28 abr. 2012

II. Beneficios


II: Beneficios


El Demonio sonrió satisfactoriamente al escuchar mi respuesta, me tendió un pergamino en blanco que llevaba bajo el brazo y una pluma negra.

―Firma donde sea. ― me dijo.

Vacilé.

― ¿Me puedes responder una pregunta? ―divagué, mirando sus ojos con detenimiento.

― Lo que quieras…― respondió en un tono amable que me molestó bastante. Se estaba burlando de mí.

― ¿Qué ganas tú con todo esto?

Alzó las cejas.

― ¿Qué gano yo? ―repitió sonriendo con los ojos. ― Pues ascender a un nivel muchísimo más alto, tener más poder del que te imaginas.

―Arriesgas mucho, Demonio. ― sonreí― Mira que poner tu futuro en mis manos no me parece una idea muy inteligente…

Tomé la pluma rápidamente, sentí la ardezón en los dedos al firmar. La pluma había utilizado mi sangre como tinta, el pergamino se quemó apenas levanté la mano, todo el baño se llenó de humo, en cuanto se disipó, el chico había desaparecido.

Resignada y consciente de que pronto despertaría de ese tonto sueño, me metí a la ducha a esperar perezosamente la llegada de mis familiares…

~J~


Bien, viendo el lado positivo: había establecido el contrato sin problemas. Pero el lado negativo me cabreaba más y más: en primer lugar, la chica era realmente insoportable, en segundo lugar; no había logrado suscitar emoción alguna en ella, había aceptado todo sin creer nada, sólo “seguía el juego”  y en tercer lugar, que coronaba todo en realidad, estaba su rostro.

Ese antipático rostro otra vez.

Si aquella chiquilla no tuviera el nivel de odio que necesitaba, sin duda jamás me hubiese acercado a ella ni por asomo, pero ya el contrato estaba vigente y no podía hacer más que esperar cualquier flaqueo por su parte para romperlo. Por lo demás, esa posibilidad también me molestaba.



Mi ceño se fruncía cada vez más conforme avanzaba por el largo pasillo del Castillo Infernal. Un lugar poco concurrido e ideal para pensar las cosas con detenimiento. Teniendo cuenta que estaba en el Infierno, era casi una bendición estar en un lugar tranquilo, pero claro, yo no era alguien con mucha suerte que digamos…

― ¿Acaso las cosas no fueron muy bien, Jack? ― esa voz era inconfundible, era la voz de la irritación encarnada.

Tomé una buena bocanada de aire, sin  importar lo que hiciera, siempre terminaba encontrándomela. Decidí tomar mi reciente éxito como arma para molestarla.

―Pues, ya he establecido el contrato, ahora que lo dices. ―respondí dirigiendo mi vista a la diablesa― Pero claro, ese no es tu problema ¿O sí, Nadia?

―Por supuesto que no― refutó con altanería. ― Pero para que lo tengas en cuenta: Ya he conseguido un humano con mayor potencial que esa chica.

― ¿Ah sí? Entonces no tenías por qué intentar quitármela, si no creías que valía tanto…― me encogí de hombros burlonamente.

―Yo la vi primero. ―farfulló muy bajo.

―Si la mentira no fuese algo tan natural, estaría ofendido. ― me reí sin ganas― No es mi problema que otros demonios se hayan percatado muy tarde del potencial de la chiquilla. ―Me miró con furia, lo cual amplió mi sonrisa  aún más― Ahora, si me disculpas, tengo que informar a los Sabios…

Rugió en cuanto le di la espalda.

― ¡IRÉ AHORA MISMO A ESTABLECER EL CONTRATO JACK! ― gritó estrepitosamente, la miré por encima del hombro con una ceja alzada― ¡YA VEREMOS QUIEN RÍE AL ÚLTIMO!

―Sí, sí…―murmuré mientras avanzaba y la escuchaba desaparecer.

No pude evitar alegrarme con esa situación, entre las cosas que deseaba hacer, humillar a esa pequeña e insolente diablesa era una de las más gratificantes. Después de todo, ella había llegado a mi nivel en muy poco tiempo, mientras que yo había pasado siglos intentando llegar a dónde me encontraba. También estaba el hecho de que, una vez que se desarrolló, comenzó a perseguirme a todos lados, no entendía el por qué me quería como pareja ¿Para someterme a su placer? Quizás.

Enfermizo. Realmente enfermizo.

Ese comportamiento  de los demonios era totalmente irónico y por demás desagradable, pero era una de las secuelas de haber sido ángeles en sus inicios: la necesidad de buscar “parejas”. Pero dada mi procedencia y naturaleza, no estaba nada interesado; aunque, al parecer, las diablesas que me rodeaban sí que estaban interesadas, en especial la que apareció frente a mí una vez que me adentré en la zona de los Sabios: Alexandra.

La reconocería a donde fuese, no solo por aquellos pechos protuberantes parcialmente ocultos por el fino vestido negro. Sino por el olor a cuerpo humano que despedía. Ella siempre había estado apoyándome, pero dada sus numerosas jugarretas (llamemos a humillación sexual infinita “jugarretas”) con los jóvenes demonios jamás me había dado cuenta de la “especial” simpatía que tenía hacia mí.

Craso error.

― Estás aquí, Jack. ―constató, en su tono imaginé una sonrisa. ―Eso quiere decir que tuviste éxito con tu primera tentación…

Fruncí el ceño. ¿Acaso me tenía vigilado? Mantuve la vista en el suelo, si me atrevía a mirar a los ojos de un Sabio, sin duda recibiría un castigo.

