16 mar. 2012

Dos Almas//Demonio


Demonio

No te hubieses percatado del cambio en sus ojos de no haberlo conocido bien. Ese casi imperceptible viraje de azul a gris…
Eden se separó de mi renuente, como siempre, serio y, en apariencia, severo. Pero ¡qué va! Solo era un niño humano que necesitaba de alguien para sobrevivir…y ese alguien, era yo…
No he de negar que me sorprendí abiertamente al descubrir el verdadero sentimiento que me ataba a ese humano de pálidos ojos y cabello oscuro. El amor, el amor indudable, insaciable y aterrador que sentía por ese ser iba más allá de todo lo que podría imaginarme…No más al verlo te darías cuenta, superficialmente, de lo hermoso que era, esos fuertes brazos, su torso definido y no demasiado musculoso, un hombre hecho y derecho a la perfección. Pero no hay que dejarse engañar, no es su rostro o su complexión lo que te atrae verdaderamente, tampoco su voz profunda o su manera de amar…
Era su personalidad. Si, aunque me considero una persona superficial y ejem…sádica. Lo que verdaderamente me atrajo de este niño extraño fue su forma de ser: cruel y simpático, elocuente y tonto, locuaz y sarcástico…todo al mismo tiempo, todo a la vez. Su personalidad única, atrayente… una personalidad que ninguna humana fue capaz de ver a través de su belleza.
Ninguna humana, ninguna…
¡Tuve que ser yo! ¡Un demonio! ¡Quien descubriera todo el potencial en él! ¡¿Por qué demonios había caído tan bajo, por este egoísta, insensible e idiota humano?! ¡¿Cómo es posible que he de amarlo tanto?! A este dulce, cariñoso…
¡¿Ven lo que digo?! ¡Es una molestia! ¡Desde el principio lo fue! Él me llena de contradicciones…él siempre…ronda en mi mente todo el tiempo. Cada caricia, cada beso… provoca en mi miles de sensaciones distintas, sensaciones que jamás había conseguido con cualquier otro “ser”.
Pero también es una molestia el hecho que, tarde o temprano, tendría que separarme de él…Aunque lo amara, aunque renunciara a todo por él… aunque fuese ya una parte de mí… no podríamos seguir así por más tiempo.
Cada vez mi esencia desaparecía en el cuerpo del ángel, la drenaba con cada sentimiento que Eden desarrollaba por Gabrielle…
Gabrielle, ella, esa rata de alas blancas…Decidió apartarme de él solo por prejuicios y ahora nos encontrábamos envueltos en esta maldición. Limitándonos a sólo un contacto físico cada mes. Aunque yo siempre estaba presente dentro del ángel, veía a Eden, sus reacciones, su cambio progresivo en una lejanía dolorosa y cortante…
Aunque…cada vez, esa lejanía era más pronunciada. Hace unas cuantas semanas no había podido “verlo”, me asusté, me asusté demasiado a decir verdad…no, no quería dejarlo. No quería separarme de él y ante la expectativa de que eso sucediera me di cuenta de lo mucho que me importaba.
Viéndolo ahora, con esa expresión agotada en su rostro. Me producía un doloroso nudo en el estómago.
―Lucy…―susurró pasando su mano por mi mejilla― No llores…
Ni siquiera me había percatado de eso.
―Eden…―sollocé― ¿Qué es lo que pasa?... ¿Por qué esstás…así…?
―Que ya dejes de llorar…―rugió―No pasa nada, Lucy. De verdad…
Él siempre, tan sensible… ¡jump! Si claro…
Las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza.
―Dime…la…verdad…―dije entre sollozos. Si, sé que parezco algo infantil…pero él tiene una habilidad increíble para desmoronar a la gente. (Y…  ¿dónde quedó el protagonista de la historia sensible, amable, que se preocupa por su chica?)
Suspiró y puso los ojos en blanco.
―No me gusta cuando te pones llorona.― se quejó con voz brusca.
―No…―aspiré, las lágrimas comenzaban a secarse― Me cambies de tema…
Suspiró otra vez… (Con tantas exhalaciones que produce al día, es increíble que no se haya ya muerto por falta de aire.)
―Entre más débil…―comenzó, luego se detuvo y negó con la cabeza.
―¡EDEN!―exigí, era exasperante verlo así.
―El lazo con el ángel disminuye…mientras más débil esté…
Puse los ojos como platos…Comencé a llorar a cataratas.
―¡LU! ¡YA! ¡CÁLMATE!...―rugió Eden tomándome por los hombros.― ¡Estoy bien! ¡Demonios!
―Pero… ¡Mírate! ¡Estás agotado!― refuté llena de ira y tristeza.
―¿No me quieres, Lu?― dijo con furia, pero su voz era casi un susurro. Sus ojos se oscurecieron con una abrumante intensidad, reflejando el dolor oculto en su interior.
―Eden…―susurré, sin poder contener las lágrimas― Si…sabes que es así.
―Entonces…déjame hacer las cosas a mi manera.― culminó con brusquedad.
Le acaricié el rostro mientras le pedía un beso de disculpa con los ojos, él se mostró reacio al principio, pero al respirar profundamente y presentir como nuestro tiempo juntos se agotaba, apoyó delicadamente sus labios sobre los míos. Traté de no echarme a llorar otra vez ante la preocupante calidez de su cuerpo. ¿Por cuánto tiempo más el cuerpo de Eden aguantaría semejante tortura?



