30 sept. 2012

TDP : Capitulo 9 Maldita Dopamina

IX: Maldita Dopamina

~J~

Continuamos hablando con una normalidad sumamente atípica, pero fluida y ligera al mismo tiempo. Aunque todo cobró sentido con su precisa confesión horas más tarde…

En algún momento de la noche ella acabó acostada en la cama con su cabeza cercana a mi rodilla. En un segundo que mi mente no logró identificar, mi mano abierta estaba sobre la suya, mientras ella observaba con detenimiento la diferencia de tamaños, completamente asombrada.

«Es bastante grande...»Susurró, deslizando la punta de sus dedos hacia la de los míos, admirando la distancia. No me atreví a detallar su expresión  profundamente…

…Con lentitud, aparté mi mano de la de ella.  No me sentía cómodo con el tan prolongado contacto de nuestra piel. Su mano se deslizó por debajo de la mía y se dirigió a su rostro, me sorprendió verla bostezar.

«Estas agotada, Pequeña Dictadora...» Observé con el ceño fruncido «Tienes que descansar».

Alzó el rostro con levedad, observándome seriamente sin levantarse. Al final, acabó por sonreír.

«Sí, estoy agotada...» Admitió «Pero lo cierto es...que no puedo dormir...»Dudó en seguir hablando por unos segundos, pero al ver mis ojos, suspiró «No sé cada cuanto sucede pero es así...»

«Entiendo...»Murmuré. «Pero debes intentarlo al menos…no te ves nada bien…»

¿Qué estaba diciendo?

Se dio la vuelta hacia mí, colocándose en posición prenatal. Su seriedad era extraña, hacía unos minutos, no parábamos de reír y ahora parecía triste de nuevo. Se tapó la cara con ambas manos y comenzó a reír de nuevo.

Bien, ahora sí me estaba comenzando a perturbar.

«Te tengo que confesar algo…» murmuró en pensamientos. «En este momento, tengo un alto desarrollo de Dopamina en mi cerebro…por eso es que estoy así…»

« ¡¿Qué coño…?!»

«No quería decírtelo…pero si sigues preocupándote de esa manera…»

¿Preocupándome?

«Me preocupo por el Contrato, Caithlyn, no por ti. »

Bajó sus manos y se sentó repentinamente observándome directamente a los ojos. Fue en ese único momento que detecté la elevación del químico en su organismo, de verdad estaba algo drogada por el insomnio. Sus ojos tenían una seriedad demasiado abrumante como para tratarse sólo de una pequeña humana.

«Cierto, Jack» susurró «Pero el Contrato, no importa del modo en que lo veas, sigue implicándome a mi» se acercó un poco más « ¿Me equivoco?»

Sentí la rabia recorrer mi cuerpo entero y desvié la mirada. No planeaba responderle, me repugnaba su cercanía. La escuché suspirar y deslizarse a la pared junto a mí.

«Me voy» anuncié, molesto. No quería seguir allí.

«No deberías molestarte tanto…» suspiró «Pero si quieres irte no te detendré…»

Sus palabras me detuvieron en mis pretensiones. ¿Caithlyn acaso me había pedido que me quedara? Me di la vuelta para ver su rostro, pero ella ya estaba acurrucada en la cama profundamente dormida. Me acerqué a ver su semblante dormido, las ojeras ahora estaban más pronunciadas y su ceño se fruncía cada vez más…

…En cuanto mi mano, peligrosamente cerca de su rostro, apareció en mi campo visual; alcé vuelo. Escapando de todo pensamiento que pudiera relacionar el espejismo de su rostro con las realidades de mi pasado…

~K~

Jack actuaba extraño.

Ahora se molestaba con mucha mayor frecuencia que la habitual y todo había sido por ese gran disparo de químicos en mi cerebro. La realidad era que no recordaba muchas cosas de aquella noche, una de las pocas era  el hecho de que le encantaba el chocolate. Pero mi lucidez había menguado tanto luego de eso que no recordaba lo que le había dicho para molestarlo tanto.