Otro más, de hecho…, suspiré.

―…Y quieres el permiso para concederle tus poderes. ¿No es así?

Inesperadamente, me tomó la barbilla  suavemente con una de sus manos, obligándome a alzar el rostro. Mis ojos impactaron directamente con los suyos: de un verde esmeralda profundo que hacía resaltar su cabellera rubia platinada, la diablesa tenía unas facciones realmente atractivas (he de admitirlo) con esa nariz pequeña y esos labios abultados.

―Precisamente, Señorita Alexandra. ―dije, obligándome a hablar sin mirar sus labios, al ver cómo se daba cuenta, una oleada de ira recorrió mi cuerpo. ―Necesito la aprobación…

―Y la tienes ya, Querido Jack. No tienes que preocuparte por formalidades…― sonrió, detallando mi rostro con lentitud. Su deseo se hacía notar y, claro, yo me hubiese apartado inmediatamente, pero no podía enfocar la vista muy bien que digamos. ― Debes sentirte un poco mareado ¿No? ― susurró, acercando su rostro al mío y dejando que su aliento rebotara contra mi piel― Eso se debe a que estoy separando tus poderes de forma que tu contratista los pueda utilizar…

―Uhmm…―murmuré, dejando caer mi rostro de lado. Ella me tomó la quijada y me besó el cuello. Fruncí el ceño, pero era incapaz de alejarme sin caer al suelo. ― ¿Cuándo tendré que estar con ella? ―jadeé.

―Cuando tengas fuerzas para ponerte en pie por ti mismo. ― murmuró. Gruñí. Su tono de burla y sus acciones no me gustaban para nada, mi mal humor aumentó cuando ella comenzó a reírse― No seas tan sensible, Querido Jack. Sabes que no soy tan mala…―rompió a reír nuevamente y desapareció (para mi fortuna)

Con suerte di dos pasos para apoyarme en la pared, me molestaba tanta debilidad. No contaba con que eso me afectaría tanto, si bien, tampoco contaba con que comenzaría a escuchar los estridentes gritos del purgatorio; aunque este se encontrara bastante lejos de mí…

…Innumerables chillidos inundaron mis oídos, potentes y agobiantes aullidos de dolor que clamaban piedad. Comencé a avanzar a lo largo del pasillo, tratando de huir de aquellos gemidos aturdidores, pero no podía ir demasiado rápido y tenía que utilizar la pared como bastón, con un paso agobiantemente lento logré llegar a lo que podía llamar mi habitación, me lancé al sofá intentando dormir un poco para así alejarme de todo.

Después de todo, pronto tendría que ir al mundo humano y tenía que alejar a los fantasmas de mi pasado que me atormentaban al escuchar aquellos gritos ensordecedores, pero no importa lo que hiciera, nunca podría olvidarlo…

…Poco a poco, los gritos se transformaron en pesadillas que creía haber desechado hace ya mucho tiempo…



Me desperté luego de una buena oleada de sueños interminables. Ya no escuchaba las almas en pena, por lo que pensé que podría levantarme con facilidad pero no fue así, una vez que me levanté del sofá mi cuerpo tembló y caí nuevamente en él.

Patético…, pensé mientras me tapaba la cara con un brazo.

―Y…Entonces… ¿Qué te dijo ella? ― dijo una voz tras de mí.

Levanté el torso inmediatamente debido a la impresión. En el otro sofá había un demonio rubio, que apoyaba su quijada en una mano. 

―Me refiero a la humana, claro…―siguió.

― ¿Por qué demonios tienes que aparecer de esa forma? ― cuestioné, esquivando su pregunta. No le quería responder de todas formas y él lo sabía. ―Podrías tocar o algo parecido, Aesh…

―No evadas mi pregunta de esa forma. ― se quejó, Aesh siempre había tenido un pésimo sentido del humor. Pero nunca me había molestado hasta ese día, muchas cosas no me habían fastidiado tanto hasta ese día. ―Dime… ¿Cómo reaccionó esa humana? ¿Cómo se lo dijiste…?

―No es de tu incumbencia y lo sabes bien. ―rugí. Pero cuando vio mi ceño fruncido, una gran sonrisa se extendió por su rostro.

―Pero aun así te mueres por decirme qué pasó― aseguró aunque vaciló cuando le lancé una mirada sarcástica, esa no era la verdadera razón por la cual no lo había echado a patadas. No tardó mucho en comprender, sus ojos brillaron a modo de triunfo― No, no es eso Jack. Quieres preguntarme cómo reaccionó mi primera contratista, pero lo siento, me temo que no te diré nada…―lo sabía, entorné los ojos―…A menos que…me digas cómo reaccionó la tuya.

Se encogió de hombros con aires de prepotencia.

Cosa que me molestó aún más, pero decidí contarle lo ocurrido. No tenía opción, después de todo, él escogió estancarse como Demonio Asesino, había  establecido numerosos contratos y podría decirse que era un experto en el tema; es decir, no había nadie que tuviera más experiencia que él, y necesitaba valerme de sus conocimientos para lograr mis objetivos. Dejar mi orgullo a un lado en esta ocasión era lo único que arriesgaba, al menos por ahora.

Aesh se mantuvo escuchando en un estado analítico. Una vez que terminé, se tardó unos segundos en comentar:

―Bien. Creo que ya deberías volver al mundo humano y controlar a tu ¿Extraña? contratista―

¿Extraña? ¿Acaso buscas una forma cortés de llamar a una humana?, fruncí el ceño, restándole importancia al asunto.

―Debería―repetí recostándome del sofá. En ese momento ella “Debería” estar dormida.

