28 feb. 2012

Doppelgänger: Tercera Parte


Tercera Parte



No fue tan difícil encontrarla a pesar de la cantidad estelas blancas alrededor.

Ella estaba igual que los demás,  sentada en una de esas grandes mesas metálicas, ataviada con una pálida vestimenta que contrarrestaba con el color de su rostro y las oscuras ojeras resaltando bajo sus ojos azulados. Sus facciones estaban deformadas en una dolorosa cara de póker, haciendo que mi corazón se comprimiera incesantemente. A pesar de todo, no dejaba de ser la Bella Mikaela Elder.

En cuanto mi sombra besó su cabeza decidió subir la mirada, se sorprendió por unos instantes, pero la rabia en su voz delataba sus, digamos que, verdaderos sentimientos. Me senté sin preguntar siquiera, sus ojos siguieron mis movimientos lentamente , envenenando poco a poco cada una de mis reducidas acciones.

― ¿Qué haces aquí? ―preguntó con un leve gruñido.

Sonreí levemente.

―Sabía que me recibirías tan cordialmente como siempre, Kay. ―divagué, poniéndome cómodo.

Ella colocó los ojos en blanco y se recostó del espaldar de su silla.

―Ya decía yo que era extraño― pesó en voz alta, suspirando sus ojos bailaban de la mesa al techo, pero conforme hablaba, fue mirándome directamente― Mis padres, dejaron de visitarme hace semanas…Pero entre todas las personas…nunca pensé que fueras tú, Ian. Eres una molestia…

Sus ojos sonreían a pesar de la frialdad de sus  palabras. Fruncí el ceño, ignorando el gesto deliberadamente.

― ¿Eso es todo lo que dirás? ― pregunté sin vacilación. Me esperaba esa actitud― ¿No preguntarás por nadie del pueblo?

Se lamió los labios mientras se  cruzaba de brazos y los apoyaba en la mesa helada.

―No hay nadie allí que me interese― puntualizó con tono siniestro.

Sonreí con confianza.

―Eso es porque yo estoy aquí ¿Cierto? 

Un asomo de sonrisa bailó en la comisura de sus labios por unos instantes. Sus ojos se tornaron fríos como el hielo.

―Podría demandarte por  acoso ¿Sabes? ― alzó una ceja. Asentí.

―Entonces me diagnosticarían demencia y me internarían aquí…contigo― la miré directamente a los ojos, desafiante.

Se encogió de hombros.

―Supongo que cambiaré de idea entonces.

Me reí y busqué un tema de conversación neutral.

― ¿Has seguido escribiendo?

Ella se había entretenido jugando con la humedad reflejada en la mesa. En cuanto pronuncié esas palabras, sus ojos buscaron mi rostro desesperadamente, un brillo intenso se coló en sus pupilas. Me contuve para no suspirar de alivio: mi Mikaela seguía allí.

―Algo…―confesó renuente, como quien duda en dar rienda suelta a sus emociones― Mis padres trajeron todo…― siguió su dedo, que recorría la mesa con la mirada― quizá crean que estando loca podría ganar más dinero y…

― ¿Y qué has pensado en estos días? ― la corté. Ella pareció darse cuenta de mis intenciones y me miró de inmediato,  dejando de pasar su dedo por la mesa. Me aclaré la garganta― ¿Qué has escrito?

Entornó los ojos y se inclinó un poco más hacia mí. La mirada de las enfermeras y enfermeros nos captaron de inmediato, pero Mikaela los ignoró por completo.

―De hecho, estoy a punto de finalizar uno “La Sirenita Coleccionista”, no muy diferente a la común…Sólo que el príncipe es un perro traicionero y la Sirena, ahogada por el dolor decide incluir su bello ojo para la colección…― sonrió con desdén― Es evidente que se dejó consumir por la locura, justo como yo…

Suspiré, cansado.

―No estás loca, Kay.

Alzó las cejas.

― ¿Ah no? ― bufó con sorna.

―No― debatí.

