15 mar. 2011

Una Visita Inesperada (OneShot)

(ADVIERTO: No es una de mis mejores historias, pero para matar el tiempo, al menos...! * 3*)


Era todo tarea fácil.

O al menos para esos tres hombres expertos en su trabajo, el primero, alto y delgado, la llamada mente maestra. Controlaba absolutamente todo el procedimiento, sus ojos azabache vigilante habían seguido los pasos de la dueña de la casa por al menos dos semanas, quien era una muchacha de cabello oscuro, bajita,  pero su madurez era delatada por sus pechos, en otras palabras, rondaba los 18.  Éste muchacho, cuya edad prometía un grato futuro y su rostro una buena experiencia oscura, respondía al nombre de Steve.

El segundo, sin embargo, no era tan bien parecido como el primero. Era fácil sospechar de él dada su gran altura, la oscuridad de su piel y su fornida complexión. Pero lo que demarcaba la diferencia eran sus ojos, esas esferas color miel daban una sensación distinta, como si la amabilidad estuviese embotellada en aquella figura tan extraña. Él es el encargado de llevar las cosas pesadas, como es lógico. Su nombre denota la gran ironía de su apariencia: Will.

El tercero era el experto en cosas tecnológicas, al estar destinados a robar laptops y, al menos, un celular blackberry, necesitaban a alguien quien desactivara todos los rastreadores, además de, suponían, la alarma del caro apartamento. Su piel amarillenta delataba procedencia asiática, más su apariencia era del todo atrayente, con unos ojos extrañamente azules y una sonrisa bien trabajada, nada sospechoso en inicio, la confianza era su arma, así como su eficacia de sacar celulares y abrir carteras a desconocidos en el metro: un ladrón experto. Su nombre es bastante tonto, por no decir que totalmente falso: Math.

Los tres, con sus armas bien definidas (nada más que su presencia y 3 navajas) observaron a la muchacha salir del edificio, era de mañana por lo que iba apresurada a la universidad o incluso, podría decirse que a su trabajo dada la elegancia de su traje. Pero nada de esto les importaba a estos personajes, quienes, con ayuda de las habilidades de Math entraron al edificio como si fuese su casa.

--Las llaves/imanes de la entrada y el ascensor necesitaban solo una limitada descarga—murmuraba Math en camino al apartamento.

-¿Sólo dos apartamentos por piso?- exclamó extrañado Will al encontrarse ya frente a la puerta que rezaba: Apto. 12 A

-Sí- respondió Steve con una voz de trueno- y los de al frente nunca están en casa a estas horas…

-Demasiado sencillo- sonrieron el moreno y el asiático al unísono.

Una vez que Math hizo lo suyo con la reja, abrir la puerta no fue más que una acción tonta. Una vez dentro, resaltaron el enorme televisor pantalla plana de la sala, y el laptop colocado descaradamente encima del único sofá, el apartamento no delataba mucha ganancia, tampoco el tamaño esperado, era demasiado sencillo a excepción de esos dos objetos.

-¿Qué tanto nos llevaremos?- se quejó Math- Esto  no es lo que nos prometiste, Steve.

-Paciencia, cerebrito.-ronroneó Steve- La chica está estudiando algo de tecnología y trabaja medio tiempo reparando computadoras, hay que ir al cuarto…
-¡están aquí!- Will había desaparecido sin que ellos se dieran cuenta, y había entrado más rápido que ninguno a las habitaciones- Hay más de 20 computadoras, 14 laptops y ¿cómo no? Una gaveta repleta de BB´s.

Una hermosa sonrisa de satisfacción se extendió por el rostro de los ladrones, lo habían logrado. Abrieron sus mochilas de forma automática y comenzaron a sacar una cantidad increíble de bolsas de basura y cajas de cartón pequeñas. Habían dejado abajo el camión en la planta baja, nadie les preguntó por nada; al parecer, la gente rica suele mudarse mucho en esa zona.