― ¡En serio deberías! ― exclamó. Lo ignoré cerrando los ojos ― Por lo que me acabas de decir, ella piensa que eres una ilusión y que no te volverá a ver…― sentí un escalofrío y el sofá dio una vuelta de campana. Caí al suelo inmediatamente, me preparé para pelear, pero él agregó con voz seria: ― Y si ella no quiere verte, pronto se cegará y el contrato se romperá antes de tiempo. Es un alma valiosa, y te advierto que la tomaré a penas la dejes, si cierra el contrato antes de las Siete Noches, me tomaré la libertad de…

― ¡NI SE TE OCURRA HACER ESO, ELLA ES MÍA! ¡NO DEJARÉ QUE NADIE ME LA QUITE TAN FÁCILMENTE, NO HE LLEGADO HASTA AQUÍ PARA NADA! ¡MUCHO MENOS PARA DARTELA A TI! ―rugí.

Era tan fácil hacerme enojar, y Aesh era consciente de ello. Jamás había gozado de un buen temperamento, y si alguien osaba interferir con mis objetivos, ese alguien  no tendría una estadía larga en este mundo, eso era seguro. Pero en ese momento no me encontraba con la energía suficiente para hacerle frente, al menos no como quería…

Casi podía ver el reflejo de mis ojos en su rostro, se asombró y luego comenzó a reírse burlonamente. No bajé la guardia, sin importar las bromas, sabía que ese demonio iba en serio; su orgullo era un arma atroz y yo estaba consciente de sus habilidades.

―Relájate, Jack… ¡Sólo era una broma! ― exclamó entre risas. Sí claro, pensé. ― Supongo que ahora si te irás ¿Cierto, Jack?... ¡¿Jack?!

No pude escuchar lo que me gritaba, comencé a correr. La furia intensa había quemado todo el cansancio, después de todo, había recordado por todo lo que había pasado y los siglos desperdiciados. No iba a dejar que esa alma de alto potencial se me escapara, mucho menos con tanto en juego…

~K~


Mi desdichoso día por fin había llegado a su fin.

Ya me había cansado de las acostumbradas riñas antes de dormir, pero no pude evitar que mi mal humor se hiciera notar. En otra ocasión de seguro me había hecho a un lado y habría evitado responder a lo que me decían, pero estaba realmente molesta conmigo misma y quería descargarme con lo que fuese. Es decir, todo habría terminado esa misma mañana…Pero noooo, tenía que haber aparecido una ilusión realmente atractiva para hacerme flaquear ¡qué gran ironía! tanto que quería desaparecer y mi subconsciente me detiene.

Suspiré mientras me acomodaba en la cama, dormía en una pequeña litera, por lo que estaba acostumbrada a mirar el techo durante casi toda la noche. Aunque ese día en particular, tenía la esperanza de dormir por mucho tiempo sin ruido o sueño que me molestase, dado que mi mente había trabajado lo suficiente en crear esa ilusión tan real. Pero no lograba conciliar el sueño preguntándome si volvería a alucinar otra vez (aunque lo dudaba rotundamente, ya que no había visto nada en todo el día).

Parece que en mi otra vida le jugué sucio a Morfeo, pensé poniendo los ojos en blanco, no podía dormir y sentía que las esquinas de la habitación se oscurecían cada vez más. Había escogido la cama de arriba para tener un poco de libertad (y vaya que la tenía) y para poder dormir una noche completa sin que nada me molestase, pero claro, esa tenía que ser una de las tantas decisiones erróneas de mi vida: los bichos de la lámpara se acercaban a mi cama y la iluminación de esta me daba de lleno en el rostro cuando dormía, despertándome en el acto. Además, arreglarla era todo un rollo (aunque eso sí tenía solución: dejarla lista para dormir al día siguiente)

Cerré los ojos por unos segundos antes de voltearme hacia la puerta, había una figura masculina recostada del marco, al ver que lo observaba, se enderezó, era un hombre alto. Y el único hombre que habitaba en esa casa (y competía con su altura) lo podía oír roncar en la habitación contigua. Pensé en gritar, pero mi instinto no me lo permitió. Él dio un paso hacia delante.

¡A la mierda el instinto!, cavilé y comencé a llenarme de aire.

―Es increíble que llames “instinto” a tu orgullo― exhalé de un sopetón al reconocer esa voz―  No gritas a menos que tengas una aguja cerca de ti ¿No es así?

Había acertado otra vez, como esa mañana, me avergonzaba demasiado gritar porque si no había nadie quedaría como una loca. Sin embargo sí lo estaba,  me di la vuelta tratando de alejarlo de mí, pero al mirar la pared me encontré con sus ojos rojos burlándose de mí y su cabeza atravesando la pared dándole el aspecto del gato Cheshire, cosa que me molestó aún más (amaba a ese gato), pero no había sonrisa alguna en su rostro.

― ¿Por qué no conseguiste una cama más espaciosa? Hazte a un lado.

No me moví y me negué a responderle. Sin embargo, él sacó su cuerpo de la pared y se sentó en la parte baja de la cama, con la espalda –esta vez sin alas― pegada a la pared.

―«Espero que no te hayas olvidado de mí.»― gracias a la tenue luz de la luna pude detallar su rostro, sus labios ya no se movían.

Esa era una indirecta, que traduciendo sería algo como: “Puedes hablar de esta forma, no hay problema”. Suspiré.

«Y ¿Cómo hacerlo?» repliqué de mal humor. Él me respondió con una sonrisa llena de malicia.

―Hoy tenemos trabajo. No olvides que estableciste un contrato, así que nos vamos.

