7 nov. 2010

2. Agita

Agita (Palabra en latin, significa sufrimiento horrible. Sale en Elfen Lied! ) 


-Mamá!-gritó el pequeño Jack agitando las manos para saludar a su madre desde el jardín- mira lo que el señor Julian me ha enseñado!

Seis años pasaron desde su nacimiento, sus ojos eran refulgentes y plateados, su rostro era angelical, pero algo maduro para su tierna edad. Sus cabellos eran lacios y del color de la tinta le llegaban a la barbilla y siempre se los tenia que quitar de la cara. Desde que comenzó a caminar, el niño nunca conservaba sus ropas completamente limpias y se la pasaba siempre jugando con los sirvientes. En toda la casa no habia ni un solo mayordomo, esclavo o doncella que no se enterneciera por el jovencito y terminara consintiéndolo.

En cambio, su supuesto padre no se dignaba siquiera a mirarlo. El niño siempre lo veia, pero una vez que habia cumplido los dos años dejó de sonreírle al velo pasar. Habia aprendido a leer antes de que caminara, una habilidad que a su madre le encantaba y maravillaba, pero no a sus familiares...decian que era siniestro y que no tenia la edad suficiente...

-Joven!- dijo Lucinda- Su madre lo ha estado buscando! No se le dijo que no debia correr por ahí solo?

-Lo siento Lucinda!- dijo con una gran sonrisa y una voz super dulce y fina- Pero...estaba con el señor Julian...

-Y porqué no me llamas señora tambien! Tenme algo de respeto!- exigió lucinda devolviéndole la sonrisa.

-poruque...- el niño se quedó pensando unos instantes y se rascó la cabeza- Tu eres mi abuelita Lucinda!  Y Lucinda es Lucinda! Mi abuelita Lucinda!.

-Ah! Ya lo entiendo pequeño...-Lucinda se hechó a reir, le acomodó el cabello y lo empujó con cuidado hacia Elizabeth- Venga ya! Valla a ver a madam que lo ha estado esperando.

-Si, abuelita!.

El niño salió corriendo, con una corona de flores entrelazadas en su pequeña mano. En cuanto llegó con su madre le colocó las flores en las piernas y se sentó a su lado en las escaleras de la casa, que daban una buena vista al jardín donde él estaba antes.

-El señor Julian me ha enseñado, te gustan? Son tuyas!- Elizabetn abrazó a su hijo y le besó la frente, este rio y se acomodó en el regazo de su madre, manchando un poco el vestido.

La mujer buscó tras de si el maletin que siempre cargaba, con las plumas y el tintero. Para poder hablar con su hijo.
“Tienes que darte un baño.”

-Mamá...es que, el señor Julian me dijo que podia hacer más y...- Elizabeth negó con la cabeza y señaló el escrito con la pluma- Está bien.-dijo a regañadientes, su madre le revolvió el cabello a modo de aprobación.
“Haz practicado ya con la pianola?, y tu escritura como va?”

El niño tomó la pluma con cierta torpesa y pensó un rato antes de ponerla en el papel.

Con la pianola estoy bien

Elizabeth sonrió y le tomó la pluma de las manos.

Pero la escritura no tanto verdad?”escribió al ver la caligrafia torpe y un tanto torcida de su pequeño. 

-He estado practicando, pero no me sale bien...

“Estoy segura de que te saldrá de maravilla... Tal y como tu lectura...”

-Es distinto, Mami...-se quejó.

Elizabeth sonrió. Y comenzó a toser y toser. Jack se asustó y llamó a gritos a Lucinda. Esta tomó a Elizabeth y la llevó dentro, la recostó de la cama y rápidamente se quedó dormida.

-no te preocupes, pequeño Jack, tu mami...

Lucinda miró a su alrededor, Jack no estaba con ella. Lo buscó en el patio pero no lo encontraba, llamó a Julian y lo estuvieron buscando por media hora hasta que lo encontraron escondido debajo de las escaleras de la gran casa con la cara oculta entre las rodillas y temblando.

-Pequeño, Jack...qué ocurre?-dijo Lucinda apoyando su áspera mano en el hombro del niño.

-Lucinda, qué va a pasar con mi mamá? Ella siempre está enferma... yo solo me enfermé una vez y eso no se siente bien... no se va a morir verdad?

-No pequeño! Dios! Por qué dices eso?!

-Las pers...onas que duran mucho tie...mpo enfe...rmas mu...eren. S...s..e va...n al cie...lo dijo Jack entre sollozos y lágrimas se levantó de su pequeño escodite y abrazó a Lucinda- N...o vu...el...ven...

Lucinda abrazó al niño y procuró no llorar tambien. Luego lo tomó por los hombros y lo miró fijamente. El niño no paraba de llorar  e intentaba secarse las lágrimas con una mano, lucinda le pasó un  pequeño pañuelo por los ojos y le secó las lágrimas. Sus pequeñas mejillas estaban ardiendo de tanto llorar.