Comenzaron la faena una vez que cerraron la puerta de la entrada. Math desactivaba teléfono por teléfono mientras Will y Steve abrían armarios, gavetas y toda puerta que encontraban. Fuera del apartamento sólo se escuchaba el leve sonido de objetos moviéndose, un delicado ronroneo por parte de criminales expertos.

La manilla de la puerta giró y se oyó un click de la llave abriendo. Steve y Will se quedaron congelados ante la mirada de la muchacha, la dueña absoluta del apartamento. Ella estaba tan sorprendida como ellos, pero, en el instante en que Will se le abalanzó y Steve desenvainó la navaja…

Ella sacó un revólver de su bolso con una rapidez abrumante. Y disparó con audacia a la pierna del moreno. Steve se congeló por completo al ver a su compañero caer contra el suelo gimiendo de dolor.

-Si te mueves te doy en el corazón- rujió la muchacha con voz serena y tosca-¿Ves? Mi mano no tiembla, hablo en serio. –dijo mirando su mano deliberadamente. – pon la navaja en el suelo y tírala hacia acá…

Steve obedeció sin más ni más, en sus ojos se veía la experiencia. Parecía haberse enfrentado a situaciones así infinidades de veces, ante la expectativa de esto, una sonrisa bailó en la comisura del labio de la chica. Sin más dudas, la chica disparó en la otra pierna de Will cuando éste pretendía tomar la navaja del suelo.

-No hagas estupideces, no quiero matarte, así que es mejor que te quedes quietecito- sonrió la muchacha con una tonalidad amable y, en apariencia, cálida- Tampoco tú, el escondido en el armario…

Math aguantó la respiración, pero al final salió despacio del armario con las manos extendidas. Al ver a la chica, entornó los ojos de forma seductora, mientras una sonrisa tímida se extendía por sus labios.

-Vamos, no quieres matar a nadie, cariño. Simplemente déjanos ir…nada de esto ha…

Un fuerte disparo lo hizo callar, Steve intentaba levantarse aprovechando el momento de distracción. El muchacho de ojos oscuros cayó al suelo gimiendo y rugiendo mientras se tomaba la pierna con fuerza.

-¡Maldita perra!-aulló.

La sonrisa en el rostro de la adolescente se hizo completamente visible al tiempo que sus ojos se oscurecían, sacó de su bolso un manojo de tiras blancas de plástico y se las tiró a Math con rapidez, éste las tomó como un reflejo.

-Átalos.- ordenó la chica mientras tomaba el celular y lo apoyaba contra su oreja, habló rápidamente, la conversación con la policía debía ser difusa e inmediata. Al cabo de pocos segundos apagó el aparato y lo metió de nuevo en su bolso… mientras tanto, Math obedecía sin rechistar, por lo que no se dio cuenta en el momento en que ella avanzaba hacia él- Gracias, cariño.- dijo y le atestó un fuerte golpe al asiático en la cabeza.




Los tres hombres despertaron mareados atados a las sillas de la cocina. Se miraron entre ellos incrédulos, luego fue que detallaron a la muchacha sentada frente a ellos...Su cabello oscuro recogido en una coleta, el tatuaje en su hombro derecho, y el cigarrillo sostenido por una mano enguantada de cuero negro le hacían parecer una boxeadora profesional  más su delgada apariencia demostraba con creces lo contrario.

Ellos la miraban a ella y luego a sus cuerpos. Dentro de poco se desangrarían por como siguieran así, increíblemente, el miedo acudió a sus facciones. Más aún Math quien inesperadamente tenía una herida en su costado.

-Hay que pasteurizar sus heridas- dijo la muchacha, pensativa. Mientras señalaba los sartenes de hierro que se calentaban detrás de ella.

-¿Qué…?- consiguió decir Will con voz débil. Al comprender puso los ojos como platos, dejando ver las hermosas joyas ámbar- T…Te descubrirán…

La chica frunció el ceño y se rió.