Su rostro cambió drásticamente de la seriedad a la impaciencia, transformando sus facciones en una  mezcla de ira contenida y oscuridad absoluta. Su voz se hizo un manojo de arañazos susurrantes.

― ¿Cómo demonios dices eso? ¡¿Qué no ves dónde estoy?!

―No perteneces aquí, Kay― susurré con seriedad― He encontrado el libro.

Cerró los ojos soltando un suspiro impertinente. La ignoré.

―Ábrelo y terminaré tu rompecabezas―me lamí los labios― No serás Tomie, ya no más…

Rió con sequedad.

―Tan seguro…―murmuró burlona― ¿Y qué se supone que harás? ¿Los revivirás a todos? ― carcajeó.

― ¿A qué te refieres― fruncí el ceño apoyando los codos sobre la mesa, ella se acercó aún más y habló con un tono de voz bajo y aterrador.

― ¿Sabes cuántos han muerto desde que tengo  uso de razón? ―no respondí― ¿Sabes cuántos han muerto cada año desde que cumplí mi primer año de vida? ― sonrió maléfica― No lo sabes ¿Cierto, Ian? ―Frunció el ceño, trémula― No sabes nada y aún insistes en estar con…en…en tratar de ayudarme.

Tomé su mano.

―Lo lamento―susurré― lo lamento, no sé nada…de eso. Pero lo que sí sé es que no estás loca, lo sé, Kay― Alargué mi otra mano y tomé su rostro con delicadeza― Y no quiero que nada te pase…

― ¿No me escuchas? ―sollozó― He matado…

― ¡No has hecho nada! ―rugí angustiado― No has hecho nada…

Guardamos silencio un segundo que ella tomó  para zafarse de mi agarre. Se tomó los brazos con fuerza con las manos, bajando la mirada, su cabello me impidió ver su rostro.

― ¿Me puedes responder unas preguntas, Ian?

―Seguro―suspiré. 

―Ve a nuestro alrededor ¿Ves a la pareja con bozales? ― en seguida supe de quienes hablaba, los había visto apenas entré. No esperó respuesta― Le dicen “Hannibal” se  creen vampiros y mataron cerca de 10 enfermeras y 3 doctores, desde que llegaron. Nadie puede separarlos, y ellos mismos se presentan como una unidad Osesio… ¿No crees que ellos tienen justificación por sus actos? ¿No merecen ellos salir de aquí mas que yo?

No respondí.

―O la chica a tu derecha. ― Mikaela continuaba con la mirada gacha. Dirigí la vista a la hermosa niña a nuestro lado, mechones dorados se colaban bajo su falsa cabellera negra― Su  nombre es Anna. Y el que habla con ella es Steve, una de sus víctimas, Ian― dirigí la vista, disimuladamente, al hombre con quien hablaba la chica…

 …Aquél ser en antaño pudo haberse llamado un “hombre”. Su rostro estaba lleno de cicatrices entrecruzadas, en su nuca inclusive se podían observar puntos aún sin curarse completamente, un orificio irregular le servía de oreja y uno de sus ojos estaba tan hinchado que no podía abrirse  en su totalidad, la mitad de su mejilla estaba cocida desde el lóbulo de la oreja y uno de sus orificios nasales estaba, por completo, sellado. Una silla de ruedas le servía de asiento y sus manos, llenas de cicatrices, no dejaban de temblar mientras la chica hablaba muy animadamente con una sonrisa eterna en su rostro de querubín. Arrugué la   expresión, devolviendo la mirada a la mesa.

»  Él no habla con nadie más que con ella, Ian. Lo he visto orinarse cada vez que Anna alza la voz, así sea para reírse. Al parecer busca “Redención” o algo parecido… ¿No crees que Anna merece salir también?

―Kay…

―O la chica de lentes que va a pasar justo detrás de mí por venteaba vez consecutiva…―efectivamente, una chica alta de cabello corto pasó tras ella con la mirada  perdida― Dice querer saciar la sed de Bloody Mary y acabó con todos sus…

― ¿A dónde quieres llegar, Kay? ―suspiré.