Al final de todo, Eden terminó profundamente dormido en mis piernas.
Nos habíamos vestido y salido de aquella estresante habitación. Ahora, estábamos en el mejor balcón de la enorme casa, el cual había sido testigo de más de una noche de idilio amoroso…
Divagaba una y otra vez la situación en mi mente mientras acariciaba el cabello de mi joven esposo, quien tenía la respiración un tanto irregular y se acurrucaba cada vez más dentro de la sábana que cubría su cuerpo.
―¿Quieres más pruebas, Gabrielle?― siseé dirigiéndome al ángel que fingía dormir en mi interior.
―Hazte la misma pregunta, Lucifer.― debatió ella. La sentía junto a mí, susurrándome al oído sus odiosas palabras.― ¿No ves que estaría mejor conmigo? Sólo tienes que desaparecer, y Eden ya no tendría que torturarse de esta forma…
―Él no te quiere, Gabrielle― musité evadiendo la pregunta deliberadamente.
―Entonces morirá por ti.― juró. Me imaginé su expresión, completamente tranquila al tiempo que se encogía de hombros.― Por tu culpa.―sentenció.
―No…―cerré los ojos y apreté los dientes. En mi interior, sabía que no podía dejar salir mi ira hacia el ángel o de lo contrario éste consumiría mi cuerpo, pero ya no lo aguantaba más. Me calmé concentrándome en el rostro de mi esposo…
―No come lo suficiente, tampoco duerme… y se la pasa ayudándome en las purificaciones… ― ya, con esto, podía sentir su aliento frío rozándome el cuello…
Traté de calmarme con todo lo que tenía, la rabia la fortalecía.
―No permitiré que lo siga haciendo.―sentencié con absoluta tranquilidad a pesar del dolor que me embriagaba― Esperaré a que mi fuerza disminuya…―admití mientras sentía unas lágrimas heladas correr por mis mejillas, las cuales, antes de terminar de recorrer mi rostro se evaporaron con rapidez.
Gabrielle rompió a reír, hasta que su risa no fue más que un susurro. Fue allí cuando escuché la voz de Eden una vez más…
―¿Lu? ¿Estás llorando de nuevo?
Sonreí con sinceridad y negué con la cabeza antes de mirarlo a los ojos, los suyos delataban una preocupación gigantesca y rara en él. Comprendí entonces que el de ahora no era mi Eden, no podía ver el color de sus ojos bajo la luz de la luna, pero sabía que la persona que me hablaba ahora no era él…él no muestra preocupación con unos antipáticos ojos de borrego en matadero, él demuestra su preocupación con una expresión apática y una voz brusca…
―Vuelve, cariño…―susurré acariciando su rostro. Contrajo la expresión, y se levantó visiblemente molesto…
Me pasó un brazo por la cintura y me acomodó en su costado mientras acariciaba mi cabello con dulzura. Bienvenido de vuelta, pensé acurrucándome contra él, su respiración estaba acelerada. Habló temblando de rabia:
― ¿Por qué demonios dejaste que me durmiera, Lucifer?
―Estas agotado.― respondí con seriedad.
―No empiece…
― ¿Quieres morir, Eden?― lo interrumpí apoyando la cabeza  contra su garganta. Negó con la cabeza.― Entonces no hagas eso…
―Pero…Lu…― me besó en la coronilla  con la ternura que extrañaba tanto. (Sí, su amor/odio es algo realmente excitante a decir verdad). Suspiramos al unísono…
No pude evitar sonreír. Era algo tan típico de nosotros…un chiste privado para cada uno dado nuestro parecido. No faltó mucho para que rompiéramos a reír al mismo tiempo, nos levantamos para irnos a pasear por los terrenos de su gigantesca mansión…
El mundo podría haberse acabado y todas las fuentes, estatuillas, así como la elaborada jardinería se habrán ido a la mierda… Pero eso no importaba para nosotros, nos adentramos en aquella sombra de lo que antes había sido un terreno pulcro y ordenado, mientras llevábamos nuestras mentes al más antiguo paraíso.
Pero la felicidad no duró demasiado.
Sentí la fuerte presión en el pecho antes de que Eden se detuviera en seco y me tomara la cara entre sus manos.
―No… ¡Lucy! No tan pronto…por favor…no tan pronto…― su voz era exigente, pero al mismo tiempo dolida. Comprendí con una sonrisa lo que él debía estar viendo: mi cabello aclarándose tanto como mis ojos y mi piel― Lucy…Lucy…
―Eden…―susurré sin dejar de sonreír.― Te amo, cariño. Nos vemos dentro de un mes…
― ¡Lucy!...―pensó unos  segundos antes de abrazarme y gritar:― ¡Gabrielle! Te lo suplico, sólo una hora más ¡por favor!
Me quedé petrificada. Era la primera vez que él hacía algo como eso, me separé y vi directo a sus ojos, el dolor y la rabia inundaban sus facciones. Pero, al mismo tiempo y con dificultad, podía ver las oscuras ojeras bajo sus ojos y la sombra rojiza de sus mejillas.
―Ed…
―Lucy…no esperé tanto…― susurró con la voz descompuesta. Luego apretó los dientes y me tomó firmemente por los hombros― ¡NO PARA TAN POCO TIEMPO! ¡ME SIENTO COMO UNA MIERDA, GABRIELLE! ¡DEMONIOS! ¡ME ACOSTARÉ CONTIGO SI QUIERES, SADICA RATA CON ALAS! PERO ¡CONCEDEME UNA HORA MÁS! ¡ES MI ESPOSA, DEMONIOS!― comenzó a toser. Estaba agotado.― ¡SÓLO UNA HORA!― gritó al final.
Uy…creo que esta vez sí fue en serio, pensé para que el ángel me escuchara. 
―Está bien…―la voz de Gabrielle se oyó sumamente cabreada (Ahí lo tienes, bruja)―  Pero no se te olvide lo que juraste, Eden.
―Maldita perra sádica…―jadeó Eden antes de desplomarse sobre mí.
Lo envolví en mis brazos y me deslicé al césped húmedo con él. Se acomodó en mis pechos mientras temblaba con levedad. Me sentí orgullosa de él, pero aun así…
―Eres un idiota…―dije con un rugido.
―Lo sé…―suspiró― Pero sabía que ella estaba haciendo trampa…no ha pasado ni media noche…
―Pero harás…―divagué bajando la mirada.
Se echó a reír con desgana.
― ¿Crees que podría hacer el amor con ella en el estado en que me encuentro?
―Lo hiciste conmigo…―alcé una ceja. Él se rió aún más.
―No estaba tan agotado como ahora…―admitió― Tendrá que esperar bastante, la chiquilla.
Sonreí aún más orgullosa mientras le acariciaba el oscuro cabello y lo acunaba en mis brazos. Sabía que Eden se esforzaba por mantenerse despierto…
―En la salud y la enfermedad…―nos burlamos al unísono.
―Cariño, duerme un poco…―supliqué.
No pudo quejarse, sólo suspirar. Me rodeó la cintura con sus fuertes brazos, al tiempo que lo acomodaba en los míos… Era algo triste pasar lo que quedaba de nuestra hora solo en esto, pero al menos estábamos juntos y no habría interrupción alguna…
Puse los ojos como platos al darme cuenta de las pretensiones de Eden…Quería que viera por mí misma que él estaba en lo cierto: El lazo angelical disminuye con su debilidad. Ay, mierda…