-Escuchame, pequeño. Escuchame bien y respondeme ¿Quién fue que te dijo esto?

El niño respiró profundo e intentó calmarse. Le extendió un papel de pergamino a Lucinda, lo llevaba arrugado y agarrado en su pequeño puño tembloroso.

-Mi mamá- respondió con su fina y tierna voz quebrada por el dolor.

Lucinda tomó el papel en sus manos y lo leyó con asombro.


Querido Jack:

Por favor pequeño no te vallas a asustar. Pero, si estas leyendo esto, es por que tu madre se ha ido a descansar y este es un sueño del que no podré despertar, amor, he estado enferma por mucho, mucho tiempo y mi cuerpo no es el mismo de antes. Cuando las personas duran enfermas mucho tiempo, Dios los ayuda y les envia un ángel para que se vallan al cielo, pero no se llevan el cuerpo sino el alma,  se dice entonces que esta persona muere.
Cuando las personas mueren estas no vuelven, cariño, se quedan por siempre en tu corazón y aunque tu no las puedas ver siempre estarán alli para ti. Por lo que, aunque yo este muerta, siempre estaré contigo, siempre te estaré cuidando pequeño Jack. Te adoro y te aprecio muchísimo mi vida, y no te dejaré nunca. Aunque no puedas verme, siempre estaré alli cuando cierres los ojos, cuando te sientas perdido y solo. 

He de confesarte algo, y es que, tu padre ha venido a verme anoche. No es el señor Nicholas, el que te da miedo, no. Es tu verdadero padre, un hermoso ángel de alas negras que vino muchas noches a visitarme, el fue el enviado por Dios para que tu nacieras, y me ha dicho que tengo que ir con él al cielo, por que mi cuerpo no puede estar más en la tierra. Lamento no poder decirte su nombre pequeño, pero es que hace mucho que no lo logro recordar...

En fin, mi amor, no le dejes leer esto a anadie más que a Lucinda. ¿Entendido? A nadie más.

Te amo, siempre te amaré y te aprecio con todo el cariño de este mundo y sé que tu verdadero padre tambien te ama de la misma manera. No lo olvides nunca

                                                    Tu madre, Elizabeth
                                                                                                                                                             

PD: espero poder confiar en ti Lucinda, para cuando leas esto yo ya me habré ido y te estaré dejando a mi hijo en tus manos. Cuidalo, por favor y si me vas a traicionar entonces....matalo con tus propias manos, porque si tu no lo haces sé que ellos lo harán. Y que te obligarán a verlo. Sé que le haz llegado a tener algo de cariño, y sé que él confia en ti.  Un consejo, quema la carta.


luego preguntó 

-Cuándo te ha dado esto?

-Lo dejó caer, cuando...-

-Dios Mio...-

Lucinda guardó la carta en el bolsillo de Jack y lo llevó en brazos hasta la habitación de su madre

Encontraron a Elizabeth acostada en la cama, con los ojos cerrados y una sonrisa espectacular en el rostro, su expresión era tranquila y serena. Una paz infinita que a Lucinda le provocó que unas pesadas lágrimas zurcaran sus arrugadas mejillas.

-Madam?...-llamó, Elizabeth no respodio- Madam? Su hijo está aquí, madam...

Tocó suavemente el hombro de su ama, pero esta ni se inmutó.

-Mami- dijo Jack bajándose de los brazos de Lucinda y subiéndose en la cama- Te quiero, mami. Ve al cielo.- dicho esto besó la frente de su madre y se alejó corriendo para llorar a solas detrás de la pared. 

…A su madre nunca le gustó verlo llorar…




La triste noticia de la prematura muerte de Elizabeth se extendió por todos los rincones del pequeño pueblo, y sus familiares se apretujaron todos en la casa para ver al cadáver de la joven mujer.

-él la ha matado- dijo su padre entre sollozos- ese hijo del demonio...

-Damon J. Lucebell...-susurró Agnes, la tia de Elizabeth- Tiene el significado que creo..?

-Jack, Demonio hijo de Lucifer. Asi es.

-No puedo creerlo...

-Mi mamá...se la van a llevar verdad?- dijo Jack con una voz nasal y quebrada en cuanto entró en la habitación de la mano de Lucinda.

El silencio reinó la habitación y todos se alejaron del niño, este bajó la mirada con tristeza. Un rayo de luz entró repentinamente e incidió en sus ojos, al tener la mirada baja y muchas ojeras por haber llorado toda la noche, el color de sus ojos pareció completamente negro y sin atisbo de blanco alguno. Se oyó un grito en la habitación.

-Sus ojos!

El niño alzó la vista y ladeó el rostro, su madre siempre le habia elogiado el color de sus ojos pero el modo en que lo decia esa señora le pareció sumamente extraño.

-No se preocupen- dijo una voz tras de el pequeño- Ya no podrá hacerle daño a nadie más...