Ella alzó la mirada y golpeó la mesa con una mano al mismo tiempo.

―¡¿Quién demonios te da derecho de  decidir si debo salir de este lugar o no?! ―gritó levantándose amenazadoramente― ¡Muchos de aquí no han matado a la cantidad de gente que yo…!

― ¡¿Y ESO ME TIENE QUE IMPORTAR MIKAELA?! ― rugí a mi vez levantándome, ella se asombró por mi actitud. Sí, había perdido los estribos― ¡NO ME IMPORTA LO QUE OTROS HAGAN! ¡ME IMPORTAS TÚ, DEMONIOS!

―Señor, he de pedirle que se tranquilice…―susurró uno de los enfermeros tomándome por el hombro― O no tendrá permitido regresar aquí. ― sentenció.

Asentí con un suspiro. Miré a Mikaela, quien era sostenida por otro de los enfermeros con inesperada delicadeza.

― ¿Me dirás todo, Kay? ―susurré.

―No, Ian, por favor vete. ― su tono de voz era más tranquilo, desvió la mirada hacia el enfermero que la sujetaba y murmuró:― Necesito ir a mi habitación… 

Tomé una gran bocanada de aire.

―Así lo quisiste…―murmuré…

…y saqué la cámara de mi bolsillo.

Mikaela puso los ojos como platos e hizo amagos de abalanzarse sobre mi pero fue sujeta por las zarpas del gigantesco enfermero que estaba pegado a ella. Comenzó a retorcerse y a gritar cuando apreté el obturador, el enfermero luchaba con ella impasiblemente mientras ella rugía en sus brazos hecha una fiera.

― ¡SUELTAME! ¡DAME LA CÁMARA IAN! ¡DAME LA MALDITA CÁMARA AHORA! ¡DEMONIOS!

―Señor, no tiene permitido…― comenzó a murmurar el enfermero que estaba a mi lado, le deslicé un billete en el bolsillo y calló rápidamente.

― ¡Nos vemos, Kay! ―murmuré, dándome la  vuelta, escuché como poco a poco el enfermero calmaba a Mikaela colocándole la camisa de fuerza con agilidad― Por cierto…― me di media vuelta y alcé la cadena que hábilmente le había quitado al tomar su rostro momentos antes― Gracias por esto…

En cuanto vio la cadena, los ojos de Mikaela cambiaron de la ira al horror. Sus gritos dejaron de ser humanos, miles de enfermeros corrieron hacia ella mientras gritaba palabras inentendibles, mi nombre podía oírse entre los espantosos alaridos, pero no me di la vuelta. Continué caminando incluso cuando escuché la mesa estrellarse contra el suelo…


…Mikaela continuó gritando por unos veinte minutos más mientras luchaba por quitarse la camisa de fuerza y lanzaba improperios hacia el enfermero sobornado.

Al final, lograron sedar a Mikaela y llevarla a su habitación. En cuanto despertó, la habían liberado de la camisa, ahora vestía una bata blanca que dejaba al descubierto sus hombros magullados, los roces de su piel con la tela le causaban quemaduras leves. Para ella, eso era una molestia.

Pero no era molestia comparable a la que sentía hacia mí en esos momentos. Bajo  sus ojos ojerosos se asomaron un par de lágrimas cristalinas, se sentó en la cama y apoyó los  talones en las frías baldosas del suelo, cada una funcionaba como un gigantesco espejo.

―No le vas a hacer nada. ― aseveró hacia su reflejo.

―Lo quiero. ― replicó una voz retumbante en la habitación.

―No― rugió Mikaela― No quiero que le hagas nada.
Una risa recorrió cada baldosa y las hizo vibrar.

― Las dos sabemos que no es lo que tu quieras…ya uno de ellos está con él.

― ¡NO! ―rugió― ¡NO LO PERMITIRÉ!