No me di cuenta el instante en que me quedé dormida, pero al despertar, estaba otra vez encerrada dentro del cuerpo de la estúpida criaturita. Veía a través de sus ojos, con impotencia…veía a mi Eden profundamente dormido, solo que ahora estaba acostado sobre su cama y tenía un paño húmedo sobre la cabeza.
Escuché la voz del ángel como ecos dentro de lo que se supone era la “habitación de su mente”.
―Ahora verás Lucifer…lo que pasa por haberme desafiado…―rompió en una risita minúscula…
…al tiempo de que la imagen de Eden desaparecía y me sumía en la profunda oscuridad. Otra vez, pensé. Mientras me sentaba en el suelo y rodeaba mis piernas con los brazos, la impotencia hacía que la cabeza me doliera con intensidad.
El tiempo transcurría de forma desigual dentro de la mente del ángel, con frecuencia me preguntaba qué pasaba allá afuera, luego me imaginaba los espantosos rituales de purificación demoniaca y me daban escalofríos. ¡Qué desagradable era estar atrapada ahí dentro! ¡Por no decir aburrido! Al menos me podrían aparecer unas cartas y jugar unas partidas de solitario o… ¡no lo sé!... ¡Pero demonios, estar aquí ya de por si es una mierda!
― ¿Aburrida, Lucifer?― la voz de Gabrielle se oyó en un eco estridente dentro de la oscuridad.
― ¿Tú qué crees?― dije mientras me balanceaba sobre mi columna mientras abrazaba mis rodillas con fuerza… (¿Qué? Estaba aburrida…).
Su risa ronroneante me hizo parar en seco.
―Creo que te he conseguido algo interesante que ver, compañera…―dijo, su tono daba a entender una muda sonrisa.
Fruncí el ceño de forma automática y me puse de pie de un salto, para caer de rodillas de golpe al ver la imagen que se formó a mis pies…
…dentro del lago ondulante, que me servía de vista para el exterior, estaba el rostro de Eden. El cual, consumido por una expresión dolorosa, apretaba sus ojos con fuerza. Pero luego, al abrirlos, reconocí sus pupilas dilatadas de éxtasis, su respiración acelerada producto del acto, del cansancio…y más aún sus inconfundibles jadeos extenuados…
Dentro de mí, algo se quebró y la ira recorrió mis venas con rapidez, comencé a sudar de la rabia, y a temblar incontrolablemente…pero toda sensación se esfumó en cuanto escuché los suaves gemidos de Gabrielle…
No pude más, fue demasiado para mí, llegué al tope de la ira y los celos. Mis hombros se destensaron, me sentí vacía, sola y triste, extremadamente triste. No podía hacer nada, me quedé allí, indignada y dolida, escuchando los jadeos de mi esposo y los gemidos del ángel. Aparté la mirada, pero la imagen del cuerpo de Eden perseguía a mis ojos incontrolablemente, veía su torso tensarse, sus pectorales sudar, su cuello dilatarse…sus labios pasando por los pechos del ángel…
―Ahora ella va abajo, ¿eh?― susurré, Gabrielle había roto en alaridos y gemidos de deseo y placer.
Sus cuerpos parecían compactarse a la perfección, yo no podía ver mucho, pero el solo observar de cerca el cuerpo de mi esposo a través de los sádicos ojos del ángel bastaba para saberlo.
― ¡Eden!― comenzó a gritar Gabrielle. Di un escalofrío. Mi labio inferior comenzó a temblar…
― ¡Lucy!― ladró Eden una y otra vez…
El alma me volvió al cuerpo al recordar una frase que él mismo me había enseñado: “No es a quien engañes, es a quien pidas…”. Jamás le había entendido nada, ahora sí. Caí en el suelo, completamente agotada, llorando y gimiendo como nunca antes lo había hecho…