«Desde hoy…» divagué, parecía como si se sintiera obligado a decirlo. Su voz no era tan dulce como lo había sido antes « ¿Y qué pretendes? Si alguien viene repentinamente y no me encuentra, llamarán a la policía.»

―Ambos sabemos que no es eso lo que te preocupa sino ser considerada una adolescente escapista― suspiró con molestia― De todas formas, no es necesario que tu cuerpo vaya también…

« ¿Qué? ¿Mi cuerpo?»

Tomó mi mano y tiró de mí antes de que pudiese decir nada. Me levanté con el impulso, inclinándome hacia adelante; no podía sostenerme, estaba algo mareada, pero casi me desmayo en cuanto vi mi rostro durmiente acostado en la cama.

¿Un viaje astral? ¿Puedo hablar normalmente entonces…?

―Así lo llaman los humanos…y sí.―farfulló― Ahora, vámonos.

Esquivé su mano con agilidad, mis movimientos eran ligeros. Noté como los colores cambiaban, como todo era más claro  y mucho más hermoso, el olor de la habitación se intensificó, casi podía degustar la madera del techo si me concentraba, pero el tacto era lo que más llamaba mi atención, las sábanas me acariciaban las piernas con delicadeza. Me pasé las manos por los brazos, mi propio contacto me fascinaba…

―Basta ya de reconocimientos― siseó el Demonio.

―Espera…―susurré― ¿Cómo debo llamarte?

―Jack― exhaló furioso y me tomó por el brazo.

El contacto me quemó, y el dolor se extendió por todo mi cuerpo, pero sólo por un instante, poco a poco, la quemazón fue sustituida por una especie de ahogo, una sensación extraña. Gemí. Mi estómago se encogía, la cabeza me daba vueltas. Luego todo terminó en un segundo.

― ¿Qué fue eso? ― jadeé.

―Te lo dije ¿no? “puedes usarme a mí y a mis poderes como te plazca…”Eso que acabas de sentir, es la parte de mis poderes que va para ti― se sostuvo el puente de la nariz con el índice y el pulgar por un instante― Obviamente, te enseñaré a usarlos.

Era sorprendente el cambio de tonalidad en su voz, con respecto a esa mañana, a pesar de haberse citado así mismo, parecía tratarse de una persona totalmente distinta. Su ira y molestia se hacía ver conforme pasaban los segundos.

Perturbante.

―Entiendo. Pero ¿a dónde…?―titubeé.

―Eso no importa, te explicaré cuando lleguemos. No perdamos más tiempo. ―Sentenció.

Haló mi brazo izquierdo al tiempo que sus alas aparecían y se desplegaban dejándome muda. Un solo aleteo bastó para sacarnos de la habitación, propulsándome fuera de la ventana. No tuve tiempo de ver absolutamente nada, el Demonio me agarró con fuerza y en un segundo o menos ya estaba en el suelo. Las piernas me temblaban levemente, pero él hizo caso omiso y me haló con más fuerza hacia un callejón oscuro. Casi trotaba, estaba tan aturdida que no podía pronunciar palabra alguna, no distinguía el lugar a dónde me llevaba, todo era borroso.

No fue hasta que se detuvo precipitadamente (y que casi choqué con él) que pude ver donde me encontraba: un barrio pobre.

Reconocí las casas mal pintadas, los techos de Zinc y las calles detraídas, había pasado por ese lugar unas cuantas veces, siempre en el carro, hundida en lo profundo del asiento. Tenía familiares en ese lugar, pero las personas con las que vivía jamás lo admitirían.

Traté de mover mi mano izquierda, pero fue imposible. Moví mi brazo bruscamente para que me soltara. En cuanto se percató de mis intenciones, murmuró sin emoción alguna:

―Lo siento, tenía prisa. ― me soltó con cuidado a pesar de la brusquedad de su tono de voz.

Me concentré en poner cara de póker.

― ¿Qué pasa? ― preguntó molesto.

―Estoy esperando a que me expliques qué hago en este lugar.

―Bien―refunfuñó― Te enseñaré a tu víctima. Sígueme. ―hizo un gesto con la cabeza y avancé a un paso de él.

Me examiné la mano izquierda, tenía la marca de sus dedos impresa en el brazo, pero desaparecía levemente. Más allá de mi mano, vi como mis pies impactaban con el suelo de granito directamente. No me había dado cuenta de que estaba descalza, mucho menos de que llevaba puesta una simple bata blanca conmigo. Me sentí incómoda inmediatamente, quería estar calzada y…mejor vestida.

El Demonio suspiró con fuerza, supuse que había puesto los ojos en blanco. Justo después la luz de un auto me cegó. Dirigí la vista al suelo tratando de enfocar mejor, cuando me di cuenta de que mi atuendo había cambiado: ahora llevaba una camiseta negra sin mangas,  jeans sencillos y tenis bastante cómodos.

Agradecí mentalmente al demonio, era amable, a pesar de todo. Ahora me sentía mucho más segura y podía andar con mayor libertad, pero claro, como todo en mi vida, la sensación de bienestar no duró ni dos segundos más antes de que empezara a oír disparos.

Nos paramos justo en medio de un tiroteo. Como acto instintivo, iba a darme la vuelta y salir de allí cuando el Demonio me tomó por el hombro.

―No nos ven. ―dijo en un tono nada tranquilizador. Lo miré con duda, suspiró una sonrisa. ―No te preocupes, no traería a mi Contratista aquí si no fuese seguro…―la ironía invadió su tono de voz, para luego ponerse serio: ― Ahora…―me dio la vuelta, colocándome a su lado. ―Mira atentamente. El de allá es tu posible víctima de asesinato.