-Señor!- gritó Lucinda sobresaltada y cargando al niño en brazos- no pretenderá quitarle la vida  a su pequeño!

-Ese no es mi hijo!- gritó Nicholas- pero no podemos matarlo! El padre me propuso algo mejor, para mantenerlo controlado...

-Pero, qué...?- murmuró Lucinda, Jack se aferró a su cuello. No entendia nada de lo que pasaba, pero ese hombre siempre le producia un gran temor.

-Agita.- respondió con una sonrisa oscura en sus facciones.

-No!- gritó Lucinda- no lo puedo permitir!

Jack no comprendia absolutamente nada, pero ya estaba temblando de miedo al ver la expresión de su abuela.

-Elizabeth ha muerto y no hay nada que lo pueda controlar!

-él no ha hecho nada! Llevo 6 años criándolo! Y no ha hecho nada para ser el hijo del demonio! Son ustedes los que le han hecho sufrir! Todos ustedes son unos demonios! Por ustedes es que madam ha muerto! No por este niño!

-Callate esclava!-rugió Nicholas- Si Elizabeth se negó a tratarte como tal, entonces yo si lo haré! Eres una esclava y debes comportarte como tal! ¿Quién demonios te crees?- alzó la mano para golpear a la mujer, Jack comprendió enseguida y tomó la mano de Nicholasentre las suyas.

-Por favor! No le pegues a mi abuelita!- gritó mientras sus pequeñas manos temblaban. Sus ojos resplandecieron y Nicholas sacudió su mano.

-Agita! Por esto!- tomó un mar de pergaminos y los tiró al suelo- y por tu insolencia pequeño demonio!

Jack vió los pergaminos, eran todas sus travesuras, sus lineas juguetonas sobre el papel que tanto le gustaba hacer.
-Qué es eso, pequeño? preguntó Lucinda. Al ver la cantidad de circulos y figuras en los papeles...

-Es que...no queria practicar con la escritura...no lo volveré a hacer!-juró mirando a Nicholas.

-Son emblemas demoniacos- susurró el padre que acababa de entrar en el cuarto mientras tomaba un papel del suelo- que es lo que significa?

-No lo sé! Yo solo los trazo! No lo volveré a hacer!- repitió Jack desesperado, sabia que habia hecho mal. Pero no se imaginó que fuera para tanto.

-Solo estaba jugando!- gritó Lucinda indignada- estos son solo los dibujos de un niño!

-Pero jamás los habias visto, no es asi?- la retó Nicholas y le arrebató al niño de los brazos. Tu decides, o tu o el niño.

Jack se revolvió en los brazos del hombre tratando liberarse, pero este lo apresó y aló de sus cabellos.

-Prefiero mil veces recibir las injurias por mi misma que le hagan daño a este pequeño.

-Y tu que dices, Jack? dijo mientras alaba aun mas el cabello del pequeño, este produjo un minimo quejido. quieres que le hagan daño a tu abuelita por tu culpa?

-No!- gritó él- No le harás nada a Lucinda!

-Entonces...- Nicholas tomó a Jack por el cuello y lo estampó contra el suelo donde estaban todos los papeles- dime que es esto!

-No lo sé- dijo con voz quebrada, pero sin derramar lágrima alguna. El hombre volvió a golpearlo contra el suelo.

-DiME QUE SON!

-No lo sé!-gimió, otra vez sin lágrimas. 

-Pare! Por favor! gritó Lucinda apartando las manos del hombre del niño.

El joven se incorporó gracias a la ayuda de Lucinda y se colocó delante de ella. La cara estaba algo moreteada por los golpes y temblaba ligeramente, sus ojos estaban resplandecientes, pero las lágrimas acumuladas se negaban a salir de ellos.

-No llora...-susurró una voz femenina.- ese niño no llora para nada...

-Por su puesto que no!-gritó Jack y se volvió hacia la mujer- Le prometi a mi mamá que no lloraria nunca frente a ella!

Nicholas le atestó una cachetada al muchacho, este se volvió y aspiró todo el aire que pudo para contener las lágrimas.

-Tu mamá está muerta!

-Lo sé! gritó el niño sosteniéndose con una mano la mejilla hinchada.- Ella...- se quedó callado recordando lo que su madre le habia colocado en la carta que él y Lucinda habian quemado esa mañana.

-Habla! Qué ibas a decir!

-Nada!- negó con la cabeza varias veces y apretó los dientes.

-Ya vas a ver que sivas a hablar...- tomó al niño por los cabellos y lo arrastró hacia fuera de la habitación

-Suelteme! Suélteme!- se quejó Jack- Señor Julian! Ayúdeme! Señor... Ju...

El niño vió como, en medio de la gran sala, unos hombres colocaban a Julian de rodillas y con un cuchillo le abrian la garganta. Dejando escapar un gran rio de sangre de la abertura.