En cuanto sentí algo dentro de la mente del ángel, la estancia se nubló, oí gritos por todas partes. La temperatura de la estancia aumentó de forma perturbante. Mi cuerpo pareció fundirse en el suelo, no podía moverme, comencé a gritar de forma instintiva…
Mi piel comenzó a romperse en mis brazos y mis piernas, no faltó mucho para que el dolor hiciese su aparición, todo el cuerpo comenzó a arderme con intensidad. Por instinto me revolví una y otra vez mientras oía el desagradable sonido de mi piel despegarse de los músculos, comencé a resbalarme por el líquido que desprendía mi cuerpo, estaba caliente, como el resto de la habitación ¿de verdad esa era mi sangre? No podía asegurarlo, no podía ver gracias a las lágrimas que inundaban mis ojos. Mi cara comenzó a estirarse, o al menos así lo sentía, mis gritos fueron eclipsados por mis propios labios…


― ¡Lucy!, Mi amor... Despierta, estoy aquí― el calor de unos brazos me envolvió…
Su sudor en mi piel despertó una creciente sensación dormida, me aferré a esa ilusión con fuerza. Me había desmayado, lo sabía, era imposible que el mes acabara tan rápido…
―Lucy…―susurró su voz áspera en mi oído. Abrí los ojos…
―Eden…―susurré acariciando su rostro, se veía tan real.
―Lucy, no sabes cuánto lo siento…no sabes…no…ella…yo no…―tartamudeó. La lindura de su rostro me llevó a apoyar mis labios sobre los suyos.
―Ojalá este sueño durara para siempre…―balbuceé contra sus labios.
―No soy un sueño, Lucifer.― rugió con suavidad. Puse los ojos como platos.
― ¿Qué…?
―No creí que algo como esto fuese suficiente…―murmuró― pero esto solo nos dará algo de tiempo…
―Explícate.―siseé. La molestia vino a mí al instante.
―Escúchame― exigió― Fue después de que le hice… “la promesa”― su expresión se contrajo, asqueado― De verdad no quería hacerlo, por eso empecé a buscar formas desesperadas de ahuyentarla…entonces me encontré con esta bruja, y me dijo que…que lo hiciera con ella. Que después entendería y, yo…te llamé…y no…pude creerlo…hasta que…tú…Lucy…Lucy…―su voz se fue apagando lentamente a medida que caía rendido en mis brazos.
Por alguna razón extraña, yo también estaba agotada. La piel me comenzó a palpitar en su totalidad, dejé el peso de mi esposo caer sobre mí para, finalmente, caer inconsciente en la cama…




El susurro de Eden me hizo abrir los ojos de golpe. Estaba agotada y mareada, no recordaba muy bien lo sucedido esa noche…
―Tienes que comer algo, Lu. Levántate…― al decir esto, me tomó por los hombros y me sentó en la cama con un cuidado feroz.
Yo estaba en un estado taciturno, no podía pensar con claridad, así que dejé caer mi cabeza sobre su hombro y me acomodé en su costado ¿Había sido tan rápido el paso del mes? ¿O acaso Gabrielle se había convalecido de nosotros?
Pensé las cosas con detenimiento, cuando la imagen de Eden haciendo el amor con Gabrielle inundó mis ojos. Di una arqueada, mientras todo volvía a mí con rapidez, él quería decirme algo la otra noche ¿Qué demonios había sucedido?
― ¿Dónde estoy?―dijeron mis labios, busqué sus ojos grises con rapidez― ¿Dónde Estamos?
―En mi casa.―dijo una voz femenina, interrumpiendo a mi esposo de forma inesperada.―Me alegro de verte despierta, cariño.
Ante mi estaba un rostro que duré mucho tiempo en reconocer. Ella había estado presente en nuestra boda, jamás la había visto antes de eso, conservaba su rostro tan pulcro como ese día: blanco como la nieve, labios coloreados de un rojo intenso que hacía resplandecer inmensamente sus ojos azules, el cabello color ocre caía en gruesas ondulaciones por sus fuertes hombros, cada punta besaba sus prominentes pechos ocultos por una bata de seda negra…
― ¿Quién eres?―pregunté con el ceño fruncido al ver la descarada indumentaria de la mujer frente a mí.
Un reflejo de luz intensa iluminó sus ojos al sonreír,  dirigió la vista a mi esposo antes de responder:
―Tengo muchos nombres, cariño, pero puedes llamarme Sibila.
Algo dentro de mí comenzó a revolverse, no supe qué.
Pero en cuanto aquella mujer dijo su nombre una punzada de dolor atravesó mi pecho, al proferir un quejido inconsciente, Eden me apretó los hombros con fuerza antes de recostarme de nuevo en la cama.
―Eden…―gemí asustada. El dolor crecía conforme la mujer se acercaba y rodeaba la cama para colocarse frente a mi esposo― ¡EDEN!
Grité desesperada en cuanto el dolor comenzó a extenderse, comenzaba a sentir como me quemaba el pecho, como si algo se abriera en mi interior…como si…estuviese en medio de la conversión.
―Shhh…―susurró Eden con voz seria mientras me apresaba los hombros a la cama. Comencé a retorcerme a causa del dolor― Sibila, termina esto rápido.―ordenó con voz seria.
No dejaba de gritar por nada, el dolor refulgía en mi interior quemando el resto de mi cuerpo, me ahogaba por completo. Ya no lograba escuchar nada más que mis gritos, que hacían eco en toda la habitación.
―¡EDEN!― llamé una y otra vez
―Pasará pronto, Lu.―aseguró con un susurro mientras se aferraba aún más a mis hombros, alcé mis manos y tomé sus brazos.― ¡Sibila, hazlo ya!―gritó con fuerte exigencia.
―Espera un poco― dijo Sibila con tranquilidad, mientras tomaba mi cabeza entre sus manos. Su contacto carcomió mi piel y contrajo todos mis músculos…
¡¿A qué demonios se refiere esa perra con esperar?! ¡Me duele, demonios!
―¡SUELTAME!― grité agitando la cabeza con exasperación― ¡SUELTAME! ¡TU…!
―Cállate, Lucifer.―siseó ella― Ya basta, Gabrielle.―ordenó, de la sorpresa me quedé completamente muda.―Perdiste el control, no puedes hacer nada…
―NO―soltó mi boca sin que pudiese evitarlo.
― ¿Esa es acaso la única palabra que sabes decir, Gabrielle?― se burló Sibila.― Ya se acabó, no seguirás con esto…―sentí como su dedo pulgar se apoyaba en el centro de mi frente, aplicó mucha más presión…
…Sentí su dedo fundirse bajo mi piel, adentrarse en mis huesos con una oleada insoportable de dolor, pero en seguida se fue apaciguando. Oí un grito dentro de mi mente, un gemido angelical, Gabrielle estaba siendo apresada…
Respiré profundamente en cuanto el dolor desapareció. Las manos me hormigueaban al aflojar el contacto con los brazos de Eden, abrí las manos con lentitud, mis huesos crujieron. Poco a poco, vi el rostro de mi esposo,  no había emoción perceptible en sus facciones, no había nada de hecho. Parecía, de alguna forma, destrozado, como si todo sentimiento hubiese desaparecido de su corazón.
―Lu…―llamó Eden con un sollozo inesperado― Lu…Lo siento…Lo siento tanto…
No podía procesar las cosas con rapidez, así que me quedé congelada mientras me envolvía en sus brazos. Sibila puso una mano en mi hombro, no provocó nada, pero estaba tan helada que no pude contener el estremecimiento.
―Escucha, con lo que he hecho, Gabrielle no intervendrá más entre ustedes. Pero, para eso tienen que irse de este lugar lo más pronto posible…