No era que me importara demasiado el hecho de haber dicho o hecho algo malo, sino que ahora me presionaba muchísimo más que antes. Dejó de ser condescendiente a la hora de ver mis emociones, simplemente se limitaba a reprocharme por muchísimas cosas, a veces, sin sentido.

No pretendía disculparme, tampoco reprocharle por nada de lo que hacía. Me molestaba su presencia y a él la mía, a pesar de todo lo que habíamos hablado; no terminaba por agradarme del todo. Sin embargo, había días y noches extraños, en ocasiones, Jack se enfurecía en demasía pero al mismo tiempo parecía angustiado por alguna razón. Esos días, se comportaba conmigo de la forma más atípica del mundo, esos días solía decir que no debía arriesgar mi cordura mental tanto, que debía tener paciencia, no sólo con mis familiares sino incluso…con él.

Sí,  Jack era alguien bastante raro. Y la cantidad de peleas que teníamos no era algo muy normal (o incluso sano), pero estaban esos momentos extrañísimos en los que me hacía bajar la guardia consecuentemente, en los que me hacía dudar y me ponía bastante nerviosa. No tenía ni idea de lo que pasaba, pero todo había surgido a raíz de aquella noche en que no podía controlar la drogadicción natural de mi cerebro… ¡¿Qué demonios había hecho esa noche para que mi Demonio actuara tan extraño?!

― ¡Ag! ¡Maldita Dopamina! ― murmuré, sin querer, en voz alta.

― ¿…Cath?

Suspiré. Esa no era una voz muy agradable que digamos, pero ahora Bardiel (o Briel, como había decidido llamarlo), era parte de mi entorno gracias al muy habilidoso sistema de integración de estudiantes en el instituto…

Sí, Elyk Tabris no sólo había ingresado al instituto, sino que ahora compartía conmigo las obras de “Delegados de Curso” gracias a acciones insulsas (cometidas por él) que no me molestaré en explicar. La verdad, no paraba de hacer cosas que en realidad no me agradaban en absoluto, la presencia de Briel me molestaba hacia límites indefinidos, estando juntos, no parábamos de hacernos la vida imposible mutuamente.

En ese momento ambos estábamos completamente solos en el salón, ordenando todos los papeles y horarios que debían ser entregados a primera hora de la mañana siguiente. Ambos teníamos las manos enrojecidas de tanto engrapar.

―Nada― farfullé molesta― ¡¿Por qué demonios nos metiste en esto?! ¡Me duele la espalda!

―No pensé que tendríamos que hacer este tipo de idioteces― suspiró.

―Imbécil…

―Podrías haberte negado…

―Fue decisión unánime, ninguno tenía opción. Gracias a ti y a tus odiosos poderes de persuasión…como lo veas esto sigue siendo tu culpa.

Con el tiempo, Jack me había enseñado a direccionar la inevitable (y molesta) sinceridad que la estadía con Briel me provocaba, ahora podía expresarme mucho mejor con él y ser tan punzante como quería.

― Odio que tengas razón― suspiró, sus ojos azules parecían cansados― ¿Dejémoslo por hoy sí? De todas formas no pareces demasiado concentrada en esto…

No dejé que me dominara.

―Nunca lo estoy. ― rugí.

Soltó una carcajada.

―No mientas, Cath. ―farfulló entre risas.

Alcé una ceja.

― Estás mucho más molesta que de costumbre… hay algo que te preocupa. ― aseguró. La expresión en su rostro de ángel se tornó aniñada, sus cabellos dorados parecían resplandecer. Noté cómo pretendía utilizar su persuasión conmigo, desvié la mirada.

―  La verdad, sí…hay algo que me preocupa. ― murmuré― Y es el hecho de seguir aquí contigo cuando debería estar ya camino a mi casa…

― ¿Acaso tu demonio te tiene regulada? ― se burló.