―Es demasiado tarde, Querida. ―ronroneó la voz.

―No…―sollozó― No…no él, no… ¡NO! ― Mikaela se lanzó de rodillas al suelo y comenzó  a golpearlo con las manos insaciablemente― ¡NO! ¡A ÉL NO LO VAS A TOCAR! ¡NO LO TOCARÁS! ¡NO! ― su sangre comenzaba a esparcirse por el suelo…

…Mikaela fue propulsada hacia atrás, su cuerpo se estrelló contra la pared hasta caer en la cama. Las venas de su cuello se dilataron mientras se retorcía de dolor y rabia, repentinamente fue colocada boca arriba y la cama comenzó a inclinarse por un peso inexistente. Mikaela profirió un grito de dolor desgarrador inclinando su cabeza hacia atrás de  forma que su frente se colocó directamente con el colchón, una cachetada paró su grito de forma certera.

―Lo quiero―susurraron a su oído. El aliento del ser se extendía por su mejilla.

―No…por favor…―sollozó con los ojos bañados en lágrimas. Un sonido desagradable se escuchó al tiempo que lanzaba un aullido de dolor. Ahora tenía tres rasguños sangrantes en el cuello.

―Déjame hablar con él entonces…

―No…―suplicó sollozante, ahogada por el llanto― No…―la cosa haló sus cabellos y colocó su rostro de frente al techo.

―Déjame hablar con él o permitiré que se lo lleven…

Con la respiración entrecortada, Mikaela acabó por asentir.

― Él no…no tendrá que pasar por lo mismo…  ¿Cierto? ―susurró con la voz eclipsada por los sollozos.

La cosa suspiró.

―No, ya ha comenzado.
Mikaela inició su llanto una vez más.

― ¿Quién…?―preguntó.

―Eimos.




El sonido de mi corazón me agobiaba por completo cuando llegué a la habitación del hotel. Había sido drástico, incluso, algo cruel. Pero todo era para sacar a Mikaela de ese encarcelamiento injusto. Debía conectar todas las piezas por mí mismo, ahora tenía la llave del libro en mis manos, no había nada que pudiera detenerme…

Busqué el libro e introduje la delicada  llave que colgaba del collar de Mikaela, en cuanto el libro hueco se abrió, una cantidad de papeles inmensa y pequeñas memorias SD, pendrives, CD´s e incluso disckettes estaban dispersos en ese  pequeño libro. Tomé una de los papeles y lo abrí decidido. Mi nombre resaltó  de forma inesperada al principio de la página.

Ian,

Eres la única persona en el mundo a quien confiaría algo como esto. Sé que podrás entender un poco luego de la sugerencia que te di hace horas.

Lamento esto, pero te has convertido en mi última esperanza amigo mío, no sé qué daño te pueda causar esto. Pero me aseguraré de sufrir por ti todas las injurias que ellos te puedan causar.

Ellos son el problema Ian, sé que no me vas a creer lo que te voy a contar (aunque seré bastante breve) pero los archivos y las fotografías corroborarán lo que escribiré a continuación…

Desde mi primer año, Ian, recuerdo haber visto muchas luces a mi alrededor. Sé que parece imposible, pero ellos no paran de recordármelo, no sé por qué sucede esto, pero es así, desde que esas luces aparecieron  3 personas allegadas han muerto cada año de mi existencia. Sí, Ian, tres por cada año, y este   año,  Michael ha tomado el segundo lugar en la pronta lista de muertes. El primero ha sido el guardián del instituto, el señor Nichloson ¿Recuerdas? Él tomó las fotografías para los carnets de registro escolar…

…Y ese es exactamente el punto al que quiero llegar, al parecer, estos seres se muestran reacios a aparecer en las fotografías, se irritan constantemente y me atormentan. Por eso me muestro tan renuente a la hora de pararme frente a una cámara, antes, había logrado hacerlo normalmente, ya que no hacían nada cuando tenía personas alrededor, y las fotografías personales solía hacerlas con muñecas y animales de juguete en los bolsillos. Pero eso la ha molestado a ella en demasía.