Las cosas sucedían a mi alrededor mucho más rápido de lo que podía percibir. Eden me había levantado de la cama y me sostenía junto a él con un brazo alrededor de mi cintura, sentía su garganta vibrar contra mi frente apoyada en ella, él había estado hablando todo este tiempo, pero no escuchaba palabra alguna. Veía a Sibila difusa, pasar a nuestro alrededor tomando cosas en sus manos y poniéndolas en bolsos bastante grandes, al parecer, ella le estaba respondiendo a mi esposo.
Luego, con una delicadeza muy anormal en él, me llevó de nuevo al cuarto donde me había despertado momentos antes. Me acarició el rostro con suavidad, y yo respondí al contacto con un largo suspiro, me fundí en sus ojos grises, tristes y preocupados.
―Lucy, hay que irnos, bella.― me dio un beso en la frente antes de llevarme a la cama, se sentó frente a mí y tomó mis manos con fuerza.― ¿entiendes?
Negué con la cabeza varias veces.
―Bien, escúchame entonces― suspiró―Lucy, el trabajo de Gabriel se ha desviado, ha cometido el mayor de los pecados, y ahora está en el proceso de Caída...
― Le arrancarán las alas― musité.
―Así es, cariño, pero no podemos permitir que la encuentren si aún está dentro de ti...o te enviarán al infierno junto a ella.
Tragué en seco, no quería que eso sucediese, no con la posibilidad de separarme de Eden definitivamente. No podía entrar al infierno otra vez o no había salida alguna hasta dentro de miles de años...
―Tenemos que irnos, para encontrar la forma de separarlas. Ya yo no estoy influenciado por los lazos del ángel. Así que saldremos de Sodoma, mañana en la mañana, buscaremos a alguien q se decida a ayudarnos...
―Pero, Eden, hay demonios y ángeles por todas partes...―refuté insegura.―Será muy difícil...
―Lo sé, Lucy. Lo sé muy bien, pero no estoy dispuesto a perderte, encontraremos la manera. Iniciaremos en Gomorra, pero, sino encontramos nada, tendremos que ir aún más lejos...
Negué con la cabeza.
―Eden, ¿no lo entiendes? Nosotros...
―Lucy... ¡Eso no me importa! ¡Nada me importa! No quiero desperdiciar esta oportunidad― rugió furioso― ¡NO PERMITIRE QUE TE ALEJES DE MI POR NINGUN MOTIVO!
Su tono de furia y su expresión iracunda sólo reflejaban una cosa: inseguridad. Eden no tenía ni la más mínima idea de lo que debía hacer, no sabía a qué se enfrentaba. Pero eso, aunque fuese desesperante (e inmaduro) no me importaba en lo más mínimo...Eden estaba dispuesto a todo.
―Te amo.― susurré lo más bajo que pude.
Lo vi enrojecerse levemente. "Todo el tiempo que ha pasado...y aun así..." Sonreí y me alcé para apoyar mis labios sobre los suyos.
―Lu...―susurró contra mis labios, me acarició el rostro y se alejó lentamente― Partimos mañana en la mañana...necesito saber si estás bien...
Asentí, completamente muda. Era la primera vez que Eden se alejaba de mí de esa forma, su dulzura me confundía bastante. Miré sus ojos en busca de vestigios de matiz azulado, en busca de algún rastro de los lazos del ángel...pero nada, absolutamente nada.
―Eden...―susurré. Creo que no era capaz de entender lo que sucedía, por lo que mi pregunta fue bastante forzada:―  ¿qué pasa?
―Lu...―desvió la mirada, algo molesto, usando esa tan típica máscara de indiferencia.
―No pareces tú, amor. ¿Qué tienes?―dije mientras acariciaba su rostro.
Suspiró.
―Lu...―suspiró otra vez― Jamás, jamás he estado tan cerca de perderte como ahora...y no estoy dispuesto a hacerlo, no...No tenía idea de lo mucho que...Te necesito, te quiero, te amo, Lucy.
Me alcé para besarlo, completamente sorprendida. Su actitud, aunque diferente, hacía despertar en mi un sentimiento agradable, él me respondió el beso con ansiedad y dulzura, como siempre; pero me detuvo cuando empecé a descender de su boca al cuello...
