24 abr. 2011

TBW Capitulo 7: Suicidio


VII
Suicidio



Los profesores daban órdenes dentro de todo el bullicio. La mayoría de los alumnos corría por los pasillos en dirección a patio principal. Mientras que Elly y Aart corrían en diferentes direcciones, sin embargo ambos se dirigían al mismo punto: el patio trasero. Donde, muchos metros más arriba, se desataba la guerra…

                             
El fuego y el viento chocaban con rapidez, ocasionando miles de explosiones. Sabían que habían desatado el pánico entre los humanos…pero nada de eso les importaba. Cada uno se enfocaba en el flaqueo del otro, ante la menor distracción, uno acabaría reducido en cenizas y el otro totalmente desfigurado por las ráfagas de viento. La concentración era máxima, pero la debilidad evidente…

Hefestio no podía retener la sangre de su herida, poco a poco su fuerza física disminuía al igual que su visión. Enio no contenía los mareos, el “beso venenoso” comenzaba a carcomerle las entrañas, y a consumirle los labios con rapidez. Sin embargo, la fortaleza mágica de la Graya superaba con creces al Guerrero Antiguo, poco a poco, con paso imperceptible, se aproximaba a él. Lenta y segura, calculadora cual serpiente, la bruja se movía con cautela hacia su objetivo. Enfrentaba sus golpes con fiereza…

Fue cuando Hefestio por fin se entregó a la realidad: no había ataque mutuo. Él atacaba con desesperación y ella se defendía, eso era todo. Era el peor error de un guerrero, y la bandera que identificaba al derrotado…la impotencia en la batalla. 

-Aun insistes…-susurró la bruja, cuya voz se acercaba más a la de una niña- ¿de verdad piensas salir vivo de ésta?

-Por supuesto que no…-rió Hefestio con un suspiro. Sus ataques no cesaban y la defensa de la niña ya no era tan difícil de perceptir.- Pero sería cobarde no dar algo de pelea…

-Cobarde ¿eh?- para éste momento, de forma imprevista, la bruja se encontraba cara a cara con su enemigo- Yo lo llamaría desesperación…o quizás…estupidez.

El Aker dejó de invocar el viento, al mismo tiempo que la bruja lo hizo con el fuego. Enio tomó rápidamente al muchacho por el cuello, alzándolo. Dolorosamente, las cuchillas penetraban en éste, quien arrugaba la expresión pero no lanzaba quejido alguno, por lo que cuando Enio sacó la cruz de su cuerpo con telequinesia, de sus labios sólo salió un “tsk”.

-Pronto tu hermano te hará compañía, admirable fauno…




Aart corría con desesperación. Tomó la decisión de no llamar a su hermano, no quería involucrarlo en nada de lo que haría. Si las brujas seguían con esto, más vale que él mismo fuera el que se metiera en líos. No su molesto “hermano”…cuando llegó jadeando al patio trasero, que no era más que un terreno baldío en donde se planeaba construir una especie de parque para los más jóvenes, se quedó totalmente congelado al alzar la vista…



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Elly sentía el aura mágica proveniente del techo. Pero se convenció de no ir directamente hacia la fuente, era mejor irse por detrás del instituto, sólo necesitaba un salto y ya…un movimiento imprevisto…

En cuanto llegó al patio, vio como un humano se quedaba paralizado en medio de éste. Genial, pensó en tono sarcástico. Cuando alargó la vista hacia el techo, allí, aunque oculta por el cuerpo del muchacho que alzaba, estaba Enio. Cómo no habría de reconocerla, con esas cuchillas resplandeciendo a lo lejos…

En un parpadeo, Enio soltó al chico. Éste cayó de  inmediato, pero a pesar de la larga distancia, la caída no fue retrasada en lo más mínimo. El cuerpo de aquel chico impactó directamente contra el suelo, ocasionando un crujido espantoso y algo parecido al sonido de algo derramándose, como si su contenido viscoso se esparciera por el suelo polvoriento. Elly vio como el cráneo de aquel chico se abría con un nudo en el estómago…pero un grito doloroso, desgarrador y grueso la sacó de la impresión…

-¡HEEEEEEF!


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Aart, lleno de ira incontrolable y un dolor desgarrador corrió hacia el cuerpo de su hermano, cuando alguien lo tomó por detrás. Unos brazos se ceñían alrededor de su cintura…

-¡No!- dijo una voz femenina- ¡Detente! ¡No lo mires!