Señaló con la cabeza a un adolescente de unos 18 años, de tez morena, no muy corpulento y estatura mediana. Supuse que a nadie le parecería extraño un chico como él, dado su rostro en plena juventud y su sonrisa amistosa, pero si lo vieran con el revólver en la mano, la cosa sería completamente distinta.

Su puntería era realmente fascinante, no vacilaba un segundo, y de no ser por los dos que se habían agachado a tiempo, los habría asesinado como los otros tres que los acompañaban y ahora se desangraban en el suelo. Era, para mí, un espectáculo macabro, me parecía alucinante la audacia y destreza de un muchacho que apenas me doblaba la edad.

―Su nombre es Kevin― prosiguió el Demonio con cautela― No necesitas saber el apellido ya que es muy fácil de reconocer y siempre lo encontrarás en el mismo lugar. Acertaste sobre su edad, exactamente tiene 18, el revólver que tiene es su única arma. Nunca le ha fallado, la robó hace ya algunos años por lo que ya está lo suficientemente experimentado…como lo puedes ver.

Sentí el sarcasmo con la última frase, sabía que el Demonio tenía los ojos fijos en mí mientras hablaba. Pero yo no podía apartar la mirada del chico y de sus víctimas, era la primera vez que veía una escena así sin estar retenida por la pantalla del televisor, la sangre brillaba de una forma tan intensa y de un rojo tan oscuro que incluso me resultaba hermosa. Estaba abrumada y maravillada. Completamente absorta en la escena que se desarrollaba frente a mí.

― ¿Caithlyn?

Desperté del ensueño aturdida. El que dijera mi nombre un Demonio me provocó un vacío en el estómago, pero el subconsciente hizo el trabajo por mí:

―Dime Kate. ―una vez que mis labios se movieron, volteé a ver los ojos del Demonio quien tenía una media sonrisa dibujada en su rostro, encantado de mi expresión.

―Bien, Kate, ya tienes en cuenta todo lo que te he proporcionado. ―constató― Ahora responde: ¿Cómo lo matarías?

Mi mente empezó a maquinar por si sola. Él me conocía, sabía por qué querría matar a aquél chico.

―Bien, ya que está especializado en el ataque a distancia sería difícil jugar su mismo juego…―paré en seco. Jamás había hablado de esa forma antes, comencé a pronunciar las palabras antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo en verdad ¿Qué me estaba pasando?

―Eso, es a lo que deberías llamar “instinto” ―respondió a mi pregunta interna. Se acercó a mí y me susurró al oído: ―Continúa…

Pasé la vista de él a Kevin, en mi mente comencé a recrear la escena:

―Al ser mujer atraerlo sería la parte más sencilla, él pensaría que soy una prostituta o una chica fácil de aprovechar. Me llevaría a un lugar apartado, consciente de la posible presencia  de sus enemigos, estaríamos completamente solos. No habría testigos. Una vez desprevenido, lo atacaría con un arma blanca, un cuchillo sencillo, fácil de manipular. La primera apuñalada sería en su brazo…

Divagué mientras observaba  la mano con que agarraba el arma con más firmeza.

»…Derecho, directo en el tendón, de tal modo que la mano se le paralice y no pueda tomar el arma con facilidad. La segunda apuñalada sería en el estómago, encajando el cuchillo de tal forma que quisiera detener el sangrado con la izquierda. Caería al suelo y me daría tiempo de sacar el cuchillo antes de que me tocara. No moriría al instante, por lo que podría tomar su arma para darle el golpe de gracia. La policía pensaría que fue un ajuste de cuentas dada su reputación― finalicé, encogiéndome de hombros.

―Increíble―murmuró el Demonio, asintiendo para sí mismo. ―Necesitas pulir una que otra cosa, pero este es un comienzo aceptable― sonrió― Ahora, vamos a otro lugar, tengo que explicarte algunas cosas antes de seguir con las víctimas de esta noche…

― Víctimas…―titubeé― ¿A cuántas víctimas tengo que ver hoy?

No quería saber la respuesta.

―Nueve. ―respondió secamente.

Nue―ve, asimilé con un jadeo. No lo podía creer, diez sólo la primera noche y el contrato duraba 7 años, no imaginaba cómo podría acabar con tantas personas. Era imposible.

―No te quejes tanto. ―murmuró― Ven…

Me tomó en brazos sin decir más nada, me comencé a quejar instintivamente y a dar patadas. Pero me quedé helada en cuanto tomamos altura y no pude evitar engancharme a su cuello, observé la ciudad desde lo alto, Frandfort estaba iluminado tenuemente a pesar de la cantidad de sombras que se propagaban en sus calles, parecían lobos que corrían a tragarse las luces. Descendimos en una urbanización privada, justo en medio de un parque infantil.

El tobogán y los columpios parecían algo tenebrosos a la luz de la luna. Supuse que era por el hecho de imaginar risas de niños en la soledad del parque, que parecía concurrido debido a los juguetes esparcidos en el arenal. Recorrí el parque con un rápido vistazo, el demonio se había sentado en un banco a unos palmos de distancia. En cuanto captó mi mirada me invitó a sentarme junto a él.

Obedecí, extrañada por la expresión de su rostro. A pesar de la severidad de sus facciones, parecía bastante agotado. Parecía, inclusive, muy humano.

Puse fin al silencio en ese instante.

―Me ibas a explicar algo ¿no es así? ―no lo dije con el tono sarcástico que pretendía, su rostro me había hecho flaquear.

