28 abr. 2012

Segunda Dosis: Consecuencias


Segunda Dosis: Consecuencias


― ¿Cómo se siente hoy, amo Kain? 
―Mejor que ayer…peor que mañana― aseguró Kain con voz contraída.
Sin embargo, a pesar de su seguridad al hablar, la debilidad de su cuerpo y sus ojeras eran claramente visibles. No obstante, desde la primera dosis de esa extraña droga, no había tenido un solo grado de fiebre. Sus padres, incluso, habían decidido marcharse esta vez, dejándolo a él y a Kimihiro completamente solos, siendo vigilados únicamente por el lente de la cámara.
―   ¿No siente dolor alguno? ―murmuró el anciano asiático mientras    ayudaba a su señor con la pesada camisa de lana, una vez que la sacó sin dificultad del cuerpo del muchacho, contrajo levemente la expresión…
…Las marcas de las agujas de la noche anterior ahora tenían una apariencia de areola purpúrea  y desagradable, la piel a su alrededor parecía haberse contraído y debilitado. Sus costillas eran ahora mucho más visibles que antes y sus deteriorados músculos no parecían moverse dentro de esa masa de huesos con piel. Cuando Kain tocó la cama nuevamente con un suspiro, observó con detenimiento la expresión en el rostro de su acompañante. Sonrió.
―De no ser por esa cosa…―señaló la camisa con la barbilla― El veneno no se hubiese mezclado con mi sudor y mi cuerpo no se hubiese desnutrido de un día para el otro… Pero claro, ellos nunca escuchan.
Los ojos rasgados del viejo se abrieron de par en par.
― ¿Sabía usted eso?
―Por supuesto, viejo―rió con dificultad, ahogando espasmos que se convirtieron en una tos dolorosa rápidamente― No voy a dejar que claves cosas en mi cuerpo sin saber lo que es…Puede que esté desesperado, pero jamás me considero un extremista.
Kimihiro sonrió a medias pero, rápidamente, sus facciones se contrajeron. Aunque su amo no lo admitiera, sí era bastante extremista. 
Kain decidió romper el silencio con rapidez.
―No me has preguntado sobre lo que vi…―murmuró con tristeza. El asiático siempre se había interesado en el detalle minúsculo que el chico le daba sobre sus sueños, aunque eran sólo sensaciones y jamás visiones claras, el viejo siempre lo escuchaba.
La mirada de Kimihiro se tornó cálida.
―Dígame que ha visto, joven amo, qué ha sentido…
La sonrisa del joven fue breve pero significativa, con dificultad se logró sentar en la cama, encorvándose sobre sí mismo…
―Tuve recuerdos de siete años enteros…los sentí cada uno en mi cerebro. Si no hubiese sido por los calmantes, no habría podido dormir anoche. Sin embargo, comienzo a sentirme mejor, como si lo que me estuvo atando todo este tiempo comenzara a soltarse con lentitud…
El viejo frunció el ceño, ya había encendido la cámara, pero ahora dudaba en volverla a apagar o no. Kain observó el aparato y rió.
―En cuanto a Caleb, pues, es increíble cómo sus sensaciones, pensamientos e instintos se cuelan en mi…A decir verdad, al principio lo creí un cobarde…por como aceptó su misión…
― ¿Por cómo la aceptó? ¿Él no moriría acep…?
―Moriría de todas formas― Kain suspiró y se encogió de hombros― Caleb supo  de forma instintiva que su padre lo mataría de no aceptar… «No puedes romper el pacto con un mago». Ese es el pensamiento que vino a mi cabeza―sintió el cambio en la mirada del viejo― Cuando estuve allí me sentí dividido, pero  al mismo tiempo…no lo sé…es extraño. ―frunció el ceño― Pero…la cosa es, que cuando Ruxandra se presentó, él ya estaba comprometido. Cuando la vio, no sintió miedo, ni de su padre, ni de ella…fue sólo una fracción de segundo. Pero esa determinación fue demasiado fuerte…
Se desplomó sobre la cama.
―Quiero comenzar ya.  
Esta vez, el dolor fue breve. Ya se estaba acostumbrando…
Aquél día de entrenamiento no fue tan fuerte como  los demás. Mi cuerpo ya había trabajado tanto durante estos meses que ya el dolor de mis extremidades no era tan exagerado, sin embargo, mis pesadillas durante las noches no habían cambiado en absoluto.