-JULiAN!- gritó Lucinda.- SEÑOR! QUE HA HECHO! JULiAN! lucinda corrió hacia su esposo que yacia inerte en el suelo y sus ropas se colorearon con su sangre. Julian!- sollozó.

Jack gritó, completamente asustado y las cosas comenzaron a temblar dentro de la casa, todos los cuadros cayeron de las paredes y los jarrones fueron a parar al suelo, el piso no se movia, solo las cosas calleron sin más una y otra vez. Los ojos del niño relampaguearon y luchó para safarse del agarre de Nicholas, este salió propulsado hacia atrás y el padre corrió hacia el niño y le estampó la cruz en la cara. Jack gritó del miedo y tembló ante el frio contacto, pero su piel no se vió marcada por nada.

-Corran! Atenlo!- gritó el anciano- Nicholas! Hay que aplicarle el Agita ya!

-Desgraciado!- rugió Nicholas y tomó al niño por los cabellos otra vez y lo apresó en el suelo.

Amarraron sus manos y lo llevaron al sótano de la casa. Lo colocaron contra un poste y apresaron sus manos rodeando a este, le rasgaron la camisa dejando ver su pequeña espalda desnuda.

Poco a poco, el sotano se llenó de voces y de pisadas... El padre dio inicio entonces a la ceremonia...

-En el nombre del padre, del hijo y del espiritu santo...- un coro de innumerables voces le siguieron.

Para el pequeño atado, todo era confuso y los sonidos se le apagaron completamente.

Un cristal caido le permitió a Jack ver lo que ocurria, estaban todos los señores que  acompañaban a su madre hace pocos minutos sentados en unas largas sillas, todos llevaban una cruz entre sus manos y rezaban a la par del padre que se encontraba de espaldas a él. Su supuesto padre, Nicholas estaba junto a él y sostenia una especie de correa entre las manos, asentia ante cada palabra del padre  y luego ofreció las correas a este, el anciano vertió agua sobre las correas y asintió.

Los sonidos volvieron de golpe en cuanto Jack vió a Nicholas alzar las correas hacia él y estirarlas de forma sonora a su piel desnuda. El dolor fue insoportable, una ardezón recorrió toda su espalda y no pudo evitar gritar, gemir y comenzar a llorar. Nicholas hechó las cuerdas para atrás y luego las aventó hacia él nuevamente, el niño jadeó y lanzó otro grito. Un coro de voces comenzó a cantar sonoramente conforme su padre lo golpeaba...

-No lo volveré a hacer!- gritó Jack, la vista se le nubló unos instantes- No lo haré! Lo prometo! No volveré a desobedecer! Por favor! Para! Por favor! Me duele mucho! Por favor!

-Purifica a este niño Señor! 2 azotes mas y terminaremos- susurró el padre a Nicholas.

-No!- gritó Jack, ya casi sin voz.

Una vez que dejó de sentir los golpes, el pequeño niño cayó de rodillas al suelo. Las lágrimas cayeron de sus mejillas y fueron a parar a la mugrienta madera podrida, temblaba mucho y estaba mareado. La espalda le ardia a horrores...aun más en cuanto vertieron agua helada sobre esta, ya no tenia fuerza alguna para gritar , la vista la tenia nublada y tenia mucho frio.

-Es suficiente, llamen a Lucinda. Ella será siempre la encargada de cuidarlo, no arriesgaré a nadie más.

El niño ya no tenia vida alguna en los ojos, y en cuanto vió a Lucinda no produjo reacción alguna. Solo se levantó temblando y tomó la mano de su doncella sin mirar atrás. Lucinda lo llevó a su habitación, una vez que se vieron de fente el niño miró a la mujer con dolor y con la poca voz que tenia preguntó:

-Lucinda quien te ha hecho eso?

Lágrimas calleron desde los ojos de la mujer, su boca estaba cellada, una buena parte por hilos gruesos y fuertes, la sangre ya estaba seca en los diminutos agujeros... Lucinda miró a su alrededor rápidamente y cerró la puerta de la habitación, tomo una pluma y un pergamino y se apresuró a escribir.

No te preocupes por mi, pequeño. No debes decir esto a nadie entiendes? Se supone que no debo saber siquiera leer. Tu madre fue muy buena conmigo, y me enseñó todo esto...
No duraré con la boca asi mucho tiempo, te lo prometo.

Jack leyó despacio y asintió. Miró a la mujer con dolor, por unos instantes.

-Lucinda,-la mujer asintió- me siento extraño...

La mujer tocó la frente ardiente del niño. Jack se sentia muy mareado y terminó vomitando en el suelo una y otra vez. Lucinda lo llevó a la bañera antes de limpiar el suelo.

-Lo siento...-murmuró el pequeño, mientras lucinda lavaba con cuidado las heridas de su espalda- lo siento...

La mujer, levantó la cara del niño y negó con la cabeza. Vió en la cara del niño el gran sufrimiento que cargaba, pero se le escapó un grito ahogado al ver como las heridas desaparecian poco a poco de la piel del niño.