El Aker, lleno de ira se dio la vuelta tratando de zafarse, reconoció a la chica de inmediato. Aquella hermosa humana de espesa cabellera negra, pero en seguida, la ira terminó con cualquier otro sentimiento…

-¡Suéltame!- rugió Aart sacudiéndose- ¡Suéltame! ¡Hef! ¡Hef!- las palabras se atragantaron en su garganta y se volvieron un nudo, había sido la bruja. Había sido la bruja quien lo había matado…- ¡Hef!... ¡Suéltame, demonios! ¡Déjame! ¡Hef…Hefestio, mi hermano está…!

-¡Escúchame!-rugió la muchacha rodeando a Aart rápidamente y tomándole la cara entre sus manos.- ¡Mírame! –Gritó en cuanto vio como Aart no apartaba la mirada del cadáver- ¡él está muerto! ¡No puedes hacer más nada!- Sus miradas se encontraron, las rodillas de ambos flaquearon…

…Cayeron en el suelo de rodillas, temblando. Aart no podía controlarse, hacía mucho tiempo que había perdido a alguien, no podía hacer más que temblar, tiritar con violencia, para él…todo volvía atrás.

-Shhh…Todo está bien…-susurró la muchacha acariciando sus mejillas. Él no se había percatado de las lágrimas de dolor y rabia que surcaban su rostro.- Tenemos que irnos…

- ¡No!-dijo Aart.- No puedo…Tengo que…-alzó la vista por medio segundo, arriba no había nadie.

Su mente descubrió algo más, ya no había humo ni gritos. La alarma había parado de sonar…

-No otra vez…-susurró el Aker en voz baja.

-Escucha…no podemos seguir aquí…- dijo ella con voz suave.- ¡Los profesores…!-exclamó sorprendida.- ¡¿qué paso con todo?!
 


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Elly se percató muy tarde de la torpeza en sus palabras. No obstante, el muchacho parecía tan inmerso en sus pensamientos que no se dio cuenta de ello, o al menos, parecía estarlo; ya que a pesar de las lágrimas que recorrían sus pálidas mejillas, no había más que una intensa ira ciega enmarcada en sus ojos verdes. Nunca había estado tan cerca de aquél humano, pero la proximidad de su cuerpo no le molestaba en absoluto.

Sin embargo, a pesar de todo, la bruja no dejaba de temblar. Enio estaba allí, no muy lejos debían estar sus hermanas, asechando, riéndose a carcajadas de la muerte de ese inocente. Sin duda alguna la terminarían culpando de eso…o al menos eso pensaba cuando se escuchó un grito estrangulado…

-¿Qué fue lo que pasó?- aulló un profesor de mediana estatura, canoso, que brillaba de la enorme cantidad de sudor en su rostro. Estaba más pálido que su camisa- ¿Qué hacen ustedes dos…?- se acercó poco a poco a los jóvenes.- ¿Ustedes vieron…?

Elly y Aart se miraron unos instantes antes de asentir. El chico había dejado de derramar lágrimas y se aferraba a la bruja, sosteniéndola, más que todo. Elly se sentía mareada y aturdida, pero no como para desplomarse sobre aquel chico (aun así no quería que la soltara por nada del mundo).

-Bueno…-suspiró el profesor- No les preguntaré nada…por ahora, sólo… ¿Saben quién…?

-Mi hermano- respondió el muchacho con firmeza.

Al profesor se le suavizó la expresión, acabó por asentir y mandar a ambos a retirarse lo antes posible. Luego desapareció en busca de ayuda…

-Tenemos que irnos…-dijo el muchacho al cabo de unos segundos- ¿Tu eres…?

A Elly le tomó unos segundos recordar su nombre falso.

-E…Eryn-tartamudeó a modo de respuesta- ¿y tú?

-Aart- respondió con los ojos entornados- ¿Puedes levantarte? Estas muy pálida…

-También tu…-observó la bruja de inmediato.

Ambos temblaban con levedad, pero al final lograron ponerse de pie sin apartarse mucho el uno del otro.



