6 ene. 2013

XI: Aterrorizada


XI: Aterrorizada

~K~

Me había quedado dormida poco después de terminar el libro. 

Todos y cada uno de mis pensamientos  estaban dirigidos a Jack cuando cerré los ojos, las crecientes ganas de conocer sus verdaderas intenciones me comían viva y no podía dejar de pensar en ello. Mis sueños, debido a mi impertinente curiosidad, estaban dirigidos por completo a él, infinitas imágenes de sus ojos rojos, de su cicatriz  oscura y de su rostro  eclipsado  por la seriedad aparecían detrás de mis párpados, bailando sin cesar en mi inconsciente viciado por su existencia misteriosa.

Desperté de todos esos sueños completamente confundida,  pero procuré en tomarme mi tiempo para abrir los ojos. El peso de las almohadas sobre mi cuerpo   se sentía  arrollador, aunque  cálido al mismo tiempo, moví  una de  mis manos hacia mi pecho, enterrando mis  dedos en una mata de cabellos suave y sedosa, una respiración lenta hacía eco con la mía  ¿A caso Kuro se había subido a mi cama? No, eso no  era posible… Pero ¿Qué otra respiración podría sentir? ¿Qué otro podía tener el cabello  tan suave…?

Abrí los ojos de inmediato. Yo jamás dormía sola.

Mi reflejo fue tan rápido que cuando me di cuenta de que había alzado  la rodilla ya era demasiado  tarde…Mi  demonio había salido propulsado hacia atrás y su espalda golpeó contra el espaldar opuesto de la cama. No tuve tiempo de disculparme, casi salté toda la altura de la cama presa de mi gran nerviosismo.

Llegué al baño en menos de cinco segundos. En el espejo se estaba reflejada una Caithlyn completamente enrojecida que no dejaba de hiperventilar.



―Ya te dije que lo sentía…―repetí por enésima vez.

―No me parece suficiente…―refunfuñó Jack. ― ¿Qué demonios te hice para que me golpearas de esa forma? 

―Fue un reflejo…―titubeé― Creo que estaba soñando…

―Mentirosa― farfulló.

Suspiré.

Después de llegar del instituto (ya que en la mañana me había echado a la fuga luego de patear a mi Demonio), Jack estaba en el balcón de la sala esperando impacientemente una explicación por mi parte. Y, pues, no estaba segura de qué decirle así que terminé disculpándome y dándole excusas durante horas…

Ahora podía darme el lujo de hablar con él sin problemas debido a la soledad de mi casa por las tardes. Al fin Claire había conseguido un empleo y Noel y Claudia estaban en la universidad mientras mi padre  trabajaba. Era grandioso pasar todas esas horas…a veces, en  soledad, pero otras, hablando sin parar con Jack.

A pesar de los constantes malentendidos de hacía días, hablar con mi Demonio se había convertido en una habitualidad inesperada. Repentinamente, él había dejado de desaparecerse a “recargar sus energías” durante todo el día y sólo se limitaba a  hacerlo por las mañanas. De alguna forma, podría decirse que a él también le agradaban nuestras conversaciones (aunque me replicara la mayoría del tiempo) porque la mayoría del tiempo era él quien las iniciaba.

…Aunque ahora estaba bastante molesto.

― ¡¿Cómo demonios  piensas que voy a creerte, Caithlyn?! ¡Eres una especie de cruenta  maniaca! ¡Tú y yo sabemos que eres capaz de hacerme maldades sin razón! Es más… ¡Sí lo has hecho!

Traté de no reírme, era cierto.

― ¡Esta vez juro que lo hice sin intención, Jack! ― repliqué― ¡Debí haber estado soñando! ¡En verdad, en verdad, lo siento!

Arrugó la expresión en una mueca de dolor que me preocupó bastante.

…Espera ¿Me preocupó bastante? 

―Está bien― murmuró con  voz seria― Te creo. ―Alzó una ceja― ¿Por qué tienes esa cara?

Al parecer, no podía   ocultar mi preocupación. Decidí ser sincera a pesar de todo.

―Te noto extraño…―murmuré. Sonrió y me dio unos golpecitos en la mejilla.

―Fuiste demasiado sincera, Pequeña Dictadora. Esa clase de cosas no me hacen bien…―confesó.

Me reí.

―Cada vez me das más armas para fastidiarte, Jack.

―Si esas son tus intenciones…creo que le saldrá el tiro por la culata, señorita.