Ella es la líder de todos. Ella es la que se encarga de hacer el trabajo sucio, al principio no supe lo que era,  antes ella era mi Amiga del Espejo, pero comenzó a mostrar su verdadero rostro con el paso de los años. Hacía movimientos extraños, me imitaba y se esforzaba por salir del marco constantemente…Quería apoderarse de mí, detesta a sus acompañantes y por eso quería desaparecer a los que eran importantes para mí, pero poco a poco se interesó  sólo en saciar su sed precaria con víctimas que ella misma escogía, el mecanismo siempre es el mismo: atormenta a sus víctimas una noche, luego ellas sucumben a una fiebre espantosa y causa su muerte dentro de una gran y espantosa desesperación. Cuando supe lo que hacía, me negué fervientemente, pero ella encontró la manera de controlar todo, de controlarlos a ellos y golpearme.

¿Qué es ella? Te preguntarás, pues, según lo que he investigado, ella es un Doppelganger. Una extensión de mi misma, un ser hecho con la misma estructura que yo, pero que representa todos esos deseos escondidos dentro de mi ser. Ella es entonces, la personificación de mi inconsciente encarcelado en un espejo.





― ¿Encarcelado? ―murmuré.

La carta no parecía estar finalizada. Tomé los demás papeles pero muchos estaban en blanco. Sólo encontré una fotografía que Mikaela se había tomado frente al espejo…o al menos eso creí sin verla detenidamente…

…en esa fotografía estaba una chica vestida de negro con la mirada perdida y en sus manos una pequeña cámara plateada. Esa chica, en definitiva, no podía tratarse de Mikaela, sus ojos eran tan oscuros como su cabello y sus ropas, pero lo más increíble eran los seres horrorosos que la rodeaban, un ser gigante en forma de pez alargaba su mano huesuda hacia su hombro, una mujer de espesos bucles parecía abrazarse a ella mientras un pequeño duende se sentaba descuidadamente en su brazo y otro ser de rostro redondo y facciones alargadas se sentaba en su hombro aferrándose a su mejilla. Sus curiosas piernas regordetas y peludas me recordaban a algo, pero no sabía a qué exactamente.


―No…―murmuré boquiabierto mientras negaba con la cabeza.

No me había dado cuenta de que temblaba hasta que la chica de la fotografía se movió y me miró sonriente. Solté la fotografía de inmediato. En cuanto la volví a ver, estaba tal cual como antes.

Me senté en el suelo nuevamente, frotándome los ojos con el pulgar y el índice. A mi parecer, estaba paranoico. Encendí el portátil para ver los archivos, podría tener la mente abierta, pero todo lo de la carta carecía de sentido.

Tomé una de las memorias al azar (aunque por un momento me había parecido ver que rodaba hacia mis dedos, pero le resté importancia al asunto). En cuanto abrí la primera carpeta me quedé paralizado, era un enorme conjunto de fotografías, en la primera se mostraba exactamente la misma que había encontrado justo antes. Pero luego, las fotos cambiaban de ángulo, captando directamente la imagen del rostro aterrado de Mikaela, pasé las fotos con mayor velocidad, Mikaela caía al suelo, sus manos aparecían en el borde del mesón, por segundos y luego salían disparadas hacia atrás. Cada fragmento me hacía sentir un escalofrío intenso, comencé a pasarlas mucho mas rápido, la cámara parecía moverse hacia adelante con cada fotografía, parecía avanzar lentamente hasta enfocar el borde de la mesa, Mikaela estaba en el suelo. Avancé mucho más rápido. Mikaela se movía con lentitud, estaba cubierta de rasguños y moretones, despacio comenzó a arrastrarse hasta la ducha, hizo que el agua callera sobre ella y sus ropas comenzaron a romperse, justo antes de que los trozos de tela se acabaran una sombra apareció sobre ella. Ya no podía sentir mi dedo con la rapidez a la que iba, mi respiración comenzaba a acelerarse y estaba sudando frío. El cuerpo de Mikaela se alzó en un arco imposible mientras la sombra cubría su cuerpo por completo y se insertaba bajo su piel. Su rostro comenzó a agitarse con fuerza, sus ojos parecían linternas luminosas que dejaban su estela en cada movimiento hasta que por fin se detuvieron mirando a la cámara directamente, no había pupilas solo un par de cuencas brillantes. No me detuve a pesar del terror que ahora me aprisionaba los pulmones. Continué observando ese rostro espantoso de ojos brillantes y mandíbula apretada durante unos diez cuadros más, su garganta estaba contraída y su respiración parecía bufar, ser dificultosa, las aletas de la nariz se dilataban espantosamente, eso continuó hasta que las fotos se tornaron oscuras.