-ves lo que digo, Lucinda. No es un niño normal...- dijo Nicholas, que estaba recostado del marco de la puerta.
El niño dio un respingo y ocultó la cara entre los brazos, empezó a temblar. Lucinda ignoró a su señor, sacó al niño de la bañera, lo vistió y lo acostó en su cama.

-No lo volveré a hacer, señor.- dijo Jack con los ojos adormecidos y la voz apagada. 

-no tengo dudas de eso, niño. Ahora Lucinda, has aprendido tu lección?, no volverás a faltarme el respeto?

Jack vió a la mujer asentir, luego como el hombre cortaba los hilos de su boca con un cuchillo rápidamente. Lucinda gimió de dolor y el pequeño intento incorporarse.

-Alto...Jack...-murmuró la mujer con voz adolorida- estoy bien, no tiernes que preocuparte. Señor- alzó la vista momentáneamente a Nicholas- el Joven amo tiene mucha fiebre, podria verlo el doctor?

-No, Lucinda. Tendrás que cuidarlo tu misma, recibirá la Agita solo un dia de la semana. Según como se comporte...

-Señor.- dijo Jack mirando hacia las sábanas- Prometo portarme lo mejor posible, asi que, podria salir de mi cuarto de vez en cuando? Y practicar mi escritura y en la pianola?

-Cómo sabias que te iba a dejar encerrado?- dijo Nicholas.

-La señora Naguini me lo dijo, me susurró...

-Quien es la señora Naghini?

-No sé. Usted la debe conocer, no la pude ver...ella solo me habló cuando estabamos en el sótano. Dijo que hacian mucho ruido y que necesitaba algo de paz., por eso la invité a este cuarto...pero no la he visto. Solo me habla y me dice todo lo que escucha en los alrededores...

-Me estas diciendo que nos tienes vigilados?

-No señor, no...solo quiero que me permita continuar con las cosas que mi madre...

-Entiendo, pero si quieres eso, tendras que tener dos dias a la semana de torturas en vez de uno. Y no podrás hablar con nadie, pero te dejaremos pasear por el pueblo cuando tengas la edad suficiente para controlarte Nicholas estaba dejando ver algo que lo hacia sentir extraño, como si estuviera siendo influenciado por el niño- No intentes escapar, o mataremos a tu Lucinda.

-Jamás lo haré señor Nicholas. Y no volveré a hacer esos...dibujos. Solo prancticaré la escritura, puede supervisarme con cualquiera- las palabras del niño se volvieron cada vez más duras y su tono de voz cambió.

“Asi? Señora Naghini.” Dijo el pequeño dentro de su cabeza

“Perfecto, Jack. Te prometo que todo saldrá bien....después de todo, tu fuiste quien me salvaste...”

“Gracias...”

Debajo de la cama del pequeño una serpiente color arena reptaba y siseaba, trazando una s justo donde se encontraba Jack.. El animal no tenia mas de un metro de largo, y era tan delgada que podia atravesar cualquier orificio, con el tiempo...se convrtió en el oido atento del pequeño dentro de la casa.


-Pequeño, ¿Qué fue eso?- dijo Lucinda mientras acomodaba las almohadas de Jack y lo recostaba.

-No me temas Lucinda- suplicó.- Eres lo unico que me queda, por favor...- su voz temblaba.

-Siempre estaré a tu lado Jack, no importa lo que suceda. No hay de que temer de todas formas.

El pequeño sabia que mentia, que la mujer pronto moriria, al igual que su madre. Pero se negó a aceptarlo y siguió su vida lo más normal posible. Ignorando todo rastro de esencia sobrenatural, logró con el paso del tiempo salir un poco más lejos de la casa, todo gracias a las precisas instrucciones que le daba Naghini, y casi siempre se la llevana escondida debajo de la camisa.

Lucinda lo acompañó todo el tiempo, hasta que, al cumplir los ocho años un infarto la sumergió en el sueño eterno. Jack estaba destrozado, y sentia las fuerzar irsele poco a poco conforme los azotes aumentaban con su edad. Solo tenia a Naghini para hacerle compañía y eso no duró por mucho tiempo.

“Ya no hay mas nada que hacer con tu escritura... o eso creo. Se parece mucho a la de tu madre...” dijo la serpiente mientras alzaba su cabeza a la altura de la del niño. Que estaba recostado en el suelo. 

“Si, bueno. Mas o menos... “ sonrió. Ese se habia vuelto un gesto pesado y algo cancino. “ Aunque, creo que ya puedo dejar tambien la pianola... creo que me castigarán más si vuelvo a tocar aquella melodía...”

“Aunque a mi me gustó mucho...” a Jack le pareció ver una especie de guiño antes de que la serpiente sacara la lengua.

“No tienes hambre?” pensó de pronto. “vamos a fuera...”