Ya han pasado más de dos años…murmuró Jhosuá  en la oscuridad. Su voz cansada siempre me daba dolor de cabeza. Es hora que comiences a dominarlos, hermano…
Los demonios no se irán…murmuré contrayendo la expresión. Agradecí la oscuridad de nuestra habitación, él no podía verme.
No son «tus» demonios. farfulló con molestia.
Cerré los ojos y suspiré.
Él tenía razón, mis pesadillas no eran «mías», esos demonios no eran «míos». Esa lucha interminable no me correspondía, pero prefería luchar eternamente a dejarla luchar sola. A dejarla a «ella» sola.
…Ruxandra…, suspiré nuevamente.
Era insoportable tener que esperar tanto para verla cada día, aún no habíamos cumplido los 16 y era molesto estar limitado a ese estúpido agujero cada día de mi vida. A ella también le molestaba por sobremanera, habíamos intentado de todo, pero el Pacto establecido era imposible de romper por lo que nuestra espera era absoluta.
Era por eso que no podía dejarla luchar sola cuando, en las noches, no tenía consuelo alguno. La imaginaba cada vez que cerraba los ojos, gritando sin  cesar en la oscuridad de su habitación mientras sus alas se abrían paso por su espalda, jugando por debajo de su piel, rasgando sus huesos, rompiendo músculo y carne, bebiendo de su sangre para luego vomitarla en fuentes amenazadoras… Luchando por hacerse ver, luchando por cumplir su cometido, luchando porque Ruxa cumpliera el objetivo que su desgraciada madre le había encomendado…
Estás pensando en ella…farfulló mi hermano en la oscuridad. Sueles suspirar así cuando lo haces…
Mis pensamientos se escaparon y dejaron entrar a la molestia.
“¿Cuándo no estoy pensando en ella?” Eso es lo que realmente quieres decir…murmuré, iracundo.
No leas mis pensamientos, hermanodijo sin inmutarse. Sabes que meterte en mi cabeza te envenenará…
Como respuesta instantánea, sentí la sangre correr por mi nariz. Me levanté en el acto y encendí la luz.
¡Jhosuá! me quejé.
Insisto…suspiró ¿Por qué siempre eres tan impulsivo? Se supone que eres el mayor…El antídoto está en el buró.
Era increíble cómo hablaba dándome la espalda descaradamente. Tomé el antídoto con un suspiro. Genial. Ahora tenía que retrasarme al menos una hora en ver a Ruxa…
Lo hiciste a propósito. constaté.
Necesitas descansar…Nuestro padre se dio cuenta que ya te acostumbraste al nuevo entrenamiento…
La voz de mi hermano era monótona, pero podía presentir el resentimiento escondido en sus palabras. Él había sido testigo de todo mi entrenamiento el día que conocí a Ruxa, él había visto como mi mente y mi cuerpo habían sido destrozados en cuestión de horas gracias a la cantidad de peleas y hechizos que había tenido que dominar; y esa misma noche, le había suplicado a mi padre dividir mi sufrimiento…Pero el Pacto le negaba la oportunidad.
Jhosuá estaba furioso, y por eso decidió establecerse un entrenamiento privado. Sólo que él era, por mucho, más habilidoso e inteligente de lo que podría haber sido yo. Quizás en batallas cuerpo a cuerpo podría ganarle con algo de esfuerzo, pero en cuanto a magia se refiere, el chico era un completo genio.
Sin problemas, él podía hacer que su cuerpo emanase una sustancia tan tóxica que podría matar a más de 3000 personas y criaturas con sólo mover un dedo, podía elevar toda la ciudad por los aires durante al menos 3 meses y al mismo tiempo liberarla de todos los monstros que se hallasen en su camino…Pero él no estaba interesado en hacer ese tipo de cosas, porque si tomaba ese tipo de acciones, podría romper el orden de las cosas y crear un agujero que acabaría con todo lo que conocemos ¿Trágico, eh?
«Y aún somos jóvenes» Sonreí.
Deja de preocuparte por mí, hermanito murmuré mientras le hundía la cabeza en las almohadas.
No se quejó. Sonreí y  me tiré en la cama. Necesitaba recuperar horas de sueño…