Tragué saliva y continué pasando fotos por completo negras hasta que el rostro de Mikaela apareció otra vez, completamente  normal…exceptuando, claro, el color de sus ojos, antes azules, ahora completamente negros. Extraños.

No miraba directamente a la cámara, sino que se quedaba ahí durante cada cuadro, hasta que llegué al final donde parecía verme directamente. Me quedé pensando unos instantes y retrocedí. Ahora lo veía con claridad: Mikaela estaba diciendo algo.

Lo coloqué desde que comenzaba a hablar y me concentré en sus labios.

―Ya...es…suficiente…para…―entorné los ojos, era difícil leer con tantas interrupciones― con…esto…Ian…Ian…Ian…Ian…

La computadora se apagó de un sopetón y yo caí hacia atrás de forma desprevenida. Ahora estaba bastante asustado, mis sentidos se habían detenido tanto que no me percaté de inmediato de la ausencia de luz a mi alrededor hasta que escuché mi nombre por todos los rincones.

―Ian…Ian…Ian…Ian…

Rodé por el suelo con la respiración acelerada. Tenía que encender la luz, encontrar el interruptor pronto.

―Ian…Ian...Ian…Ian…

Corrí hacia la pared más cercana, mi propio sudor me hacía tiritar de frío. En cuanto rocé el interruptor con los dedos, algo me haló el pie y caí al suelo con un golpe estrepitoso que me aturdió unos segundos. Lo que sea que estaba conmigo comenzó a arrastrarme, la alfombra me quemó la barbilla, me había mordido el labio al caer y la sangre se arremolinaba en mi boca, la escupí mientras intentaba levantarme, pero la cosa me hizo girar e impacté contra el suelo nuevamente.

―Ian… ¡Ian…! ¡Ian…! ¡Ian…!

Los llamados se hacían chillidos y los chillidos se convirtieron en risas. Bufé de rabia, el vaho de mi respiración me sorprendió. En realidad, la habitación estaba congelándose poco a poco en tanto la risa comenzaba a volverse arrolladora. Sentí cómo  algo se paraba sobre mi pecho, como una especie de pezuñas, que comenzaron a moverse sobre él como si la criatura que me molestaba estuviese bailando sin parar.

La risa se elevó aún más.

Escuché como mi ropa se rasgaba, el frío ahora se colaba por mi piel desnuda. Sentí cómo una especie de líquido rodaba por mi pecho. El shock no me había dejado sentir dolor. Intenté levantarme y gritar pero estaba completamente aplastado por aquella fuerza extraña.

Agité mi cabeza con fuerza. El dolor comenzaba a hacerse presente.

― ¡Ian! ¡Ian!

~Lo lamento, Ian~

La voz de Mikaela me hizo entrar en razón, el miedo me congelaba, me hacía sudar frío, pero todo acabó en cuanto la voz de Mikaela se coló en mis pensamientos. Tenía que ayudarla.

Luché por levantarme con todas mis fuerzas, dejé de temblar y comencé a vociferar iracundo. Esto tenía que terminar.

― ¡DEJAME! ¡Déjame en paz!― grité con todas mis fuerzas.

