? ¿Su nombre es Ruxandra?
―Hemos llegado…hemos salido…al fin él, es es…
― ¿Quién es, Roxa? ¿A quién ves ahora?
―Mi padre.
Inesperadamente, Roxanna abrió los  ojos, dejando brotar   un par de lágrimas heladas. Se levantó  trémula, sujetándose de Leica, quien recogía su poco peso con  su brazo maternal.
―Su padre…―corrigió Roxanna con rapidez. ―Su padre le dio la bienvenida― sollozó― No sé aún por qué duele tanto…
―Su nacimiento…―susurró Leika, encajando las piezas en su mente― Has presenciado  el nacimiento de  una chica…
Roxanna negó con la cabeza.
―Ella era la última. Son  tres. ― aclaró, ahogando un sollozo y conteniendo las lágrimas― Pero alguien más nació ese día― apretó los ojos con fuerza. ― Pero está lejos…lejos de aquí. ―los abrió nuevamente dirigiendo su mirada a Leika― Quiero seguir.
―Mañana, lo prometo. Por hoy finalizamos la sesión. 

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