Lamento la demoramurmuré en cuanto llegué al muro de mármol.
El sol ya había salido por completo, pero, afortunadamente, mi padre no se percató de mi partida. Como siempre.
No te preocupes… la voz de Ruxandra se notó contraída. Ninguno había tenido una buena noche También me levanté tarde…
Fruncí el ceño y me recosté de la pared. Cerré los ojos y esperé hasta que la sentí a ella colocar su espalda donde estaba la mía. Con el tiempo, la sensibilidad de mi cuerpo había aumentado, y aunque el muro nos separara, ya podía sentirla y escucharla con mayor claridad. Pero no la suficiente.
¿Cómo te has sentido? susurré.
La escuché sollozar.
Bien, Cal…Bastante bien…respondió con voz alegre.
Ruxa…suspiré y alcé la vista al cielo. Ruxa... repetí.
Ella sabía que no podía mentirme. 
No es sobre…las alas. murmuró derrotadaMi padre…me ha enseñado algo. Sabía que ella les hacía algo pero…pero…
Ruxa…suspiré ¿Por qué tu padre te enseñó…lo que fuera que viste?
Porque yo se lo pedíadmitió Una vez me dijiste que era imperdonable vivir en la ignorancia, a pesar del refugio que presentara ¿Cierto?
Asentí y pateé una piedra. Ella no esperó la afirmación vocal.
Lo que vi, Caleb…lo que vi fue terrible. No puedo permitir que…
Cállate le ordené No quiero que pienses en eso. Tu padre seguro te lo advirtió.
Bufó.
Sí.
Entonces debes esperar a que tu reinado sea «natural». “Espérame” susurré en mis pensamientos Por favor, Ruxa. Por favor…
No haré nada, Caleb. Te lo prometo. No estamos luchando contra esto para nada… Tú ¿Cómo estás? añadió.
Bastante bien…farfullé.
Jhosuá te envenenó de nuevo…rió ¡Ese tono ya es inconfundible!
No pude evitar compartir su risa.
Es muy molesto….murmuré Y es idiota.
Es tu hermano…dijo sin dejar de reír No seas tan duro con él…
¡Él me envenenó!
Se preocupa por ti y te cuida… su voz fue perdiendo fuerza cosa que yo no hago bien…
No tienes que cuidarme, tampoco preocuparte por mí.
No quiero tener esta conversación de nuevo farfulló.
Debes aceptarlo ahora, Ruxandra. debatí No será bueno para nosotros negarnos a lo que somos…
Eres mi amigo…mi mejor amigo. No mi esclavo.
Sí lo soy y lo seré. Estaré a tus servicios y de tus hermanas dentro de 4 años más…
No…
¿No? ¿No quieres que esté contigo?... Con ustedes corregí rápidamente.
Sí, sí quiero.
Pues esas son mis condiciones.
Cambiarás de opinión.
No lo haré.
Testarudo.
Ilusa.
No pude evitar sonreír. Faltó poco para que comenzáramos a reír sin parar ¿Por qué? No lo sé, sólo sé que la risa entre nosotros siempre era algo bastante inevitable. Nuestras conversaciones eternas también, todo era inevitable…
…El sentimiento pecaminoso que desarrollaríamos...
También era extremadamente inevitable.

―Se ha acabado la dosis, amo. ―murmuró Kimihiro.
Kain se llevó una mano al rostro y suspiró.
―Esto no va a terminar bien―murmuró. 

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