-¿A mí?- se levantó y tomó una de las sartenes con la mano enguantada- Yo sólo intento ayudarlos, es algo bueno teniendo en cuenta el hecho de que ustedes venían a robar mi casa…Por cierto…-se acercó a Will y le susurró al oído:- mi casa es aprueba de sonido…

Apoyó el sartén contra la pierna desnuda del moreno, mientras éste lanzaba un grito desgarrador. La voz de aquel hombre destrozó el silencio de sus compañeros, quienes comenzaron a lanzar alaridos inentendibles. Ella se limitó a ignorarlos, mientras retiraba la sartén de la pierna con un movimiento rápido, la piel estaba completamente oscura, aún más que antes, trozos de su carne se habían pegado al sartén y ambos humeaban sin parar… Luego, hizo lo mismo con la otra.

-¡Maldita, Loca!- sollozó Will a voz de grito- ¡Mis piernas, Demonios! ¡No!

-Shhh…-siseó la chica mientras tomaba la cara del moreno presionando con rudeza sus mejillas- Mi nombre es Ana, no “maldita”. Así que ni se te ocurra llamarme así otra vez o perderás la pierna por completo… ¿Ok?

El fuerte hombre no hacía más que temblar. Ya no sabía que hacer así que se limitó a asentir.
-Bien, ¿quién sigue?- Ana, divertida, alzó la cara de Steve- ¿Cómo te llamas?

Steve se sentía mareado y no podía sostener bien la cabeza, Ana se la agitó con violencia.

-Te faltan 10 minutos para entrar en estado crítico, así que no juegues conmigo. ¿Cómo te llamas?- rugió Ana.

-Steve- dijo con la palabra atropellada.

-Bien, Steve. Cuando termine tu turno decidirás que hacer con tu amigo ¿está bien?

-S…si…-logró decir el interpelado entre dientes mientras comenzaba a sollozar, al final, su sollozo se convirtió en un rugido atroz…

El sartén hizo un fuerte siseo y Ana rompió a reír escandalosamente.

-¡Valla! Parece que había un trozo de algo dentro esta vez…Creo que entonces me pondré más creativa…

Una vez que el sartén hizo su trabajo con el muslo de Steve y este parara de gritar a expensas de perder el conocimiento, Ana tomó un marcador de hierro, los tenía como colección, mas nunca había tenido la oportunidad de utilizarlos…éste tenía una figura realmente hermosa, un caballo pequeño y muy elaborado, que ahora formaría parte del pecho de Steve, quien al sentir nuevamente la ardezón gritó con rugidos eternos…

-¡Para! ¡No! ¡Detente!- comenzó a exclamar.- Por…favor…-dijo sollozante.

-¿Qué dices?-dijo Ana sorprendida mientras acercaba su oreja a Steve- Me estás diciendo… ¿por FAVOR?

La respiración acelerada sirvió de respuesta para ella, quien con una sonrisa amable acarició el rostro del joven muchacho.

-Nos estamos volviendo educados, eso es excelente…-suspiró-  Pero tenemos que arreglar un asuntito…tu amigo…

-Math…-aclaró Steve jadeante.

-Math…-repitió ella pensativa- Le quedan unos cuantos minutos más antes de que su desangramiento se vuelva irreversible…Su herida está en el costado, sin embargo, la puedo sanar fácilmente…Dime Steve, ¿con qué puedo hacerlo?

-¿Qué?- dijeron Steve y Will al unísono

-Es un maldito problema Jigsaw…-jadeó Math, tratando de mirar a sus acompañantes- Esta maldita, está completamente loca…

-Maaath…-canturreó Ana- Ya dije que me llamo Ana…- decía mientras se colocaba detrás de él, se quitaba los guantes y clavaba sus uñas en sus mejillas, retrajo con dureza apoyando sus pulgares en las orejas del chico…

Éste se quejó con levedad…no sabía el verdadero daño que Ana le proporcionaba, hasta que sintió la presión en el pulmón.