No pareció darse cuenta de eso, ya que habló mecánicamente, sin darse tiempo para pausas:

―En primer lugar, está el poder que tienes sobre mí: puedes ordenarme lo que sea, te obedeceré no importa lo que pase, así no quiera hacerlo. En segundo lugar: no debes exponer mi existencia ante cualquier otro humano, a no ser que se trate de un contratista o que sea una víctima la cual eliminarás en un lapso menor de dos horas. Por último: debes hacer todo tal cual te lo diga, y atender cada vez que te llame.

Alcé una ceja, mirándole a los ojos con sarcasmo a pesar de la autoridad que despedía.

―Y… ¿tengo que creer que eso último no lo acabas de inventar? ― traté de evitar el comentario, pero salió con tal naturalidad que no pude reprimirme.

―Agh…―farfulló y clavó la mirada en el cielo. Hice lo mismo, tratando de evitar sonreír― Te he estado vigilando durante un tiempo, sé lo terca que eres en verdad a pesar de cumplir con todo lo que te ordenan. Si me tienes a mí, alguien a tu voluntad, me desobedecerás por convicción. Admite que tenía que intentarlo…

Asentí. Tenía razón después de todo.

―Así que has estado vigilándome…―subí los pies al banco y me abracé las rodillas para estar más cómoda. ―Y parece que me conoces un poco…―rondé, observando sus reacciones de reojo…

No era orgulloso, no en apariencia, al menos. Pero tenía que continuar analizándolo un poco más para descubrirlo (siempre era así con quienes conocía, hurgando expresiones en silencio. Me consideraba una invasora de privacidad)

―Pero no lo suficiente― continué, divagando un poco. Algo dubitativa, alcé la vista al cielo otra vez, detallando la luna llena.

―Adelante ―murmuró―Pregunta lo que quieras. No tienes por qué esperar tanto…

― ¿Sabes, Jack? Creo que tengo la primera orden para ti: No leas mis pensamientos a menos que yo lo quiera― tragó en seco. Luego suspiró cansadamente.

― ¿No ibas a preguntarme cosas? ―refunfuñó.

― Ahora que lo dices…―titubeé, esta vez jugando con su paciencia. Se aclaró la garganta, molesto. ―Está bien, está bien…Primera pregunta: ¿Cómo sabes que no intentaré suicidarme otra vez? Teniendo en cuenta que te puedo ordenar no detenerme... ¿Eso no rompería el contrato?

―No lo harás por ahora…

Carraspeé, necesitaba respuestas concretas. Él suspiró, al parecer, no le gustaba hablar mucho.

―Podemos identificar a los suicidas gracias a marcas que aparecen en sus cuerpos, mientras mayor es la intensidad, mayor es el deseo. Las marcas son como líneas cosidas, cicatrices, más bien… y dónde aparecen determina el método de suicidio que usará el humano. ―su tono era sarcástico como diciendo: “¿Feliz?” pero para su desgracia, yo tenía más y más dudas.

―Dices que sabrás el momento en que lo decida, pero…

―Soy un demonio ¿Lo olvidas? Puedo persuadirte como sea. Además, el castigo de perder a un Contratista por suicidio es de 100 años observándolo chillar en el purgatorio, completamente encadenado a su alma. Y créeme que una pérdida de tiempo así no es muy agradable…Sin embargo, después de eso puedo establecer otro contrato.

―Corriendo el mismo riesgo―razoné. Asintió― Dime, ¿Hay forma de romper el contrato?

―Para el Contratista, sólo su muerte natural lo puede liberar. Has aceptado, y es tu responsabilidad asumir las consecuencias, en ese aspecto, como demonio tengo todo el control. Si no me sirves lo romperé de inmediato ―sentenció, entorné los ojos. ― Aunque…también está el hecho de que si dejas de creer en mí, o en los seres como yo, te cegarás y no podré evitar la ruptura del contrato; ya que automáticamente te olvidarías de mí. Pero si eso ocurre, no te quitará la posibilidad de que otro demonio venga y te persuada de otra forma para tenerte como contratista.

Asimilé las cosas con lentitud, prácticamente me había dicho que no había forma de romper el contrato. Pero me intrigaba el hecho de poder “cegarme” ¿Cómo podría olvidarme de todo esto? Observé su expresión, dada su inmutabilidad y silencio, me di cuenta de que la orden de no leer mis pensamientos estaba en vigencia. Proseguí con otra pregunta distinta para que no pensara que quería romper el contrato.

― ¿Puedes establecer más de un contrato a la vez?

―Sí, pero eso me estancaría en esta fase. Así que no lo haré…

Dudé ante la otra pregunta que se me vino a la mente. De hecho, ya me la había reservado hace bastante tiempo:

― ¿Por qué te ves tan cansado? ¿Acaso los demonios duermen? ―cerré la boca antes de dejarme llevar por la emoción…

…La verdad, una de las razones por las que dudaba de la “ceguera” era mi pasión oculta por lo sobrenatural y el ocultismo. Sí, soy una persona bastante extraña a decir verdad.

Él respondió con total desinterés, sin percatarse del mío.

―Depende de lo que hacemos, cuando eres “Poseedor” te alimentas de las energías de los seres humanos. Si asciendes a “Infortunio” sólo aplicas un poco de tu energía en causar desastres, pero cuando llegas a “Contratista” las cosas son distintas…la mitad de tu energía y poderes se los lleva el humano, por lo que tienes que encontrar la forma de reponerte ya sea durmiendo o…con la sangre de los humanos…

― ¿Sangre? ― Ok, olvidemos la represión de mis emociones ¿está bien? ― ¿Cómo? ¿Vampiros? ¿O es el tipo de “energía” y tiene un significado distinto?