―Lu, tenemos que levantarnos temprano...―argumentó, decidido.
―No te preocupes por eso― lo rodeé con mis brazos y me senté sobre él― Te despertaré, cariño...―apoyé mis pechos contra su torso, en tanto besaba su cuello pausadamente― Como lo hacíamos antes ¿recuerdas?
―u hum...― murmuró afirmándolo, en tanto apoyaba mi boca contra la suya. Pero recapacitó rápidamente― Lu...Lu...no...― me apartó de él un poco― Por favor...Tenemos que dormir, cariño, no podemos estar cansados...
―No seas aburrido, Eden. Sabes lo que quieres...―susurré mientras colocaba mi mano en su vientre y descendía...―Será rápido...
―Lucifer...―susurró, alzando su mano y entrelazándola en mi cabello antes de apoyar sus labios contra los míos y besarme por un largo momento  en el que me apoyaba en la cama y alejaba mi mano lasciva y pecaminosa de su cuerpo. Descendió de mis labios hasta el cuello mientras jadeaba― Lucifer, Demon Et Meledicte...no me tentes, Lucifer, por favor...
―Entorpecerás mi trabajo entonces, Eden Enoxeth...―reí al tiempo que buscaba arrancarle la camisa del torso. Pero me detuvo otra vez― ¿Qué pasa, Eden?―jadeé en cuanto besó mis clavículas y alzó mi espalda dolorosamente para besarme por debajo de las costillas, ese era un movimiento, que él sabía, no me gustaba en lo absoluto.
―Tenemos que estar atentos, Lu. No podemos distraernos con esto...
― ¿Qué estas...?
― ¿Tienes idea...― me cortó― de mucho que te he añorado estos meses?― se separó de mi por completo, sus palabras fueron expulsadas con rabia y desenfreno.
....Espera un momento...dijo... ¿meses?...meses...
― ¿Meses?―repetí― ¿Meses, Eden? ¿Meses? ¡¿Meses?!
Suspiró.
―Sí, Lucy...tres meses...―entornó los ojos y se separó de mí, clavando la mirada en las sábanas― Dos como Gabrielle y uno en estado comatoso, a veces despertabas, pero no eras tú en realidad, no, hasta hoy. Pensé que jamás despertarías...y ahora que lo hiciste, tengo que encontrar la forma de sacar a Gabrielle de allí...
―Meses― susurré asintiendo a modo de comprensión.
Él alzó una ceja y me miró con burla. Negué con la cabeza varias veces, avergonzada, estaba tan choqueada que no lograba coordinar bien las palabras.
―Eden, yo...no tenía idea...no entiendo cómo...
―Pasó un mes desde que me acosté con Gabrielle, Lu.― aclaró rápidamente ante la interrogante que, por celos, se formaba en mi cabeza.
―Entonces quiero hacer el amor contigo, ahora mismo.― me oí decir.
―No, Lucifer. De todas las preguntas que me pudiste haber formulado ¿era esa la única que te interesaba?
―La verdad sí, porque ahora te tengo para mí. Gabrielle no podrá interferir...ya no tiene influencia sobre mi cuerpo, ni el tuyo, y eso es lo único que me interesa. Mañana emprenderemos la búsqueda, y no tendremos tiempo para hacerlo...así que...
―Lucy, sólo espera un poco ¿si? Yo también quiero hacerlo, pero, tenemos que esperar, al menos hasta que lleguemos a Gomorra.
― ¿Gomorra? Gomorra está a dos días en auto, Eden...―reproché.
― ¡LUCY!―rugió exasperado, había perdido la paciencia, las venas de su cuello se dilataron― ¡Entiende de una vez! ¡No quiero arriesgarte tan pronto! Gabrielle sigue allí, no quiero que mientras lo hagamos...
Puse los ojos como platos.
―¿Y te costaba mucho decir eso desde el principio, Eden?― rugí a mi vez― Idiota orgulloso.
―Ve a dormir.―dijo levantándose de la cama...pero me miró y se echó a mi lado envolviéndome en sus brazos sin decir nada.
― ¿No ibas a algún lado, esposo?―reí acurrucándome en su cuello, entrelazando nuestras piernas.
―Cállate.