-Time´s Over…-susurró la chica, que tenía la rodilla apoyada contra  el espaldar de la silla y deliberadamente empujaba un cuchillo hacia la espalda de Math…

El chico no murió al instante, Ana recogió la navaja del suelo mientras canturreaba “Todavía queda menos para el chino matar, un minuto más, un minuto más…”. Math, con voz ahogada y luchando contra el sueño inminente alcanzó a decir…

-Racista… ¿Por …qué …soy …el primero?

-Umm…-Ana parpadeó dos veces- El primero… ¡AH! ¡Es verdad! No te puedo matar…-se volvió rápidamente y tomó aguja e hilo y una botella de alcohol. –Qué lástima…no pudimos jugar…

Vació el contenido de la botella una vez que le arrancó la camisa al chico y una gran herida que atravesaba su costado comenzó a burbujear. Con una habilidad aterradora, cerró la herida cosiéndola rápida y lentamente a la vez. Para Math el tiempo debió parecerle eterno, pero gracias al extraño líquido, no pudo sentir mucho

-Necesitarán trasfusiones sanguíneas, aunque ese cuchillo de tu espalda tendrá que ser sacado por un especialista, afortunadamente, no te puedes desangrar…-dijo Ana sonriente- La policía llegará dentro de poco…

-¿Eres idiota?-rugió Will- Te encerrarán por más años que a nosotros…

-¿A mí?- preguntó Ana con inocencia mientras vendaba a Math y luego a Steve- ¿Por qué dices eso…? Este….

-Will- rugió el moreno.- ¡y es obvio! ¡Mira todo lo que nos haz hecho!

-No…-susurró ella mientras pasaba de Steve a Will y continuaba vendando-Aún no he hecho nada, Esto apenas es el comienzo…-añadió con voz siniestra.

Los tres la miraron con los ojos como platos. Ella les sonrió con ternura, y ponía alternativamente la mano sobre la cabeza de cada uno…

-Los voy a dejar preciosos…Su verdadera alma se hará resurgir, como ladrones que son…tienen que verse como tal…

-¿Qu…?- murmuraron los tres al mismo tiempo.

-Ustedes son unas personas muy interesantes a decir verdad…-continuó ella sin prestarles atención. Mientras iba de aquí para allá colocando todo tipo de objetos en la mesa, los cuchillos de cocina de todos los tamaños, unos cuantos corta papas, y de esas cuchillas que hacen que las finas rodajas de zanahoria queden perfectas, si se utiliza la fuerza suficiente- No creí que se decidieran a visitarme nunca…

Steve puso los ojos como platos, al tiempo que Math y Will se miraban entre sí. Ahora que lo recordaban, ella no llevaba esa ropa antes, cuando la vieron salir, vestía de color crema, con un saco y pantalón de oficinista. Pero, cuando apareció en la puerta llevaba una camisa sin mangas negra y un pantalón militar. Ana se percató de que se habían enterado de todo al escuchar el movimiento de las sillas: los hombres temblaban.

-Pero ahora, ya están aquí…-se dio la vuelta sonriente- y la espera por fin ha terminado…

Lo último que vieron antes de gritar fueron los cuchillos en sus manos desnudas, ella trazó un corte limpio, sin demasiada profundidad, por sus frentes, pero la sangre salió lo suficiente como para taparles la visión. Canturreaba una y otra vez canciones inentendibles, pero con rimas constantes mientras cosía la frente abierta de cada uno, luego, por orden, selló los parpados de Math, La boca de Steve y las fosas nasales de Will con hilos negros y resistentes, de los agujeros salía sangre que ella alcoholizaba con cuidado…sin embargo, los hombres no paraban de palidecer, los colores ahora no marcaban, al menos para Ana, diferencia alguna.

Ana estaba contenta mientras cortaba, arrancaba y “perfeccionaba” a cada uno, sus manos tenían un bonito color rojo que se oscurecía al secarse. Pero los hombres eran aún más hermosos que ella, con sus dedos mutilados y su cuerpo cosido, además de la perfecta mata carmesí que cubría sus ropas…un arduo trabajo para lograr su siniestra perfección…

Ella sin embargo, estaba algo decepcionada, hace rato que Math y Will habían muerto. Y Steve seguía moviéndose, la policía no llegaba, parecía que Steve iría a morir también. Observaba su rostro hermoso: su boca completamente sellada, su frente cosida y su pecho lleno de cortes sangrantes…y se preguntaba una y otra vez si la policía llegaría para preservar ese arte vital.