“Jack, será mejor que salga yo sola. Sabes lo sencillo que es para mi...tu quedate a dormir un poco, justo ayer fue el segundo dia y no te ves nada bien”

El niño se levantó y se encogió de hombros.

“Creo que ya tengo la edad suficiente para hacer las cosas por mi mismo, Naghini.”

“Crecidito, solo tienes 8 años y aunque en una serpiente sea bastante, para los humanos no tanto...asi que hazme caso y vete a dormir”

El niño extendió la mano para acariciar a su compañera y le dedico una cálida sonrisa. A pesar de todo, sentia que podia vivir asi por un largo tiempo. Siempre que Naghini estuviese alli para regañarlo y reconfortarlo. Pero justo en el momento que la serpiente se posó sobre la mano del chico, la puerta se abrió de golpe.

-Sabia que no estarias haciendo nada bueno- gruñó el padre de Elizabeth, Sebastián.

-Señor...- se limitó a decir Jack, tenia la mano completamente vacia.- solo practicaba mi escritura...

-Mentiroso!- gritó- mocoso mentiroso! Te vi acariciar a esa serpiente!

-A cual?- dijo Jack mirándo hacia alrededor- Yo no veo ninguna.

-Nicholas!- gritó.

-Qué es lo que pasa Sebastián.- dijo Nicholas con voz cansada y se acercó al marco de la puerta.

-Ha estado jugando con serpientes, la vi esconderse debajo de su cama! el viejo pasó y empujó al muchacho lejos de su camino. Tomó la cama y la volcó hacia la pared.

Jack puso los ojos como platos, pensó que Naghini habia uido hace mucho tiempo. Pero no, estaba alli rodeando con su cuespo un gran montón de hojas secas y paja, siceó y dejó ver los colmillos.
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“Qué estás haciendo! Por qué no te haz ido?!”pensó Jack asustado.

“Lo siento, pero tengo que protegerlos!”

“Tus hijos...”

-Ah! Lo ves Nicholas! Te dije que no seguiria como antes! .-Sebastian se alejó del animal con un gran salto.

-Ves lo que haz hecho, demonio? Te haz ganado otro dia de castigo...-gruño Nicholas despacio.

-Señor, con todo respeto- dijo Jack tratando de controlar el tono de su voz- podria castigarme el doble si le apetece, pero permitame sacar a este animal de la casa personalmente.

-Te castigaré el doble, pero solo por tu gran insolencia. 

-Señor...por favor..no le haga daño...-suplicó Jack y colocó su cuerpo como protección frente al animal y extendió sus brazos.

-No, yo no le haré nada. Serás tu.- sonrió Nicholas.- Linmeo! Traeme una antorcha!

-Si señor.- dijo el mayordomo desde la puerta.

-No, señor...no me haga...no puedo...-negó con la cabeza varias veces y se arrodilló en el suelo- No quiero hacerle daño! Solo déjeme llevarla a un lugar lejos de aquí...no me escaparé lo prometo. No lo he hecho aunque Lucinda halla muerto...asi que por favor...

-Elige, esta serpiente o tu libertad. Te permitiré ir al pueblo, Jack. Y si no te descubren haciendo cualquier cosa no tendrás que sufrir mas nada... si te portas bien y creeme sé que lo harás. No piensas sufrir mas no es cierto?

-No. Me niego si eso significa que tendré que matarla.

-igual lo tendrás que hacer.

“Hazlo Jack”

“Sabes que miente”

“Sabes que igual me matará y si he de morir, prefiero que sea por tus manos”

-Entonces lo haré, y espero ser lo suficientemente “libre”- Dijo con intención. Habia aprendido a escoger las palabras necesarias para ser o no amenazador y sabia que emplear esas palabras era un “tabú”.

-niñito petulante- murmuró Sebastián.

Jack sonrió.

“Jack, no hagas esto...”

-No te pases de listo, niño.

-Señor...-Lineo le tendió la antorcha y un paño lleno de gasolina.

-Tomalos Jack  y haz lo que tengas que hacer. Ah y una cosa- se oyó un clic y Nicholas puso en la frente del niño el helado cañon de una pistola- No intentes nada.

Jack sintió ganas de reir. Por primera vez en todos esos años tuvo las ganas de retar a ese hombre, de humillarlo y de ponerlo a su merced. Sentia sus ojos refulgir y cambiar, delatando su emoción. Pero una presión en su muñeca lo distrajo, era Naghini. Quien lo empujaba hacia atrás con su cuerpo enroscado en la mano del muchacho.

-Supongo que no- se encogió de hombros. Tomó la antorcha y tiró el paño con gasolina sobre el nido- Lo siento muchísimo, gracias por todo.- La serpiente soltó la mano del joven y se enroscó sobre el paño.

El niño encendió la antorcha y la tiró sobre la serpiente.

“Adios Jack”

-Nicholas- dijo Jack dándole la espalda a su amiga que poco a poco se convertia en cenizas- pido me permitas que salga un momento, volveré en cuanto el sol se oculte. Para recibir mi castigo.