Le dirigí una mirada envenenada, me molestaba que hablara de Jack de esa forma. Al final puse los ojos en blanco y le envié el mensaje a Jane lo más pronto que pude, ella accedió a ser mi transporte siempre y cuando tuviera el “privilegio” de ver a su “Príncipe Elyk” de forma prolongada cada día. Era cansado ver cómo Briel conseguía que todas hicieran lo que él quisiera con sólo una mirada, aunque él mismo decía que le faltaba demasiado para lograr el control total…

La verdad, Briel y yo nos habíamos vuelto más cercanos de lo que esperaba. Su historia era algo dura, realmente: nacido dentro de una familia ligada a los prejuicios y a una mentalidad antiquísima, había tenido que soportar desde muy temprana edad los golpes y las borracheras de su padre mientras su madre se sumía en el mutismo total, observando sin mover un músculo cómo su hijo gritaba de dolor desesperadamente.

A los 5 años todo acabó para él, su padre recapacitó inmediatamente al observar cómo la piel de su hijo se desprendía gracias al agua caliente que él mismo había rociado sobre su espalda; pero la forma en que recapacitó lo sumergió en la locura inmediata, Briel me contó que sólo despertó del shock gracias al grito de su madre: su padre había saltado por la ventana.

Recuerdo cómo la oscuridad inundó las facciones del “Ángel Irritante” cuando describió cómo su madre se había herido de gravedad y había ido como “heroína” al hospital. Briel no podía evitar odiar a su madre y a todas las mujeres petulantes que lo habían sometido para que no abriera la boca. Si Briel movía un músculo siquiera, no pasaría de una esquina para que desapareciera de la faz de la tierra definitivamente. No obstante, Briel también estaba encadenado al amor irracional que sentía por su madre a pesar de todo lo que había ocurrido.

Para él, su Contrato con Nadia representaba libertad.

Pensar en ese tipo de cosas me hacía dudar en mis intenciones. No había establecido el Contrato por venganza, o porque había sufrido demasiado, lo había establecido para complacer el placer insensato de matar, de arrebatarle la vida a alguien, de sentir la sangre resbalar por mis dedos…

Yo, a diferencia de Briel, no podía sentir aprecio o amor por nadie…

…Exceptuando, por supuesto, a mi pequeño Kuro.

~j~

Era difícil concentrarse con la cantidad de pesadillas que tenía cada noche, y todo había comenzado a raíz de la extraña conversación de aquella noche. Ya era incapaz de pensar con la cordura suficiente, el dolor de cabeza se acentuaba conforme los días pasaban…

Ya no podía recordar con claridad las palabras de mi Contratista esa vez, había huido demasiado rápido como para pensar todo detenidamente, lo último que aparecía en mi mente eran sus ojos agotados frente a mí, pero sus palabras eran confusas… había dicho ¿Te preocupas por mí? ¿A caso de verdad me preocupaba por ella? ¿No era el contrato mi máxima prioridad?

― ¡Agg! ¡Maldita Dopamina! ―murmuré lanzando la pelota de Kuro con todas mis fuerzas…

…La pequeña pelota roja rebotó en el suelo y el perro saltó en ese preciso instante para alcanzarla con el hocico, un salto espectacular y atlético a pesar de su encierro, su fina cola se movía con frenetismo.  En cuanto volvió corriendo a mí colocó la pelota, llena de baba pegajosa, en mi mano.

Suspiré al tiempo que le rascaba la cabeza y él se abría camino para jugar colocando sus patas gigantescas en mi pecho. De no haber estado en el suelo, de seguro me habría caído.

―  Eres un perro bastante extraño, Kuro. ― farfullé.

Tomé su cabeza con ambas manos y lo miré directamente a sus ojos extrañamente azules…

―  ¿Qué le haces a mi perro?

La voz de madre regañona de Kate no dejaba de hacerme gracia, pero mi humor se había ido lejos hacía ya un tiempo. Puse los ojos en blanco.

―No le estoy haciendo nada, Contratista―farfullé soltando a Kuro…

Éste corrió detrás de mí a saludar a su dueña con la alegría que sólo un perro puede expresar, fue en ese momento cuando sentí el dulce olor del chocolate recién salido del horno. No  pude evitar darme la vuelta, mi Contratista tenía en sus manos dos bolsas de papel y maniobraba con ellas mientras Kuro saltaba a saludarla. Con muda habilidad, le indicó a su perro que se tranquilizara y se sentara a mi lado.