Todo cesó.

Las lámparas, que antes se movían emitiendo sonidos campaneantes se detuvieron completamente. No me había dado cuenta de ello hasta que mi nombre dejó de escucharse por los rincones.

Me arrastré por el suelo intentando levantarme, cuando escuché unos pasos que venían a mi dirección, sentí como rebotaban en el suelo, frente a mí, hacia mis manos extendidas. Alcé el rostro, tratando de ver en la oscuridad...

… Desde  el techo se iluminaba un  rostro palidecido por la oscuridad: un niño. Un niño cuya seriedad me dejó mudo por unos instantes. Repentinamente, su cara se deformó en una sonrisa alargada y escalofriante...

Una especie de pezuña aplastó mi mano con fuerza. Y una risa chillona hizo eco en la estancia, escalofriando por completo cada vello de mi espalda.

Algo me arrastró hacia atrás una vez más. No me dejé tomar por demasiado tiempo, me sacudí cual serpiente y corrí como alma que lleva el diablo al armario. Con la respiración agitada me recosté de la pared, necesitaba pensar. Pero la cabeza me palpitaba y me dolía cada tramo del cuerpo, en el pecho tenía una herida grave, lo sabía, no dejaba de sangrar... y estaba comenzando a marearme.

Las luces se encendieron.

Entre las rendijas del closet distinguí un par de piernas peludas parecían...¿Piernas de cabra?

"Un fauno..."Pensé "Mikaela...Mikaela"

Los pensamientos se me revolvían, estaba exhausto y mareado, con dificultad recordé las palabras inconclusas de una de las historias de Mikaela «Cuida tu nombre, o ellos podrán controlarte».

Me reí. Aún en esos momentos seguía pensando en ella, cada vez sentía más sueño...cada vez...aquellas pezuñas se acercaban a mí...

~

Mikaela debía estar de pie junto a la ventana, con la luz de la luna iluminando sus facciones mientras mordía su dedo pulgar con impaciencia. Así la imaginé en ese instante.

―Ian...por favor...Ian― susurraba con los ojos apretados― Es tu favorita, Ian...Aguanta, tu puedes, es tu favorita...Ian...Ian...Ian...

~

...Ian...Ian...Ian...

Abrí los ojos, había comenzado de nuevo.

―Mikaela...―susurré adormilado.

Cuando un pensamiento me llevó a recapacitar rápidamente ¡Había visto esos ojos y esas pezuñas antes! ¡Eran los mismos de la fotografía! ¡él era el...! ¡El pequeño fauno! El…el… ¡sátiro!

...Sátiro...el sátiro..."El Sátiro Bondadoso"...

Me levanté de la impresión. Esa historia, ese pequeño cuento era de los primeros de Mikaela. La historia del sátiro filántropo que por su impertinencia había perdido su nombre y fue obligado a servir a un demonio...

Era mi historia favorita. Sonreí.

Golpeé la puerta.

―Detente, Eimos. ―exclamé con calma.

El pequeño niño apareció frente a mi confundido. Los ruidos cesaron, la luz volvió completamente a la normalidad. Todo se calmó.

Caí de rodillas.

―Gracias, Kay―susurré.

El ser se acercó a mi malhumorado y extendió su mano larguirucha y raquítica hacia mi pecho que poco a poco dejo de sangrar. El ser dio unos pasos hacia atrás y se inclinó ante mí antes de desaparecer. Suspiré, todo había terminado ya, no tenía por qué preocuparme…

…La computadora se encendió nuevamente. No dudé en tomar mi cámara y conectarla, la única foto en ella mostraba a Mikaela sorprendida. Sólo que a su alrededor, pululaban sombras humeantes que parecían moverse a pesar de la estaticidad de la imagen, poco a poco, una de ellas desapareció...

El sonido del despertador me cayó por sorpresa (casi me da un infarto). Apagué el portátil y me puse lo primero que encontré, tenía que ir con Mikaela.

...Pronto.

No hay comentarios: