21 ago. 2011

TBW Capitulo 11: Sentimientos Confusos





                                                                   XI
Sentimientos Confusos

Elly salió del instituto sin mirar atrás, sin siquiera esperar a que terminasen las horas de clases. Estaba sola, y no tenía ni idea de lo que se desarrollaba a quilómetros de allí, de cómo su nombre era revuelto de boca en boca en una trifulca entre hermanas, de cómo su rostro enrojecido era visto a través de una pequeña bola de cristal y escupido verbalmente con maldiciones sobredichas.

-Se ha enamorado, eso indudablemente es un punto a nuestro favor.- terció Penfredo con voz seca. Su rostro delataba una molestia inverosímil.

-Pero eso también es un problema, hermana-siseó Dino- Si él le corresponde entonces estaremos en problemas…

-Él nunca le corresponderá…-rugió Penfredo- Eso lo debes saber más que nadie… 

-¡No podemos controlar el corazón de nadie, Penfredo!-replicó Dino con el ceño fruncido y una mirada fogosa en los ojos. Simplemente aterradora.- ¡Menos aún del hijo de Virgilio!

-Pudimos hacerlo una vez…-murmuró Penfredo con voz queda.

-¡Pero eso no fue…!

-No fue una acción pensada…-dijo al fin, Enio. Cuyo rostro estaba completamente oculto por una capucha color de la noche, ella había permanecido sentada todo el tiempo, sin decir una palabra. Por lo que cuando habló provocó inmediatamente el silencio de sus hermanas.- Y por eso no confío completamente en que esto esté bien pensado, Penfredo. Sin embargo, ese chico también tiene un odio demasiado concentrado hacia los seres como nosotras…

-¿Qué sugieres entonces, Enio?-susurró Dino con resignación.- En tu estado actual no podemos hacer nada, los poderes del Ojo no funcionan si no estamos las tres en plena forma…

Enio se levantó del gran sillón, el cuarto estaba sumido en la oscuridad. Sólo la luz tenue de la esfera donde se podía observar tenuemente el rostro serio de EllyXzabeth. En cuanto la pequeña Graya se acercó a la luz se observaron los vendajes ensangrentados que ocultaban sus manos y su cuello, mas su rostro seguía oculto por la capucha de la túnica.

-Tienes razón, Dino- admitió Enio colocando una de sus manos, pequeña y temblorosa, sobre la esfera. La imagen de Elly desapareció en un remolino negro que explotó en un halo de luz brillante y abrió paso a los ojos verdes de Aart, quien se dirigía ahora a la enfermería del instituto.- Si no fuese sido por su hermano…

-Te vengaremos, pequeña.-afirmó Penfredo con voz segura.- Hefestio lo lamentará desde su tumba…

-En verdad desearía que ese Aker se dignara a descansar de una vez y dejara de darnos tantos problemas…-siseó Dino acercando su mano a la esfera, un halo de luz salió de ésta y se posó sobre su mano.- Su alma sigue vigilando a Aart y no deja que indaguemos dentro de él como antes. Ya el brebaje no funciona…

-Me extraña que lo llames de esa forma, Dino. ¿Qué acaso ha despertado el interés perdido en ti?- rió Penfredo, burlándose de su hermana.- La forma en que lo atacaste, normalmente no eres tan sutil…

Dino sonrió de forma aterradora.

-He de admitir que yo también quiero probar de esa fruta prohibida…-convino- Ya que no me permitieron jugar con Hefestio…Permítanme ser yo la que acabe con su vida…

-No veo por qué no…-Penfredo se encogió de hombros- Al menos que alguien lo quiera para sí…

Enio soltó un bufido, pero antes que pudiese decir una palabra…Un grito ensordecedor hizo eco a lo lejos, un grito de mujer que clamaba un “no” con toda la fuerza que sus pulmones le permitían. Pero de pronto, calló de forma impredecible, para después lanzar unos espasmódicos gritos de dolor.

-¿Decías, Penfredo?- ronroneó Enio con una sonrisa.

Las hermanas rompieron a reír al unísono de forma escalofriante, sus intenciones eran tan oscuras como la habitación en la que se encontraban.

-Deberíamos herir a EllyXzabeth, enseñarle quien manda.- apuntó Penfredo con voz juguetona.- Esto también podría “desenmascararla”.

-¿Sugieres entonces que deberíamos separarlos?- dijo Dino sorprendida.

-Exactamente. El Aker la matará, eso es evidente…-siguió Penfredo.

-Pero…su reacción…puede ser distinta a la que nosotros esperamos…-la voz de Enio dudaba, parecía ahora visiblemente angustiada.- Las cosas no nos serán tan fáciles, hermanas…

-¿Por qué lo dices?- preguntaron al unísono.

Enio quitó la mano de la bola de cristal dejando ver a un Aart completamente serio y determinante. En un instante, la bola de cristal se rompió en miles de pedazos incrustándose en los brazos de las hermanas, quienes gritaron de forma horrorosa.

-Les sugiero, que dejen a mi hermano en paz. Ésta es su última advertencia…-la voz de Hefestio se oyó difusa en toda la habitación que ahora estaba completamente a oscuras.

-Ese demonio, incluso después de muerto no puede quedarse tranquilo…-rugió Penfredo.- Debemos iniciar nuestra jugada, antes de que alguien más interfiera…


Ж

Aart seguía en la enfermería, tratando de entablar una conversación con Amanda mientras conseguía hacer que sus pensamientos tuviesen sentido…

Había ido a la enfermería, justo después de terminar  la hora de clases, en busca de Eryn quien no se había presentado. Pero en cuanto abrió la puerta se encontró con el latente olor a magia negra flotando en la estancia, el tatuaje oculto de su muñeca izquierda apareció en su piel rápidamente así como el dolor en ésta. El hechizo había sido reciente y potente, Amanda estaba aún aturdida, recordaba con dificultad a la chica quien Aart  había llevado en brazos una hora antes…

…Sin duda, había sido Eryn quien había practicado el hechizo.

El Aker intentaba que su conversación con la anciana minimizara la rabia de su interior. Él había intentado intimar con una despreciable bruja, había entablado una relación amistosa con ella e incluso había llegado a desear su cuerpo de forma enfermiza; se sentía asqueado de sí mismo e indignado, por sobretodo indignado, ya que sus instintos habían sido erradicados por culpa de una sola bruja.

Una bruja que incluso podía tener algo que ver con la muerte de Hefestio.

Aart se despidió de la anciana con amabilidad y se dedicó a pensar las cosas con calma mientras caminaba hacia su camioneta. La chica había mentido desde el principio, lo sabía; pero no concebía el hecho de que ella se hubiese interesado en él tan “profundamente”. Quizá, sólo quizá, cabía la posibilidad de que ella no tuviese la más mínima del “linaje” del muchacho.

Aart comenzó a analizar la situación desde una posición objetiva una vez que decidió arrancar el automóvil. El plan podría seguir en marcha, aunque él entablaría una relación con la bruja, ya que podría buscar la forma de vengar la muerte de su hermano, de (inclusive) encontrar a la bruja culpable de sus desdichas, de…

…Suspiró, no estaba nada seguro de lo que quería hacer, pero descartaba totalmente la minúscula posibilidad de haberse enamorado de esa (duro de admitir) hermosa bruja. 

Una vez que llegó a la avenida, decidió dar la vuelta. No quería volver a su “casa”, no quería seguir viendo aquellos rostros irradiando lástima en su dirección y, pensando en Amy, explotando el deseo por sus ojos hasta más no poder. Además no tenía ánimos para el interrogatorio de “¿por qué llegaste temprano?”, ni tampoco para los tempranos juicios sinuosos.

Fue en ese momento cuando descubrió el papel sobresaliente de la guantera. Extendió su mano hacia él, extrañado… 

¿Otra vez tú, Hef?, pensó al reconocer la letra del pequeño papel en el que solo habían dos palabras: 

Peter Pan

El Aker dudó unos instantes mientras observaba el aviso de la avenida Kensington frente a él. Al final dio un largo suspiro y decidió ir a los jardines, después de todo, no tenía nada mejor que hacer y deseaba despejar la mente un rato (a pesar de lo que sea que Hefestio quería decirle…)


Ж

Elly ya no tenía ni la más remota idea de cuánto había caminado, siquiera en dónde se encontraba en ese instante. Ella necesitaba un segundo de paz, alejada del instituto donde las Grayas la habían estado agobiando y a dónde tendría que volver tarde o temprano.