El demonio volteó a verme con los ojos como platos, bastante desconcertado. Dada su reacción me sentí un poco avergonzada a decir verdad. 

―Me…asustas. ―admitió― ¿De verdad eres humana? Eres bastante rara ¿Lo sabías?

Y tú un idiota ¿Lo sabías?, puse los ojos en blanco.

―Limítate a responder― refunfuñé molesta.

―Bueno…eh…―frunció el ceño― Ver “sangre derramada” nos revitaliza, ya sea observando Guerras o estando presente en invocaciones, pero “beber” sangre también aporta energía mucho más directa. De ahí las historias de vampiros: demonios demasiado débiles, incapaces de aguantar la pesadez del contrato.

―Dices, que terminan asesinando a sus contratistas…―murmuré, aunque no lo dije por miedo, a decir verdad. La sed de conocimiento era demasiado intensa como para pensar en mi bienestar.

―Bien, eso no puedo asegurarlo. Lo que te he dicho es todo lo que sé... No preguntes más de eso porque no te sabré responder― se apresuró a agregar al ver mis ojos suplicantes.

Resoplé, enojada. Me lamí los labios asimilando todo y encogiéndome de hombros.

― Ya hemos perdido mucho tiempo aquí ¿No es así? ―dije sin mirarlo, levantándome del banco. Después de todo, no tenía ganas de seguir preguntando. ―Vamos, aún faltan 9 víctimas.

―Espera, Kate…―masculló con voz queda― ¿No quieres preguntar nada más…? Podemos…

― ¿No eras tú el que tenía prisa? ― pregunté con sarcasmo― Acabemos con esto de una vez, Jack. Ya tendré oportunidad de preguntarte más luego de todas formas.

―Pero…―suplicó sin levantarse. Mi mirada lo dijo todo. ―Vamos entonces…―suspiró.

Al parecer, la víctima estaba bastante cerca de nosotros, porque no sacó sus alas ni hizo ademán de cargarme. Lo seguí de cerca sin pronunciar una palabra.

―Me sorprende que te cabrees tanto sólo porque no pude responder a una de tus preguntas―murmuró, rompiendo el silencio.

Mira quién habla de molestarse…, suspiré.

―No es sólo eso…―admití, renuente― Es que…me sorprende lo fría que puedo llegar a ser…

Paró en seco, y se dio la vuelta. Callé en seguida ante su mirada analítica.

― Pero…―se acercó a mi despacio, no me moví, así que tomó mi barbilla entre el índice y el pulgar. Supuse que era para asegurar mi proximidad, clavé mis ojos en los suyos inevitablemente― Eso es lo que quiero, Kate, volverte tan fría como el hielo, audaz y calculadora cual serpiente. Una característica sombría, oculta, que los demás humanos no puedan distinguir a simple vista…

Su voz había adquirido la seducción perdida de aquella mañana, cada palabra parecía acariciar mi cuerpo con lentitud. Pero hice caso omiso a lo que decía, sus ojos me hipnotizaron por completo, rojos, cambiantes y hermosos tal cual la sangre que había visto hacía sólo minutos. Sonreí, la maldad podía ser realmente encantadora a decir verdad.

―Vaya―suspiré mientras me reía― Algo fuerte, en realidad…―quité su mano de mi barbilla. ― ¿Qué tal si dejamos la hora de “tentaciones” para más tarde y terminamos con las víctimas de una vez? ¿Si, Jack?

Alcé una ceja. ¿Creías que caería en el mismo truco dos veces? , pensé al ver su rostro serio. Para él, parecía haber algo que no encajaba en mi actitud pero no iba a dejar que me tratase como una tonta.

―La noche no durará mucho de todas formas…―balbuceé a la final, cautelosa ante su mirada, que poco a poco se tornaba iracunda.

―Yo no lo creo así…―farfulló con brusquedad, dándome la espalda.

Lo seguí al cabo de unos segundos, había sentido un escalofrío que me había dejado paralizada un instante al notar la ira en su voz. No sabía por qué, pero cabrear a ese demonio me hacía sentir una sensación similar a la de subir una montaña rusa: peligrosa y atrayente al mismo tiempo.



Después de ese momento al que no sabría denominar como incómodo o no. Llegamos a 9 casas distintas, en 9 sectores de la ciudad totalmente diferentes, con 9 personas totalmente disparejas. Agotada de ir de allá para acá constantemente, teniendo que memorizar direcciones y buscar formas de matar a cada uno. Le pregunté al Demonio si las demás víctimas se encontraban dentro de los límites de Frandfort*…y él se echó a reír.

― ¡Los viajes largos comenzarán a partir del próximo mes!

― ¿Viajes largos? ― Lo fulminé con la mirada. No podría seguir teniendo el mismo ritmo con todos los exámenes que tenía a partir de la próxima semana. Le transmití mi línea de pensamientos (o al menos eso intenté)

― Ey, no me culpes por eso. Tu eres la que no tiene una definición específica de a quien asesinar… ¿Tengo que recordarte tu odio hacia todo lo que te rodea? ― alzó una ceja.

Mi―erda, pensé. Me había hecho callar inmediatamente, ahora ya tenía un problema el cual debía resolver lo antes posible. Pero, por ahora, la idea del contrato no hacía más que entusiasmarme.