Sodoma, 5 años antes...
 Existen miles de razones por las cuales un demonio se encuentra oculto entre los humanos, en mi caso, sólo se trataba de simple y llano aburrimiento, tenía ganas de tentar a alguien. De dormir con ese alguien y causarle una que otra desdicha, ya estaba extenuada de tantos demonios, y ese humano, el cual sería elegido como "Futuro Papa" era el mejor que podría influenciar.
Bien parecido, fornido, de extraños y serios ojos grises. De actitud distante y severa, de presencia dulce y extraña, protegido por el Cielo. Más perfecto imposible. Sonreí para mis adentros mientras lo observaba, éste sería sin duda uno de mis mejores trabajos.
Me acerqué con cautela, después de todo, éste lugar no era muy concurrido, estábamos al aire libre y las presentaciones no serían tan sencillas como en un bar o una fiesta.
Simulé tropezarme con su hombro, ambos nos detuvimos.
―¡Oh! !Lo siento mucho!― dije con simulado arrepentimiento.
―No te preocupes.―farfulló con indiferencia y siguió su camino.
Su reacción fue bastante extraña a decir verdad, no esperaba que me ignorase de esa forma, menos aun teniendo en cuenta que me miró directamente a los ojos. Ese humano era bastante extraño.

Seguí observándolo por al menos unos tres días antes de dar el paso esencial, no era un chico muy abierto a los demás pero si elocuente y atractivo. Podía jugar con cualquier mujer que despertara el mínimo interés en él, e incluso en ese momento contaba con una novia disimulada. Su familia era dueña de una de las más grandes empresas dentro de Sodoma, además su mente parecía estar inundada con codicia concentrada; pero hasta que no me presentase ante él como demonio (y me acercara lo suficiente) no podría asegurarlo. Su mente y sus acciones eran sumamente enigmáticas a pesar de tratarse de un ser humano.


Sodoma, Hoy

Desperté abriendo los ojos con lentitud. La garganta de Eden impedía que la luz chocara directamente con mis ojos, lo rodeé con mis brazos tras exhalar un suspiro efuso.
―Bueenos días― dije, mientras bostezaba; sabía que él no estaba despierto, asi que lo besé en el hueco de sus clavículas antes de seguir.―Me dijiste que teníamos que levantarnos temprano, cariño...
―Lo sé, Lu― suspiró, revolviéndose para levantarse. Su rostro fue iluminado tenuemente por la luz del amanecer en cuanto se encontró con el mío...
Sus facciones eran besadas con lentitud con los diminutos rayos, lo cual hacía de ellas un hermoso desnivel de claro-oscuro, el cual era difícil de perceptir en la densa oscuridad así como a pleno día, sus ojos brillaban con una pequeñísima luz blanca, que con dificultad hacía relucir sus penetrantes ojos grises...
―Hagamos el amor...―dijeron mis labios, extasiados por la belleza de mi esposo.
―Lo haremos, Lucy, cuando lleguemos a Gomorra...― me besó en la sien con suavidad, descendió a mis labios y rugió en cuanto mi pierna se enganchó a su cintura― Lucifer...― se quejó, pero no apartó sus labios de mi piel― Deja de ser tan impaciente por favor...
Aflojé mi agarre con renuencia, mientras él, con la misma renuencia, se apartaba de mí y abría las cortinas. El amanecer venía poco a poco, cuando la luz logró iluminar el cuarto al fin, fue que noté las bolsas bajo sus ojos.
―No dormiste nada.―aseguré, mientras me bajaba de la cama y me quitaba el vestido de seda que llevaba puesto, quedándome sólo en ropa interior.
―Cállate.―dijo él al tiempo que se acercaba a mí, con una camiseta negra y me la colocaba.― y ve a buscar unos jeans...
Lo miré de hito en hito.
― ¿Jeans? ¡¿Estás bromeando?!― Ahora sí, estaba convencida de que Eden no pretendía tener sexo conmigo.
―No.
Seguía renuente, pero asustado. Hice rápidamente lo que me ordenaba y enterré mi cara en su pecho, amplio y fuerte.
―vamos― dije, mientras lo halaba hacia afuera.
Era duro (y muy, pero muy gracioso) ver lo serio que estaba, me tomó mucho tiempo (del cuarto, a la cocina de Sibila, en realidad...) Averiguar que era lo que pasaba: estaba haciendo un berrinche interno.
Apreté su costado con suavidad, mientras retenía las ganas de echarme a reír, Eden pareció darse cuenta de mis intenciones, por lo que se zafó de mi abrazo y me tomó de la mano con renuencia. Vi su labio inferior sobresalir levemente.
¡Ah! ¡Este niño grande!, pensé con una sonrisa, que se desvaneció no más al ver a la Sibila.
Llevaba puesto un vestido aún más sugerente que el del día anterior: totalmente adherido a su figura, de seda color ónice que caía en cascada por sus piernas, mientras que en la parte de arriba estaba sujeto al cuello, dejando ver claramente la línea entre sus pechos. Sus labios se curvearon hacia arriba al ver el rostro de mi esposo.
―cumpliste de mala gana, pero cumpliste...― ronroneó, Sibila con su voz dulce y burlona― ¿Notaste algún cambio durante la noche, Eden?
Sentí como me apretaba la mano firmemente. Por un segundo, sentí un gran vacío...
―No― respondió. Suspiré de alivio.―Podemos marcharnos, ¿cierto?
―Espero que sí― dije, en voz alta, clavando mis ojos en los de la adivina.
Ella asintió con una sonrisa.
―Tengan cuidado.― dijo, y se acercó a mí con un paso que no alcancé a ver, acercó su rostro al mío y me susurró en el oído: ― No permitas que salga, por más que luche. La vida de Eden depende de ello...
Asentí con la respiración contenida, no sabía en realidad quien era esa mujer, pero su sabiduría sobresalía por cada uno de sus poros. Sentí un muy conocido choque eléctrico en la sien, Eden me estaba observando, analizando mis reacciones. Suspiré, y negué con la cabeza, indicándole que todo estaba bien.
Suspiró a su vez, apretando mi mano con suavidad.