La bruja observó el extenso lago dentro del parque en donde se encontraba, el modo en que la tenue luz del sol incidía en él le dio un aspecto mágico y especial. El jardín que lo rodeaba le daba aún más tranquilidad, todo era pacífico y hermoso.

-Ego in paradiso- susurró muy bajo. La tristeza no parecía querer abandonarla ni un segundo…

Se dio la vuelta y avanzó, bordeando el lago, adentrándose en un jardín aún más amplio. El frio comenzaba a hacerse sentir conforme avanzaba, no había mucha gente en los alrededores, pero eso no le importaba, simplemente continuó avanzando hasta que se encontró con una estatua extraña e interesante…

…era un niño pequeño sobre un gran montículo hecho de animales y rostros de personas, de niños más pequeños al parecer, pasó la vista por cada detalle que la suave niebla le permitía ver. Hasta que logró identificar el personaje de bronce sobre la gran montaña de seres fantásticos: Peter Pan.

EllyXzabeth tenía mucho tiempo sin visitar Londres, por lo que no recordaba con exactitud la estatua, mucho menos la historia, pero aun así no pudo reprimir la sonrisa en su rostro. Hace unos cien años ella también había soñado con ir a Nunca Jamás…

Se dio su tiempo en detallar la estatua con detenimiento, ignorando por completo lo densa que se volvía la niebla y cómo se acumulaba a su alrededor. Bajó la vista unos instantes al círculo de piedra que rodeaba la estatua se agachó y rosó el suelo con los dedos. Allí había algo escrito, algo que no tuvo tiempo de identificar, cuando observó de reojo una sombra que se acercaba a ella a través de la niebla.

La Bruja Sangrienta se levantó en seguida, al tiempo que el tan conocido escalofrío recorría su espalda y erizaba cada tramo de su piel. La niebla seguía espesa a su alrededor, sólo lograba observarse la estatua a sus espaldas, el jardín había desaparecido. Esperó pacientemente a que la sombra se acercara aún más, se quitó los guantes por instinto, preparándose para la salida de aquel ser que no lograba identificar…

…Su rostro, su hermoso rostro fue lo primero que divisó: esas facciones definidas pero a la vez suaves, sus labios finos, su expresión seria pero sorprendida a la vez. Por último, esas resplandecientes esmeraldas verdes que le daban el toque final y elegante a su mirada. Tras su rostro apareció su cuerpo, ataviado con el uniforme del instituto, el chaleco y pantalón gris que con dificultad dejaba ver la excitante complexión del chico.

-Aart.- dijo con voz ahogada. Miró al muchacho con tristeza y dolor antes de avanzar hacia él- Aart, yo…

-Increíble, EllyXzabeth.-la interrumpió el chico con brusquedad.- Caes increíblemente rápido, por su puesto, dada la belleza de este rostro es casi imposible caer rendida a sus pies…
Por el rostro de Aart se extendió una sonrisa horripilante, una sonrisa que no correspondía a la belleza del muchacho, una sonrisa que Elly conocía muy bien…

-Penfredo.-susurró Elly al tiempo de que la ira se extendía por todo su cuerpo- ¿Qué demonios hacen aquí? ¿No se supone que deberían atacar en el instituto solamente?

El chico frente a ella comenzó  a reír incontrolablemente, sus facciones comenzaron a cambiar, su piel se rompía a medida de que reía hasta que por fin  dejaron ver el rostro maduro y hermoso de la Graya. Pero esta vez era bastante distinto, ya que en su mejilla había una cortadura profunda que dividía su pómulo por la mitad.

-Bonita marca, perra.- siseó Elly con una sonrisa.