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Aart sostenía firmemente a la chica por los codos, hasta que decidió rodear su cintura con un brazo. Lo mismo hizo ella, acomodándose en sus costillas. Ninguno de los dos parecía poder sostenerse en pie por si mismos…

Una profesora al parecer estaba buscándolos, en cuanto los vio, los guió rápidamente a la enfermería. Allí estaba Amanda, quien casi se cae de sorpresa al ver a Aart  en el estado en que se encontraba, más aún a la chica bajo su brazo. Los sentó a ambos en una camilla, mientras comenzaba a ir de aquí para allá preparando manzanilla y buscando un tensiómetro.

Los muchachos se quedaron allí en la camilla, ocultos por las blancas cortinas.

-¿Estás bien?-preguntó “Eryn” en susurros.

-Algo…-confesó Aart, pensativo.- ¿tu…?

-Estoy bien…esto para ti debe ser…- la chica arrugó la expresión y bajó la mirada. Fue cuando se dio cuenta que estaba aferrada a Aart completamente- Oh! Lo siento…-tartamudeó separándose poco a poco.

El Aker torció una sonrisa que, aunque sincera, no llegaba a sus ojos vacíos.

-No te preocupes…Fue algo muy fuerte lo que vimos…-suspiró cansado- ¿Cómo es que…?

-¿Me creerías si te dijera que fue pura casualidad…?- el tono en que lo dijo sirvió como respuesta tácita para el muchacho, sin embargo, abrió la boca para decir:

-En este mundo no existen las casualidades…

-Tienes razón…-suspiró. Luego aspiró profundamente antes de agregar:- La verdad es que yo…

-¿Aart?- interrumpió la voz de Amanda, quien entraba al cubículo con dos pequeñas tazas de manzanilla en una bandeja- Cariño, el director quiere hablar contigo. Han llamado a los padres de ambos, el suceso fue lamentable…-apuntó con sinceridad- Así que será mejor para ambos, que se queden en sus casas…

Asintieron al mismo tiempo.

-¿No saben por qué…?- exclamaron al unísono para sorpresa de los dos. Pero callaron ante el suspiro de tristeza de la anciana.

-No, mis niños…No sabemos nada. Tomen esto…los hará sentir mejor, o al menos un poco…-a la mujer se le quebró la voz con la última palabra.

Aart, a pesar de la poca sensibilidad que lo abrumaba, dijo con voz tenue:

-No se preocupe, Abuelita.

La mujer soltó una sonrisa débil y salió del cubículo.


Ж

Aart y Elly se quedaron solos una vez más. Tomaron sus tés en silencio, decidieron no formular palabra alguna hasta que el director llegó y comenzó a explicarles cada detalle: no habría clases al día siguiente, y ellos dos en especial estaban absueltos de cualquier examen o tarea por los próximos 3 días. Pero no fue hasta que el director pronunció las siguientes palabras, que ambos reaccionaron con alarma…

-Lamentamos mucho el suicidio de tu hermano…Mi más sentido pésame…

-¡¿Suicidio?!- soltaron ambos al mismo tiempo, Aart con un rugido y Elly con un fiero susurro.

La indignación se hizo presente en las facciones de los jóvenes, mientras que el director los miraba con pena.

-¡Eso no fue un suicidio!- chilló Elly pasándose las manos por el cabello y sosteniéndolo con desesperación.

-¡Hefestio jamás se suicidaría! ¡Eso no es…!- gruñó el muchacho pero se detuvo al ver la expresión del director.

-Sé que es difícil aceptarlo…pero tendrán que hacerlo tarde o temprano…

Elly apretó los labios, vio de reojo como Aart bajaba la mirada y hacía las manos puños. Ahora temblaban de rabia sin lugar a dudas…

Dentro de una media hora, llegaron los familiares respectivos a llevarse a los “especiales” adolescentes…


Una vez en el carro, Berith comenzó el interrogatorio:

-¿Cómo murió el chico, Elly?

-Enio lo tiró del techo.-respondió de forma automática, robótica.

-Enio…-asintió Berith, aunque su tono parecía más bien una pregunta.

-Sí.

-La Graya…Enio…

-Sí.

-Dices que ella mató al chico…

-Sí.

-Um…

-¡¿UM?! ¡¿CÓMO QUE “UM”?! ¡UN SIMPLE “UM” NO SOLUCIONA LAS COSAS BERITH! ¡EL CHICO ESTÁ MUERTO! ¡Y SIN DUDA ME CULPARÁN DE SU MUERTE! –gritó Elly consumida por la ira e histeria, sus ojos resplandecían ardientes pero al mismo tiempo parecían oscurecerse más y más. Su cuerpo comenzó a emitir chispas y su cabello parecía ser azotado por una suave brisa, de no haber estado un demonio al volante, seguro hubiesen chocado.