-Eso espero Jack, porque, para que lo sepas...no habrá persona en este pueblo que no sospeche de ti no mas al verte.

-Lo sé, papá.- dicho esto salió corriendo de la casa.

Corrió sin parar y sin ver a dónde se dirigia. Se merecia el peor castigo del mundo, habia matado a la única persona más importante que le quedaba, a su querida Naghini. Y sabia que su madre y Lucinda habian muerto tambien por su culpa, todo era su culpa. No debio haber nacido, él no podia ser el hijo de un ángel nunca, él verdadermente era el hijo de un demonio. Traia destrucción y hacia cosas indebidas todo el tiempo, se odiaba y odiaba a todos. Se merecia su castigo, se merecia cada azote y cada sufrimiento, se merecia todo...

Se sentia agotado de todo eso...se preguntó por qué él no moria tambien, por qué Dios no lo ayudaba y aliviaba su gran sufrimiento. Pero en seguida lo supo, no valia la pena. Él no valia nada para Dios, lo habia abandonado, al igual que su padre. Si era que en verdad era un ángel ¿por qué no venia y lo alejaba de todo eso? ¿Por qué no le permitia descanzar?.

De repente chocó contra algo y terminó en el suelo de espaldas.

-Ahg!- dijo y se incorporó lentamente.

-Au!- dijo una voz chillona- oye! Estas bien? gritó la voz.

-Qu...?- Jack entornó los ojos, el sol le incidia demasiado en ellos. En cuanto la vista se le aclaró pudo ver a una niña. Poco mas pequeña que él que le extendia la mano para ayudarlo.

Se quedó observándola por un rato antes de tomar su mano. Tenia un cabello negro extremadamente largo y espeso, y unos ojos tan oscuros que le hacian competencia a su ondulada y despeinada cabellera. No dejaba de ser linda por eso, el niño sintió como su corazón latia apresuradamente y se avergonzó un tanto.

-Hey...como te llamas?. Tambien te escapabas de tu casa?-dijo la pequeña con una gran sonrisa de: no soy la unica.

-No!- se apresuró a decir y se puso de pie de un salto- mi nombre es...-pensó un momento en decir su nombre completo, pero decidió que no- Jack... y el tuyo?

-Me llamo Keibeth Agniezca Lovecrafh..Pero es todo un rollo, asi que me puedes llamar Katie. Sabes? Me costó un tiempo aprender a decirlo!- dijo orgullosa de si misma. Jack alzó una ceja por instinto.

Ese era exacto el tono que utilizaban siempre Naghini o Lucinda para intentar impresionarlo.

-No es un nombre muy difícil tampoco. Keibeth Agniezka Lovecrafh- dijo y en el instante en que lo pronunció se dio cuenta de su gran metida de pata.

“Jack no debes alardear de esa forma” le habria dicho Naghini. Y Lucinda habria agregado “No conseguiras novia con esa actitud, jovencito” Al pensar en ellas dos sintió un leve apretón en el pecho.

-Sabes, Jack, no eres nada divertido- dijo Katie con cara seria- pero me agradas.


“Asi que tenias esa actitud desde pequeño, eh?” dije con dulzura y revolviéndole el cabello un poco.

Jack sonrió levemente, pero el gesto no le llegó a los ojos. Me tomó por la cintura y me apretó contra su costado.


Jack no pudo evitar sonreir y la niña le devolvió la sonrisa de forma condescendiente.

-Entonces..tu si te escapabas de tu casa?- preguntó, repentinamente, queria saber más y mas de la pequeña.

-Bueno...solo por una hora mas o menos...hasta que a mi mamá se le pase el malhumor. Sabes? Descubri que hay una villa más allá del pueblo, donde hay personas que cantan y bailan, y no tienen que estar todo el dia acatando reglas y siguiendo ordenes...son muy interesantes y divertidos! Pero me dijeron que no les dijera de ellos a nadie...oh! Katie se tapó la boca con las manos.
Jack rió ante la expresión de la niña.

-No te preocupes, Katie. Tu secreto está a salvo conmigo...

-Muchas gracias Jack! la niña saltó de alegria y le dio un beso en la mejilla.

El muchacho notó como la piel se le ruborizaba, y se alejó de la niña unos pasos. El sol incidió en sus ojos plateados de repente y él se los tapó con una mano al ver como Katie se le quedaba viendo. Él habia tenido la oportunidad de ver desde lejos a unos niños de su edad jugando, pero estos retrocedian y se alejaban al ver el color de sus ojos, no queria que ella tambien se alejara, no...pero, de todas formas lo haria tarde o temprano.

-Por qué te los tapas?!- gritó ella y le quitó la mano de los ojos para verlos más de cerca- son hermosos! Tus ojos son bellísimos... mucho más que los de cualquier otro!