-Al igual que tu rostro, cariño.- respondió la aludida sin dejar de sonreír- ¿No te habías dejado ya de manipulaciones amorosas, EllyXzabeth? ¿O es que acaso no puedes cambiarlo?- entornó los ojos.

Elly sintió el golpe seco en el estómago y retrocedió unos pasos mientras tosía. Apretó los puños con decisión y miró a la Graya directo a sus pupilas ámbar, las cuales comenzaron a dividirse con una pequeña línea roja.

-¿Cuándo vas a aprender, EllyXzabeth?- preguntó Penfredo con indiferencia, pasando su mano por los ojos.- Estos patéticos ataques no sirven con nosotras…

La aludida se mordió la lengua con fuerza, no podía hacer nada. Nunca podía hacer nada contra ese tipo de situaciones, la marca en su espalda se revolvía y la lastimaba con fuerza, la magia negra era un arma de doble filo que casi siempre provocaba la muerte para quien estaba dirigida, y, desafortunadamente, no podía utilizarla contra esa Graya sin que ella muriese en el proceso.

-Oh…cariño…-ronroneó Penfredo con fingida preocupación.- ¿No será que no puedes hacernos daño?

-Te puedo reportar fácilmente, Penfredo. Y si me matas aquí tu condena será segura. Tú tampoco puedes hacer nada, no seas insolente.- rugió Elly en su defensa.

-¿A quién crees que le creerán, Elly, querida?- susurró Penfredo, quien se acercó a Elly en un paso y le sostuvo el rostro con una mano- ¿A ti: la más grande de las traidoras del pacto de paz contra los humanos? ¿O a mí: Penfredo, la primera heredera Graya de excelente comportamiento con los pequeños mortales?

-¿Por qué no me has matado entonces?- alzó una ceja.

Penfredo apretó el cuello de Elly y la estrelló contra el suelo, el impacto la hizo perder la consciencia un par de segundos por lo que el dolor tardó en hacer su aparición. La bruja exhaló todo el aire que contenía de un sopetón al tiempo de que la Graya aflojaba muy levemente la presión de su garganta.

-Puedo hacer contigo lo que se me venga en gana- con una de sus manos tocó el muslo de Elly, oculto levemente por la falda del instituto. Su mano se dirigió con lentitud a la entrepierna…

-Tantos años han pasado y ¿no has conseguido saciar tu necesidad, Penfredo?- rió Elly con voz ahogada- ¿Tanta potencia tenía ese humano?

Penfredo rugió y levantó a Elly del suelo para lanzarla contra este nuevamente, la bruja rodó por el suelo, salió del círculo de la estatua e impactó con el pavimento para luego ser catapultada otra vez hacia adentro. Elly comenzó a toser y a contraerse por el dolor, no obstante, consiguió levantarse y encarar a la Graya quien la asesinaba con la mirada.

-Es increíble lo sensible que puedes ser, perra.- dijo Elly mientras se quitaba con el dorso de la mano los restos de sangre de su labio inferior.- Me sorprendes.- Sus ojos brillaron y la Graya recibió una herida en el hombro derecho que la hizo contraerse de dolor.

-¡Tú!- aulló Penfredo con el rostro deformado en una expresión aterradora

-También tengo mis trucos- sonrió- Tu error fue sacarme del circulo…

Los ojos de la Bruja Sangrienta se blanquearon en su totalidad, la estatua comenzó a moverse, el niño bajó de ésta y se acercó con rapidez hacia Elly, quien acarició su cabeza y limpió el instrumento que sostenía el pequeño con la tela de su falda.

-Secundo.- ordenó EllyXzabeth.

El niño se dio la vuelta para observar a Penfredo, quien estaba abiertamente asombrada, y sonrió antes de desaparecer, en un parpadeo, el otro brazo de la Graya expulsaba grandes cantidades de sangre.

De un momento a otro, “Peter Pan” volvió a colocarse al lado de ElyXzabeth sin perder la sonrisa del rostro. Para la bruja, solo era cuestión de tiempo para que la Graya decidiese marcharse y todo volvería a la “normalidad”, pero una risa apagada, proveniente de la garganta de Penfredo hizo q su respiración se detuviera.