―Además, no hay de qué preocuparse…―se encogió de hombros, leyendo mis ojos. ― Sólo te quedan 3 meses más de instituto y podrás dedicarte más…

Entorné los ojos, haciéndolo callar. No creía que mi mirada lo hubiese intimidado, acaso… ¿le había dado una orden internamente? Ante su cara de disgusto, supuse que en realidad había sido así. En cuanto me di cuenta, ya estábamos frente a mi casa, habíamos caminado todo el trayecto sin darme cuenta.

El portón azul se extendía frente a mí, impidiéndome el paso. Volteé a ver al demonio, a la espera de que me cargara o algo parecido. Pero él suspiró, me dio la vuelta otra vez y me empujó a través del portón. La sensación fue extraña e increíble (la verdad, siempre había querido hacer eso), reprimí el deseo de ponerme a jugar con las paredes en cuanto vi que él me rebasó y subía las escaleras de la puerta principal. En cuanto la atravesé, me quedé estancada observando mi reflejo en el espejo de la entrada…

― ¿Esto lo hiciste tú? ―pregunté al demonio, que se había recostado de la pared con las manos en los bolsillos, detallando mi reacción con los ojos entornados.

―No. Eso es lo que refleja tu alma en este momento, el deseo interno que has despertado esta noche…

Tragué en seco. Más allá de mi aspecto natural: ojos cafés, al tono del cabello lacio, que caía en cascada por mis hombros, y rostro ovalado; en mi cuerpo se extendían unas gigantescas manchas de sangre que recorrían mis brazos, mi pecho y mis rodillas, habían gotas que se esparcían por mis mejillas, avivando de alguna forma el color de mis ojos de forma increíble. No me imaginaba un maquillaje capaz de resaltar mi rostro de la misma forma que lo hacían aquellas manchas carmesíes. Sí, era algo realmente sádico y perturbante a decir verdad, pero no dejaba de ser mágico al mismo tiempo.


Puse mis manos sobre mi rostro, en el espejo se veían pálidas gracias a la sangre que las cubría, pero frente a mí, tenían mi color natural. Noté la mirada del demonio reflejada a mi costado.

― No sabías cómo reaccionaría al verme ¿cierto? ―susurré, dándome la vuelta.

―Pues reaccionaste bastante bien…Inesperado, a decir verdad. ―respondió, pasándose una mano por la cara. Se sentía el cansancio en su voz.

Asentí, pensando las cosas con detenimiento. No soy normal, cavilé con una sonrisa.

―Vamos…―murmuró.

Nuevamente se adelantó para subir las escaleras. Pasé  rápidamente el pasillo que me separaba de las escaleras, nunca me había gustado ese lugar de la casa ya que las grandes ventanas dejaban que la luz de la luna se posara tétricamente sobre el suelo de madera (a la hora de la verdad si soy bastante asustadiza), subí las escaleras pisando los talones del demonio, hacia el segundo piso, di un rápido vistazo a la sala―comedor y a la ventana de la cocina, al no ver señales de nada, seguí al demonio escaleras arriba.

Ya en el tercer piso, entré en mi habitación con rapidez. Pero antes de tocar las escaleras de la litera (sí, tengo que pasar la mitad de mi día subiendo y bajando escaleras todo el tiempo), el demonio me tomó por la cintura y me subió a la cama como a una niña pequeña.

―Siempre haces sonar la escalera…―bostezó― Y si lo haces de esta forma…―se subió a la cama de abajo y su cabeza apareció junto a mí― Pisotearás a tu “Hermanita”.

―Interesante…― Bufé, me di la vuelta. Mi cuerpo seguía allí, profundamente dormido.

Miré al demonio, supe que podría entrar por mis propios medios dada su inmutabilidad, acerqué mi mano a mi rostro con lentitud…

― ¡Espera! ―exclamó inesperadamente.

Di un sobresalto, casi se me sale el corazón por la boca. Lo miré con los ojos como platos, aturdida.

―Ehhmm…―farfulló aclarándose la garganta― Me olvidaba…Puedes escoger un par de noches en las que tu cuerpo y tu alma descansarán y no tendrás que recibir clases…

Alcé las cejas y aspiré una buena cantidad de aire. ¡¿Y ahora es que lo vienes a decir?¡ espera, espera…ahí viene el “pero…”

―Pero…―lo sabía…―A excepción de que sea sólo un día a la semana, tendrás que compensarlos, como en el colegio…Entre más noches pierdas, más días de clases sin descansos.

―Ya veo― murmuré derrotada.

Ya no tenía ánimos para ser sarcástica. Puse mi mano sobre mi rostro, en un segundo sentí como si mi mente fuese succionada por una especie de tubo estrecho y abrí los ojos. Literal y figurativamente.

Me senté en la cama de la impresión, había algo que me incomodaba…sí, ¿Qué era? Ah sí…

« ¡EL HECHO DE HABER IDO DE AQUÍ PARA ALLÁ CON UN SUPUESTO DEMONIO DE MAL CARÁCTER! ¡Y QUE AHORA SE ESTÉ ACOMODANDO EN MI CAMA! »

Hice que leyera mis pensamientos, presa de la molestia.

― ¿Y yo soy el que tengo mal carácter? ― masculló mientras se ponía más cómodo en el pequeño espacio entre el final del colchón y el espaldar de la cama― Ah…olvidaba decirte, puede que tu humor cambie un poco al hacer la transición. Pronto te acostumbrarás…―bostezó― Y antes de que preguntes, eso se debe a que el alma es un estado puro del ser humano, que cambia al entrar en contacto con el “cuerpo”.

Su voz sonaba cada vez más apagada. Incapaz de hacer algún comentario, me limité a recostarme de nuevo, cerré los ojos…

…En mi vida me había quedado dormida tan rápido.




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