-Son una maldición.- siceó Jack- No son hermosos, Katie.-no podia dejar de pronunciar su nombre.

-Por que lo dices?! Dios te los dio y debes estar agradecido por eso! Sabes eso es lo que siempre me decia mi padre! Que no me debia preocupar porque mis hermanas fuesen rubias Y yo no! Yo tengo estos cabellos y color de piel por mi padre...y se lo agradezco muchísimo!.. dijo con las manos (hechas pequeños puños) en las caderas.

-Por tu padre eh? Supongo que somos iguales en ese sentido...- murmuró el niño mirando al suelo. No se dio cuenta de la cercania de la pequeña hasta que esta le colocó las manos en la mejilla.

-Entonces retira lo que dijiste! Mi padre...el...se fue al cielo hace tiempo! Y lo quiero muchísimo! Tu tambien debes quererlo no es asi? Y él tambien a ti...-dijo ahogando un sollozo.

Las palabras de su madre le vinieron repenti namente a la cabeza: “Sé que tu verdadero padre te ama de la misma manera”

-Supongo que tienes razón- se encogió de hombros- sabes...mi padre y mi madre tambien se fueron al cielo- no estoy mintiendo ¿verdad?, pensó Jack, después de todo, si de verdad era un ángel. Técnicamente si se fue al cielo.

La expresión de la niña se encogió y se entristeció, se abrazó al niño casi sin pensarlo.

-Nos haremos amigos verdad Jack? Seremos amigos y nos volveremos a ver mañana... ¿Verdad?

Jack recordó como habian acabado todos los que se habian atrevido a prestarle su amistad y su rostro se ensombreció.

-n...- no pudo terminar, la niña lo miró de frente con los ojos a rebosar de lágrimas y se quedó con las palabras ahogadas en la garganta.

-¿Verdad Jack?

El niño no pudo evitar sentirse abrumado y asintió. El rostro de Katie se iluminó y una enorme sonrisa se extendió por su rostro.

-Gracias!

Jack hizo una sonrisa forzada y se separó de ella lentamente.

-Creo que ya tenemos que volver- dijo sin mirarla directamente.

-Nos volveremos a ver aquí mañana!- sonrió. Mientras se alejaba corriendo, se detuvo repentinamente y puso sus manos alrededor de su boca formando una pequeña “O”- Por cierto Jack! Cuántos años tienes?!

-Ahm....8...

La niña dio una patada  y luego pateó una piña del suelo.

-Siempre tengo que ser la mas pequeña en todo!- refunfuñó. Luego miró a Jack y se dio la vuelta avergonzada- tengo 6 y medio!-gritó y desapareció entre los árboles.

Jack se vió a simismo observándola irse, se quedó alli parado un buen rato, con una sonrisa en su rostro.

Naghini, Lucinda... supongo que ya no estaré solo...”pensó y no pudo evitar soltar una carcajada triste.

Ya no le quedaba lágrima alguna para derramar....


No supo lo lejos que estaba de su casa hasta que tuvo que caminar de regreso, se habia adentrado en el bosque y no sabia muy bien como habia llegado. Pero se aseguró de ver muy bien sus pasos y dejar unas cuantas marcas en los árboles por si alguna vez tenia que volver alli (en concreto, “mañana”). Pero desistió de su idea en cuanto llegó a lo que muy difícilmente podria llamar hogar.

Estaban sacando la cama de su cuarto y llevaron una gran bolsa de tela sucia a el patio, en la que se entreveia una cola quemada y restos de paja. Se quedó paralizado por un momento, pero en cuanto vió a Nicholas, todo se le hizo claro en la mente. Se hizo la idea de donde dormiria a partir de ahora y lo aceptó con un silencio sepulcral. Vio como cambiaban su cama por un colchón viejo y lo metian en la caballeriza. 

-dor...-comenzó Nicholas

-Ya lo sé.- cortó Jack mientras se metia las manos en los bolsillos y le dirigia una mirada sarcástica al hombre que tiempo atrás le producia temor- Comenzarás temprano esta noche? O me permitirás descanzar un rato en mi nuevo cuarto?

Nicholas le atestó un golpe en el estómago que lo dejó sin aliento e inconsciente. Lo despertó la ardezón de los latigazos y el sonido lejano de las voces cantantes...

.Todo terminará pronto, se empezó a repetir, todo terminará...


Esa noche, rodeado por la leve respiración de los caballos dormidos. Decidió por fin irse a su encuentro con Katie al dia siguiente. Mientras no se enteraran de su existencia... No le harian nada, y él no permitiria que le hicieran daño, Jamás.



2 comentarios:

Andrea dijo...

ay kt me encanta la historia pero me voy a quedar ciega leyendo la carta de la mama a ver si le pones la letra mas grande por fa jejeje :D

Krellan dijo...

Me fascina como llevas la historia, los detalles de elegancia junto con la frialdad del dolor que siente Jack... sinceramente muy bien... continuo leyendo :D