Nuestras sonrisas simultáneas, aunque habituales, no dejaban de parecerme extrañas. Poco a poco, el ambiente se fue llenando de incomodidad, a tal punto que un silencio letal amenazó con provocar conflicto entre mis palabras y cada latido de mi corazón. No quería pelear con él... Además ¿por qué habría de hacerlo? No entendía el por qué me comportaba de forma tan extraña, pero lo que sí era seguro era que mi mente trabajaba rápido para salir de ese estado incómodo.

―So...sobre el libro...― tartamudeé para mi sorpresa.

― ¡El libro!―exhaló Jack (¿aliviado?)― Es verdad...―suspiró una sonrisa― Te lo has acabado todo y me torturaste lo suficiente...dime, Pequeña Dictadora, ¿qué te ha parecido?

Mi sonrisa no fue nada disimulada.

―Espléndido― respondí, conteniendo la emoción para expresarme como quería (tal y como él me había enseñado). Aspiré una buena cantidad de aire― Jamás había pensado en las emociones de esa manera...

Sonrió igualmente, con un grado de malicia.

― Excelente, Kate...―asintió― ahora que sabes qué son...

―O como se deberían sentir...―completé― ahora es más sencillo identificarlas y manipularlas...

―Exactamente...entonces sabes que...

―Cada emoción está reflejada en los rasgos de la persona, y por eso la persuasión de Briel resulta tan efectiva: Utiliza las expresiones adecuadas.

Los ojos de Jack brillaban orgullosos.

―Entonces...―culminó acercándose a mí.

―Podría hablar con todo el mundo sin problemas siguiendo los patrones de sus expresiones...guiándome a través de lo que he recopilado en cuanto a su conducta habitual.

Colocó sus manos sobre mis hombros.

―Esa es mi Contratista…―suspiró― Ahora te  ruego una cosa…

― ¿Sí? ― murmuré extrañada.

―Permíteme descansar un rato antes de iniciar hoy.

La carcajada que solté nos  sorprendió a ambos. En ese instante me preguntaba el por qué estaba tan cansado si, suponía, había estado reponiendo sus energías la noche anterior...

...Rápidamente le resté importancia al asunto. Yo también necesitaba dormir un poco.

En cuanto la noche cayó nos dirigimos a la habitación. Inesperadamente, nos desplomamos rendidos cada quien por su lado. La oscuridad apareció en mis párpados más rápido de lo que podía o quería esperar.




Pasos, pasos en la oscuridad terrible.

Una niña canta a lo lejos, su voz trina cual piar de canarios, pero aterra como el graznido de miles de cuervos en aquella oscuridad penetrante y paralizante.

Los pasos continúan, manos marcan el compás de la canción macabra.

No tiene letras, no hay palabras comprensibles en la perpetua melodía, sin embargo, sigue tumbando al son de la procesión ingrata de aquellos pasos incesantes.

Un escalofrío me recorre entera.

Soy yo quien provoca los pasos y marca el compás con suaves aplausos. Sigo avanzando, la oscuridad fría recorre mi piel, la canción permanente amenaza con erizar cada vello de mi cuello.

"¿De qué ha de temer la noche con su oscuridad latente?"

Pensamientos que en mi mente liban sin cesar.

Un sonido sordo se escucha, los trinos de la pequeña ensordecen.

Una luz al final del túnel oscuro ¿será esta la salida del camino crispante?

No.

Una silueta aparece en la luz, una larga cabellera descansa sobre una espalda encorvada: es una  mujer.

Sus ropas destrozadas y mugrientas barren el suelo despiadadamente, la oscuridad de su indumentaria se funde con las sombras de la estancia. Me acerco, expectante. La mujer continúa de espaldas...

Su mano se alza con un rápido movimiento, su puño cerrado brilla con una luz plateada que baila en la punta de sus dedos: una aguja.

Mi estómago protesta, el miedo se transforma en terror en un pesado instante. Ese objeto representa mi perdición, mi agobio, mi muerte. Retrocedo.

La mujer baja el brazo hacia ella, luego lo eleva nuevamente. Algo muy delgado brilla con su movimiento. Baja la mano de nuevo, ese algo se eleva por segundos, repite el proceso, el objeto y la aguja vuelven a brillar. Es un hilo. Está cosiendo.

El terror me paraliza mas la curiosidad se hace presente.

La mujer comienza a darse la vuelta, su larga y descuidada melena negra a penas se mueve gracias a la pastosidad de la mugre acumulada en cada hebra de su ondulante melena.

Su rostro se desliza por sus rígidos cabellos. Parece darse cuenta que estoy allí.

Espero.

Se levanta.

Se da la vuelta por completo.

Ante mi hay una mujer deformada, deformada por gruesos hilos negros...

