8 ene. 2012

Doppelgänger (Prólogo)





«...Mi familia estaba ya reunida para el llamado "encuentro navideño" todos reían escandalosamente, producto del alcohol que corría por sus venas, yo no estaba cómoda. Presentía que la apatía llegaría a mi tarde o temprano. Nunca podría compartir su alegría con lo sola que me sentía, no encontraba compañía con ningún rostro sin cara al que me acercaba. Reía, sí, compartía, sí, pero no podía hallar sinceridad en ninguna de mis acciones.

Fue cuando estaba al borde de la desesperación interna que ésa figura apareció en la entrada, al principio dudé de que fuera posible, juraba que mi imaginación me hacía una mala pasada, pero eso sólo era una cruel mentira, una cruel y devastadora mentira. Sonreí en cuanto lo vi fruncir el ceño, era hermoso, no pálido como lo describen los escritores, no, él era totalmente normal. Presentía la calidez exhalada por cada poro de su piel, quería que mis brazos desnudos fueran abrazados por esa calidez inusitada. Pero no podría si nadie lo invitaba.

Mi sonrisa se afianzó en cuanto la expectativa de perderlos a todos se acortó, lo haría pasar, haría que todos perecieran en ese instante. Incluyéndome.

La verdad, quería morir. Un ente que no toma en cuenta el valor de su familia conserva una existencia que no merece una estadía prolongada en este mundo, pensaba. Por eso estaba decidida a desaparecer con ellos, por supuesto, sería agradable castigarlos por hacerme sentir tan miserable.

Imaginé entonces cómo aquél ser nos destrozaría, cómo se saciaría por completo gracias a nuestra sangre y cómo gemiría de placer ante tal festín reunido. Pensaba cómo me rodearía con sus cálidos brazos y bebería de mi cuello desnudo, cómo destrozaría mi cuerpo con lentitud y mis gritos quebrarían la noche. Imaginaba cómo el dolor me haría recapacitar y reconocer mi error, pero eso no importaba, después de todo, mi salvación disfrazada de perdición estaba a sólo una bienvenida de distancia.

Él no me observaba, él esperaba a los adultos. Para él yo sólo era una niña, pero era la niña que organizaría su próxima comida. Mis labios se movieron con lentitud:

―Bienvenido, señor, puede pasar...

Sus ojos se abrieron de par en par. Y en su semblante se extendió una sonrisa colmilluda. No dio las gracias, simplemente entró y me abrazó. Dándome, irónicamente, la bienvenida a mi nueva familia con un suspiro de dolor, sangre y agonía.»

―Muy bien, señorita Elder. Un excelente equilibrio y le daré puntos extras por la motivación en la lectura.

―Muchas gracias―sonrió la chica tímidamente, mientras se retiraba a tomar asiento.

El nombre de esa chica tímida de pálidos ojos azules, negro cabello y piel nevada era Mikaela Elder, una jovencita un tanto retraída, perdida en su mundo interno y con la nariz metida en un libro diferente cada semana. Pero no por ser así se trataba de una persona olvidada por la sociedad, al contrario, Mikaela siempre era muy alegre y divertida, en tanto no se le interrumpiera en sus profundas horas de lectura o se les ocurriera tomarle una fotografía...

Sí, sólo había una mínima cosa que hacía que el tranquilo semblante de Mikaela se transformara en una fiera digna de temer: las fotografías. Puede que al principio pueda sonar algo irrelevante, o incluso estúpido, pero la aversión de Mikaela a las fotografías era un hecho que tanto sus familiares como amigos debían afrontar. Aunque eso no era una fobia ni nada parecido, ya que Mikaela sólo tenía una condición antes de pararse frente al lente de una cámara: nunca aparecer sola.

Es un poco extraño ¿No? Y a decir verdad, yo pensaba lo mismo. No me cabía en la cabeza cómo una persona tan bonita sintiera tanta repugnancia hacia las cámaras, y seguro, muchas personas cometían el error de pensar como yo, otras, incluso podrían atreverse a pensar que se trataba de pura estupidez o, tal vez, vanidad. Pero no, las cosas no eran así. De hecho, nadie en toda su vida hubiese podido imaginar lo que en verdad ocurría con la Bella Mikaela.

Y, por eso, antes de comenzar con esta historia les quiero recordar que la ignorancia y las palabras sin pensar pueden asesinar cruelmente el interior de todos los seres y que el prejuicio, aunque sea un error muy humano, puede incluso provocar desastres irreparables en el interior de sus semejantes. En fin, esto es todo lo que puedo decir en mi perspectiva del asunto, lo demás será evaluado por ustedes.





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