Cuando alguien abrió la puerta de una patada, entraron los uniformados, muchos de ellos  se pararon a vaciar sus estómagos mientras otros corrían hacia los cuerpos. Steve aún respiraba, para alegría de Ana quien orgullosa exclamó mientras le colocaban las esposas:

-¡Al fin he finalizado mi obra!




Tanto tiempo, tanto tiempo le había tomado regresar a la normalidad, incluso había cambiado de nombre, ella quería iniciar una nueva vida. Pero el desespero la sucumbió en cuanto comenzó a sentir que la seguían, oía sus pasos detrás de ella todo el tiempo…

Hasta que ella ya no lo quiso más.

Doblaba en la esquina y seguía a su perseguidor, todo el tiempo lo asechaba sin que él se diera cuenta, y averiguó su siniestro plan.

Una vez, más…Tendría que caer una vez más…

Esperó pacientemente, sintiendo sus ojos en la nuca, hasta el día que decidieran traer el camión. Lo vio al salir de la entrada del edificio. Ya ellos tenían todo listo, sólo tenía que esperar un poco, esperar a que ellos subieran, a que no miraran atrás, mientras ella se quitaba la ropa falsa donde escondía la más cómoda…Entró por el estacionamiento, subió como rayo las escaleras e inició la faena…




Eso se lo describía una y otra vez a la psiquiatra, mientras estaba acostada sobre las sábanas blancas…

Heme aquí otra vez, amarrada a una camilla de hospital, con las manos presas por correas de duro cuero y mi organismo lleno de medicamentos…

Sí, yo soy Ana.

Soy la mujer quien no más a su casa entrar,
De sangre sus manos se empezaron a llenar…
No, no es la primera vez que estoy en este lugar.
Tampoco la primera que me intentan robar,

Sin más preámbulos les voy a contar:

La primera  era inexperta.
Me robaron, sin armas tomar…
Ni menos ni más entregué  mis cosas sin preguntar,
Ellos se marcharon sin mirar atrás…

La segunda, sin embargo, me hizo rabiar,
Rechisté y chillé ante el extraño criminal.
Pero, debido a acciones que no pude evitar,
Se marchó nuevamente con mis cosas del lugar,

La tercera vez si no lo pude evitar,
Mi sentir y mi rabia me hicieron estallar,
¿Nuevamente sin arma me iban a robar?
Saqué rápidamente el exacto del morral,
Y le arrojé éste antes de cortar
Le temblaron las rodillas y calló al matorral,
Sollozante, el descarado, “piedad” comenzó a exclamar…
Mientras yo, con una sonrisa, cortaba su extremidad,
“¡Este aparato es útil en verdad!”
Dije con una voz que no pude identificar
“Me pregunto, ¿Qué más con mis tijeras puedo cortar?”
 El muchacho, aterrado, se comenzó a levantar.
Pero le atesté otro golpe con el morral
Clavé el exacto mil veces sin parar,
Mientras que con la tijera su piel comencé a agujerear
¡Qué hermoso se vio una vez que logré terminar!
Su sangre emanaba sin cesar,
Manchando mi pulcro uniforme escolar.
Sus pies y manos mutilados están,
Yacen fuera de su cuerpo como hojas al secar,
Voy derecho a mi casa con una gran tranquilidad,
Mientras arrastro tras de mí el cuerpo del criminal…
¡Oh, la sorpresa de sus ojos cuando me vieron entrar!

La policía llega al cabo de unas horas,
Más tarde estoy frente a una doctora…

Duro de admitir, aún más duro de expresar,
El hecho de estar enamorada de un acto infernal.
Más cuál es mi sorpresa, años después de salir del hospital
Encontrarme una vez más con semejante deidad.


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