-Cálmate, Elly. Se vio como un simple suicidio… No habrá investigación. –pronunció la diablesa con total tranquilidad.

-¡BERITH, DEMONIA, NO LO ENTIENDES! ELLAS ESTÁN…

-No te pueden tocar, Elly.

Elly bufó de rabia y se alegró de haber llegado ya al edificio. Se bajó del carro y lanzó un fuerte portazo que destrozó por completo la puerta del pequeño (y caro) automóvil.



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Aart aguantaba la respiración conteniendo la ira. Es mejor desmayarse que explotar, se repetía una y otra vez, mientras el jefe hablaba con el director. Decidían algo sobre el cuerpo de Hefestio, decidían qué hacer con el despojo desmembrado que se supone, había sido su hermano… Pero lo que más lo ahogaba en sí mismo era el hecho  que repitieran la palabra “suicidio” con una frecuencia atroz.

Aart no era, ni sería, escuchado por nadie, eso lo tenía más que claro. Le dolía la cabeza con tan solo escuchar las palabras que intercambiaban aquellas personas, incluso hablaban de él, suponían de su debilidad y, de alguna forma, lo denigraban. Sólo una cortina los separaba de ellos, veía sus sombras por debajo de ésta mientras yacía recostado en aquella camilla.  Él sabía quién era, él sabía lo que había visto…había visto como una brillante mano sostenía en alto a su hermano, lo había visto caer con una rapidez inhumana…pero eso nada importaba. Sus palabras jamás serían escuchadas por nadie…

Él estaba acostumbrado a eso, a ser señalado por alguien que no era en realidad, escuchaba cada palabra y le hacía hervir la sangre. Las palabras se inyectaban en sus venas, recorriendo su cuerpo, sembrando el pútrido odio y desgarrante ira que lo consumía poco a poco. Y sólo había una culpable, aquella bruja que había destruido todo hasta resumirlo en un borroso y oscuro recuerdo clavado en su mente como una dolorosa y gigantesca estaca…


-¿Aart? Hijo…tenemos que irnos…-la voz del jefe se escuchó de pronto, mientras Aart, quien estaba inmerso en un lago de pensamientos, sentía que le movían el hombro.- Vamos a casa, podrás descansar lo que quieras…

El muchacho observó al hombre que ahora interpretaba el papel de su “padre”. Sus ojos eran profundamente negros al igual que su cabello tan corto que dejaba la frente bien descubierta. De alguna forma, para el joven, todo en él le parecía una farsa: las marcas de sus líneas de expresión, sus ojos “amables” y su trabajada barba negra…parecía sólo otro de sus disfraces para el papel que debía interpretar para los humanos.

-Está bien- asintió el joven Aker sin dejar de entornar los ojos. Una mujer, poco más joven que su “padre” con la piel sumamente pálida, ojos azul cielo y larga melena negra,  lo sostuvo por sus hombros con amabilidad y lo guió por el pasillo- Así que tú vas a ser mi madre esta vez, Amy- susurró Aart por lo bajo con voz ronca.

-Cállate- siseó ella a modo de respuesta- Vincent pensó que era lo mejor… Cree que me tienes más confianza…

-¿Por lo de la otra noche?- ¡bah!, pensó el muchacho.- ¿Me estás lanzando una indirecta?- pues no pienso repetirlo otra vez. Amy se quedó en silencio.- No necesito que me consuelen otra vez, gracias- rugió y se zafó del agarre de la mujer…

…Aart corrió directo a la camioneta de Hefestio. No planeaba ser llevado a casa por aquellos “actores”. Aunque, ahora que lo pensaba bien, Hefestio le dio las llaves esa misma mañana deliberadamente…lo encomendó a que las “sostuviera por un momento” pero luego, jamás se las pidió.