Ambos la mirábamos expectantes. Ella sonrió.

―A ver si esto te hace poner de buen humor…―dijo sin perder la sonrisa, tendiéndome una de las bolsas. La tomé de inmediato― Y estas son para ti…

De su bolsillo sacó otro pequeño paquete de galletas para perro y se las colocó a Kuro justo al frente. Ya había comenzado con mi primera galleta cuando escuché los crujidos que provocaban las mandíbulas del perro.

La carcajada de Kate nos tomó a ambos por sorpresa.

― ¡Encuentra las diez diferencias! ―murmuró.

Suspiré mientras tragaba. La verdad, esas galletas eran unas de las mejores que había probado en toda mi existencia, desde siempre no había podido negarme a la empalagosa sensación del chocolate en el paladar y a la relajación inconsciente que provocaba en mi cuerpo. 

―Gracias, Kate― susurré muy bajo.

― ¿Umm…?―murmuró mientras masticaba a su vez las galletas de su bolsa.

Negué con la cabeza. Por alguna razón, avergonzado. Intentando distraerme, me concentré en buscar otra galleta cuando encontré una envuelta en papel, realmente extraño.

― ¿Qué es esto? ―pregunté, alzando la cálida envoltura. Sólo el olor me hacía agua la boca.

― ¡Um! ¡Espera, espera! Esa quiero probarla contigo… ¡es de las nuevas! ―dijo emocionada, buscando en su bolsa― De hecho, las compré, en parte, por ti―rió― Cuando las vi pensé que era buena idea probarlas contigo…sabes que estas galletas son bastante caras…

Me reí.

―Avara…―murmuré.

~K~

― ¡Cállate! ―refunfuñé a son de broma.

Por alguna extraña razón, había comenzado a extrañar el sonido relajante de la risa de Jack. Parecía que la luz había vuelto a sus facciones y eso, de alguna forma, me aliviaba.

―Vamos a comerla ya…―sugerí acercándome a él.

Asintió decidido, mientras comenzábamos a desenvolver nuestras galletas. A medida que lo hacíamos el olor a chocolate se hizo cada vez más penetrante, y se propagó por toda la estancia. Mi Demonio y yo suspiramos al unísono, mientras Kuro, asqueado, arrugó la nariz, tomó una de sus galletas y se metió a su casa a comer a gusto.

―  ¿Lista? ― preguntó Jack ignorando a mi perro.

―Lista― afirmé.

Mordimos la galleta al mismo tiempo.

Casi me pongo a llorar, el sabor de esa galleta era como degustar comida de dioses. Era una de las mejores cosas que había probado en mis cortos 16 años de existencia, el sabor del chocolate entremezclado con la vainilla crujía con una suavidad increíble en mi paladar. Procuré limitarme a degustarla sin agradecerle a Dios para no incomodar demasiado a Jack…quien parecía estar igual de agradecido que yo, masticaba lentamente mientras una sonrisa bailaba en la comisura de sus labios. Visto desde esa perspectiva, parecía muchísimo más joven y humano que nunca.

En cuanto descubrió que lo miraba, volteó la cara… ¿Avergonzado? ¿Acaso mi Demonio estaba avergonzado? No, eso no era posible.

Por extraño que parezca, en ese momento comencé a sentirme incómoda. El silencio pesaba, pero no conseguía palabra alguna que expresar, nada, absolutamente nada de lo que aparecía en mi cabeza parecía ser indicado en ese momento. Me estaba poniendo extrañamente nerviosa, y, por supuesto, Jack lo notó de inmediato.

Su sonrisa amable me hizo dar cuenta de lo rápido que latía mi corazón en ese instante, con su semblante relajado, noté como mi cuerpo, estremecido  inconscientemente, se calmaba poco a poco.

―Aún no sabes cómo expresarte bien ¿No es así, Kate?

No respondí, simplemente me limité  a mirarlo. Suspiró.
―Creo que…―  murmuró, pensando con detenimiento mientras mordía la galleta por segunda vez― Tengo un modo de compensarte esto…Espérame ¿Sí? Vuelvo en seguida…

En un aleteo desapareció de mi vista. 

 

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