-Buen truco, EllyXzabeth.-admitió- Pero tu debilidad es muy latente.- desapareció y apareció nuevamente a espaldas de Elly- Hablas de sensibilidad, cuando tú te has enamorado de uno de los principales enemigos de nuestra raza.

Elly se congeló y puso los ojos como platos.

-Tercio- susurró muy bajo…

…El niño se abalanzó sobre Penfredo, pero ésta lo sostuvo en el aire. Peter Pan lanzó un chillido agonizante que hizo vibrar el suelo a sus pies antes de volver a su posición original sobre el montículo de hierro. Elly impactó con el suelo nuevamente, anonadada, con Penfredo a horcajadas sobre su cuerpo.

-¿Me equivoco acaso?- preguntó la Graya con burla en los ojos y en su tono.

Se escuchó un golpe sordo, seguido de una luz brillante. Penfredo se recostó completamente contra el cuerpo de Elly, quien, asqueada, comenzó a poner resistencia, cuando Penfredo le susurró al oído:

-Tal parece que tu príncipe ha venido a recatarte…

Así, con esa frase corta pero significativa. Desapareció, dejando a Elly acostada a los pies de la estatua. Se volvió sobre sí, colocándose en posición prenatal, la espalda y el pecho comenzaban a dolerle a horrores. Intentaba levantarse, cuando el sonido de unos pasos apresurados se escuchó en la estancia, la niebla comenzaba a disiparse con lentitud…

-Eryn…- dijo una voz jadeante a sus espaldas.

La bruja se quedó de espaldas, decidió no darse la vuelta. No quería ver su rostro, no quería hacerlo, quería olvidar a Aart. Quería hacer que él la olvidara, pero no encontraba su voz para pronunciar el hechizo, se levantó y echó a correr, dolida y asustada.

No logró ir muy lejos, él la tomó por el brazo y le dio la vuelta, apretándola contra un árbol.

-¡Suéltame!-  chilló Elly defendiéndose y revolviéndose. Pero él la tomó con más fuerza.

-Eryn…-dijo observándola con ojos cautelosos- ¿Por qué…?

-Aart…yo…-sacudió la cabeza rápidamente- ¡Suéltame! ¡No me toques! ¡Por favor!

-¿Por qué huyes?- preguntó él con el ceño fruncido.

-¡No quiero estar contigo, Aart!-mintió con un sollozo ahogado.- ¡Me haces daño!-se dio cuenta de sus palabras y sintió un vacío en el estómago- ¡Suéltame!

-¡No!- rugió Aart. Elly trató de empujarlo con la mano libre, pero él se la tomó y observó el color de sus uñas…

-¡NO!- sollozó Elly, desconsolada. No quería que él descubriera que ella era una bruja, no lo quería, no…

Aart sonrió con tristeza.

-Lo sabía- susurró e inclinó su rostro hacia el de Elly…

…La boca del Aker rozó la suya con impaciencia, pero solo el leve contacto hizo que la bruja dejara de ofrecer resistencia. Alzó el rostro un poco más, permitiendo que el contacto se prolongara, el instinto pareció dominar las acciones del Aker, pasó su boca por la de la bruja con más decisión, y esta pasó sus brazos alrededor del cuello del muchacho, acercándolo hacia sí. Sus rostros se intercalaban con lentitud, el sonido de su respiración acabó volviéndose acelerado, pero uniforme…

Elly se sintió viva por primera vez en años, la atracción que tenía hacia ese chico iba más allá de todo lo que había sentido antes, su corazón estaba desbocado, desencadenando un suave calor en su cuerpo que se extendía con lentitud. Aart, su contacto, sus labios rozando los suyos, todo eso parecía provenir del paraíso, la calidez de sus acciones, de su presencia, de su amor por él la hacía sentir bastante bien, y por sobretodo agraciada.

No obstante, aunque estuviese cumpliendo con la más grande de sus expectativas al sentir la boca de Aart sobre la suya, no podía evitar pensar que se sumergía cada vez más en una de sus más horrendas, y peligrosas, pesadillas. 



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