El chico, ya con el motor activo, se aferró fuertemente al volante. Su respiración se entrecortó y examinó las nulas posibilidades  de haber imaginado todo, de que…Hefestio en verdad quisiera suicidarse… Pero las descartó de inmediato al recordar la reacción de la chica al escuchar la palabra “suicidio”, cabía la posibilidad…ella…pudo haber visto algo. Aspiró profundamente y puso la camioneta en marcha, eso lo tenía que arreglar lo más pronto posible. Por ahora, tenía que enfrentar unas cuantas reprimendas…



Ya dentro de la gran mansión a la que podría llamar “hogar”. Aart se hundió en su gruesa chaqueta de cuero y metió las manos en los bolsillos. Se recostó de la pared más cercana y esperó…Oyó el ronroneo del Mercedes al apagarse, más tarde, los pasos en el pasillo. Cerró los ojos y contó hasta tres…

-Aart. Necesito hablar contigo…-dijo el primer actor, su supuesto padre: Vincent.

-Dime algo que no sepa- repuso el chico con voz cansada y abrió los ojos. Al encontrarse con los de Vincent se sorprendió, estaban visiblemente dolidos. Sin embargo, no musitó palabra alguna.

-Aart, hermano- continuó Vincent- necesito que veas algo…-sacó una nota de papel de su bolsillo. Perfectamente lisa y doblada- Sé que es difícil de creer…pero...Es lo más común en estos días, recuerda, a veces la soledad de los de nuestra especie no es visible hasta que sea demasiado tarde…

-¿Qué estás…?- Aart frunció el ceño y puso los ojos como platos mientras se enderezaba.

-Encontramos esto en su habitación. Es para ti… - musitó mientras extendía la hoja hacia Aart, quien la tomó incrédulo…

En el dorso ponía “Aart” mientras que, al abrirla, las palabras prácticamente se expulsaban al exterior…o al menos eso fue lo que le pareció al muchacho al leerlas…

Aart, hermano si estás leyendo esto ahora es porque estoy muerto. Lo siento, no pude con esto. Fue más de lo que podía soportar, quizás si…no lo sé…hubiera utilizado la fortaleza que tienes, sólo quizás, no hubiese acabado de esta forma.

No pude seguir cargando más con éste peso tan grande, lamento haberte dejado solo. No quisiera, pero debo hacerlo. No quiero que te involucres en nada de esto, quiero que vivas Aart, te suplico, no te ciegues por el odio. Te confunde, consume y debilita… ¡te mata!

Ve las cosas con más profundidad, hermano, no te dejes llevar por las apariencias. No confíes en nadie, puede que parezca que te hace un bien, puede que te alivie el dolor…pero nunca se sabe que hay detrás. Hermano, piensa las cosas con calma, si morí es porque tenía que pasar y ya…

Por favor, cumple lo que te pido y no dejes de escuchar a tu instinto. Yo no lo hice, y mira como he acabado…

Hefestio.

Al muchacho comienzan a temblarle las manos mientras lee la nota una y otra vez. No sabía cómo interpretar esa nota, la confusión lo abrumaba… Hefestio no podía haberse suicidado, acaso… ¿había algo más? Si era así… ¿entonces…?

-Aart…-dijo Vincent de pronto, apoyando una mano en el hombro del chico- Esto no ha sido fácil para ti lo sé…

Aart tragó en seco.

-Ne…necesito descansar un rato, mañana terminaré de aclarar las ideas…-tartamudeó luego de un minuto de silencio. Su expresión delataba dolor, pero su mente era agobiada por el cálculo, la percepción y el análisis.

-Entiendo…pero…-Vincent tomó una gran bocanada de aire antes de seguir- Necesito que me digas si continuaras yendo a ese instituto, si lo deseas haré los tramites ya mis…

-No.- la voz del chico era oscura al pronunciar sus palabras con lentitud- Terminaré lo que comencé allí…-luego, añadió con un tono de amabilidad y dulzura cortante- Eso es lo que él hubiese querido…

-Tienes razón- asintió el Aker tras un suspiro- Que descanses, hermano.

En un símbolo de respeto, Vincent se inclinó hacia Aart deliberadamente. El joven lo observó inmutable en tanto sus miradas volvieron a encontrarse, en ese instante, el muchacho se dio la vuelta y corrió directo a su habitación.  Al llegar, tiró la nota de Hefestio al suelo, junto con su chaqueta y su camisa. Se lanzó a la cama boca abajo con el torso desnudo y un mar de pensamientos invadiendo su mente...

Hizo las manos puños en cuanto la imagen del cadáver de Hefestio acudió a su mente como una ráfaga de viento, pero así…con esa difusa visión horrible, cayó rendido dentro del más profundo sueño, reviviendo el dolor de sus oscuros recuerdos…


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