Sus ojos sellados de alguna forma parecen observarme, de ellos proliferan lágrimas ácidas que humean a través de sus mejillas y besan su cuello ensangrentado. Sus labios permanecen parcialmente intactos, sólo las comisuras están selladas hasta el comienzo de su quijada angular.

La cabeza se ladea, asemeja un peso descomunal sobre sus hombros. 

Las lágrimas se esparcen con su movimiento.

Se acerca. Da un paso.

Reconozco su rostro al acercase a mí.

Esa mujer soy yo.

<Has llegado> su boca pronuncia delicadamente las palabras. <Lo has traído>

Acerca su mano mugrienta y delgaducha. No retrocedo, la pequeña cantora se escucha lejana.

Ella me arrebata algo de mis manos.

<Te hemos estado esperando> murmura mientras, con un movimiento, extiende la tela que acaba de zurcir...

...Miles de rostros en una manta de colores opacos. Miles de ojos de personas que he conocido desde mi niñez...

Miles de rostros que estoy por conocer...

Una risa se escapa como la exhalación de fuegos infernales, aúlla de alegría prohibida, lujuria contenida de acciones profanas: era la mujer.

En sus manos ahora, un cuchillo asesino rompe la tela sin cesar.

Sus exhalaciones eufóricas hacen eco de la destrucción. El desgarre de la tela, arrojando hilos escarlata asemejan sangre derramada a borbotones. La niña continúa su canción fantasmagórica. Ya no soy capaz de darle compás.

La tela rota parece gritar de dolor, la mujer exhala sonrisas de placer. Cuando acaba, sus hombros vibran por risas sofocadas.

Su cabeza se va hacia delante. Los cabellos de lija le ocultan el rostro.

Una de sus manos se extiende.

Ofrece el cuchillo bañado en hilos de gotas rojas.

<Tómalo> exclama con calma.

Alza el rostro, la mitad de su párpado se desprende, los hilos lo sueltan.

Su piel cuelga...un ojo color miel se revela, exponiendo cornea demás...

La niña deja de cantar.

La imagen se rompe cual fino cristal.

Oscuridad otra vez.

Comienzo a parpadear. Busco la luz desesperadamente...pero ante mí sólo aparecen espejos. Mi reflejo cambia paulatinamente...

A mi derecha, lloro.

A mi izquierda, golpeo. Quiero salir.

Al frente, río. Río con la sádica alegría de un gato devorando un ratón vivo difícil de atrapar. Mis ropas bañadas de sangre parecen entonar el mejor color...resaltando mi pálida piel.

Tras de mí, el vacío. La oscuridad total, no hay nada, sólo abismo, perdición.

El suelo se inclina...

...No tengo a qué aferrarme...

...Las tres «yos» lloran, gritan y ríen...

... Aferro mis manos a los espejos...

Sudo...

Mi piel se desliza...

Mis pies ceden...


Exhalé el grito justo después de salir de mi cuerpo.

No podía respirar normalmente, mis pensamientos comenzaban a revolverse de forma apresurada. Quería correr, huir, salir de ese lugar. No sabía a donde ir, sólo quería escapar. Como una bala, me fui directo a las escaleras de mi cama, dejando mi cuerpo inerte tras de mí.

Una mano se aferró a mi codo.

Me preparé para gritar otra vez, cuando otro brazo me rodeó rápidamente y mi rostro fue a parar a un pecho cálido y fuerte.

― ¿Qué pasó?― murmuró mi demonio con voz soñolienta.

Procuré respirar profundamente, sin aferrarme al torso de Jack y echarme a llorar. Temblaba incontrolablemente, había olvidado por completo al demonio...

―Tu no hiciste nada ¡¿VERDAD?!― Mis labios fueron más rápidos que mis pensamientos.

Aquél sueño espantoso, pudo haberlo causado él como venganza. Esta vez se había sobrepasado, había ido demasiado lejos, no podía dejar de temblar. No, Jack no hubiese sido capaz, no Jack, no…Jack  no ¡Por favor Jack  no! Mis  pensamientos acusadores se convirtieron en suplicas increíbles. Ni yo misma podía entender a mi mente extraña…

―Yo no te haría daño. ― Su voz se sobrepuso a la bala de pensamientos. ― No…Kate...

Aunque adormilado, su voz exhalaba halos de sinceridad. Exhalé de  un sopetón, agotada por  el temor,   me recosté sobre su pecho. Completamente derrotada, intenté respirar profundo para calmar los sollozos que se acumulaban en mi garganta…

…cuando el aire desapareció por completo.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Me dejas sin palabras. Desde hace poco tenía ganas de
expresarte mi admiración y fue así como me hice un blog. Me declaro tu fan. Un saludo.