Seguimos a Sibila hacia la entrada de su casa, el piso de piedra pulida de las habitaciones no cambió en ninguno de los rincones, así como los estantes de caoba y las delicadas decoraciones. Lo que me hacía pensar en el escaso nivel de humildad de aquella casa. Al salir al exterior me di la vuelta, era completamente distinto a lo que me imaginaba...
...Muchísimo más distinto a lo que me imaginaba...
La casa parecía mucho mas pequeña de lo que era en realidad, totalmente pintada de blanco con espacios cuarteados y las esquinas deterioradas a tal punto que se podían observar los ladrillos, el techo era de láminas de zinc rotas y mal distribuidas, la puerta poseía las mismas rejas que las ventanas, de un color beige muy sucio, cuyas figuras trazadas por los barrotes eran por demás rudimentarios y sin gracia alguna.
"Típico de una bruja", pensé, "siempre buscando la forma de esconderse"
Salimos al pequeño jardín lleno de pasto seco, el cual tenía un camino de piedra cuarteada que daba a la salida. En realidad, parecía una imitación triste de la casa de mi esposo...
¿Y por qué he de describir todo esto?, se preguntarán, pues la realidad es que quiero desviar el hecho de que Eden iba de mi rostro al redondo y sensual culo de la Sibila que no dejaba de menearse mientras caminaba.
Agradecí el momento en que llegamos al gran castaño bajo el cual estaba el enorme (y muuuy discreto) todoterreno de Eden.


La verdad, no estaba interesada en lo mas mínimo de la conversación de la Sibila con mi esposo, así que sólo esperé dentro de la camioneta, acurrucada en el asiento de cuero, a que él arrancara.
Una vez que lo hizo, colocó una mano sobre mi rodilla. Esa señal la conocía bastante bien, me cambié automáticamente del asiento a sus piernas, escondiendo mi rostro en su garganta.
―Háblame...―susurró.
―No sé qué quieres oír, Eden...―reproché, si, estaba algo molesta...
...Principalmente por el hecho de no poder acostarme con él como quería y celosa de la sensualidad de aquella bruja.
Suspiró.
―Dime que te sientes bien.― pidió con voz queda sin dejar de mirar la carretera que ahora se extendía ante nosotros.
―Me siento bien, Eden― dije poniendo los ojos en blanco.
―Dime que no "la" sientes...
Lo pensé unos instantes, sabía que hablaba de Gabrielle, pero no qué pretendía. La busqué con cautela, sin llamarla en ningún momento, el ángel no estaba allí.
―No, Eden, no la siento...―respondí alzando la vista, pero no pude ver sus ojos...
El automóvil arreció a una velocidad inigualable, apenas sentí cuando Eden pisó el acelerador. Movió el volante con agilidad mientras yo me aferraba a su pecho, giró unas cuantas veces en las que sentí como si fuésemos a volcar, hasta que por fin se detuvo con un sonido estrepitoso. Vi el polvo a nuestro alrededor, pero no lograba oír nada con los vidrios a prueba de sonido.
―Espera aquí― me dijo con la respiración un poco acelerada.
Se apeó del carro, buscó unas cuantas cosas en la parte de atrás...
...Fue entonces cuando vi a dónde habíamos llegado...
Sonreí.
Aquella, era la pequeña propiedad del Vaticano en Sodoma, aquella, era la cómoda cabaña donde antiguamente Eden se escapaba de vez en cuando, aquel, era el lugar donde nos habíamos conocido...
Eden me sacó de mis pensamientos abriendo la puerta de la camioneta con tanta fuerza que casi la arranca y plantó un beso exigente en mis labios...
Rodeé su cuello con mis brazos al tiempo que él se colocaba sobre mí y me sacaba del todoterreno sin dejar de besarme. A duras penas escuché cuando cerraba la puerta, me subió a su cintura con audacia mientras entrabamos en el lugar; una vez dentro pegó mi espalda a una de las paredes y besó mi cuello con fiereza...
Gemí de placer, mientras Eden mordía mi cuello con suavidad y yo me aferraba a los suaves cabellos de su nuca.
El calor de su cuerpo aumentó al mismo tiempo que los latidos de mi corazón, le arranqué la camisa de un tirón mientras él hacía lo mismo con la mía. Recorrió mi cuerpo hasta los muslos y rugió:
―Quítate esa mierda.
Me reí mientras besaba su cuello, Eden odiaba los Jeans, pero aparentemente tenía que guardar las apariencias con Sibila. En fin, no supe el momento en que la prenda dejó mi cuerpo, me incliné sobre él y de alguna forma llegamos al suelo (que, para mi sorpresa, estaba lleno de sábanas).
Continuamos arrancando indumentaria hasta que al fin nuestros cuerpos desnudos se encontraron, detallé su cuerpo con mis manos, sus labios pasaron de mordisquear mi cuello a besar mis pechos, e hicimos el amor como tanto habíamos ansiado desde el día anterior...


Sentir el sudor de Eden en mi piel era algo indescriptible, el olor suave y dulce de su piel impregnaba mi nariz y me hacía saborearlo en la lengua.
Estaba recostada de su pecho, sintiendo su respiración acompasada, se había dormido profundamente. Me alcé sobre él, para observar su rostro, cuando un escalofrío recorrió nuestros cuerpos seguido de un agudo chillido animal. 
 ―Eden...―susurré en cuanto colocó su mano en mi cabeza.
― ¿Puedes mover el todoterreno?―preguntó levantándose.
Asentí, me sentía bien y no era necesario salir de la cabaña para mover el automóvil al garaje. Suspiré, no pensaba que las cosas sucederían de esta forma, no pensaba que los llamados "ángeles" rodearían esta zona...

Después de mover la camioneta y extender la barrera (sin moverme un segundo del costado de Eden) me incliné para besar a mi esposo, quien tenía una expresión indescifrable. Me envolvió con sus brazos y yo me acurruqué abrazándolo.
―Eden, estás temblando...―susurré.
―Estoy bien, Lu. Sabes que esas cosas...
―Te repugnan, lo sé. Pero...―lo pensé unos instantes, Eden aún temblaba de rabia.―Sólo...descansemos, mañana tenemos que partir a Gomorra...
Gruñó asintiendo, pero aun así recorrió mi cuerpo desnudo con una mano y pegó mi cadera a la suya... Naturalmente, Eden no pretendía dormir aún.

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